
“Granada tiene dos ríos y a Darro dentro de casa”
Crónicas de Alfonso X el Sabio
(Toledo, 23 de noviembre de 1221 — Sevilla, 4 de abril de 1284)
Rey de Castilla y de León (1252-1284)
El rio Darro entrando en la ciudad y por el Puente Cabrera,
en la zona del llamado "El Albayzín bajo"
Cuentan que el rey nazarí Muley Hacén, cuando bajó de la Alhambra para ver los daños ocasionados por la riada, hizo una señal en el alminar de la Mezquita al-Geuza o Mezquita de los Baños (actual iglesia de San Pedro y San Pablo) a fin de que quedara constancia en la memoria de la ciudad del nivel alcanzado por las aguas ese día.
Ya en época cristiana, tras las tormentas de 1520, y para evitar nuevos daños a las personas y a los bienes de la ciudad,
Pero en la creencia de que el problema ya estaba resuelto, ocurrió que el 5 de Marzo de 1600 una fuerte y terrible tormenta, con una gran avenida de agua, sería una fecha dolorosa para la ciudad.
y el Puente de la Virgen, que hoy es la Acera del Darro
Estos desprendimientos de tierra cegaron el cauce del río y éste se desbordó e inundó la ciudad, causando cuantiosos daños y víctimas.
En 1629 se produjo otra gran crecida del río que inundó el centro de la ciudad, anegó de agua toda la Catedral y destruyó más de cincuenta viviendas.

Don Hernando de Zafra redactó el texto del tratado de rendición, que prometió a los moros la libertad de practicar su religión, pero que fue incumplido apenas años después.
Su blasón lleva un torreón militar almenado, que representa la torre de Comares de la Alhambra.

La leyenda dice:
“Cuentan los cronistas de Granada que el año 1560 fue de excepcional sequía y que su descendiente, don Cesar de Zafra, era un ser aprensivo y muy superticioso y que estaba enamorado de una vecina, de la etnia gitana, pero el padre del noble no compartía esta relación y, por un conflicto con el agua de la acequia que pasaba por su palacio, y que él desviaría para que no llegase para llenar las tinajas de sus vecinos, ocurrió que la gitana, se deslizó en su propiedad, cómplice de la noche, y llenó una cántara, con destino a sus sedientos hijos, pero un desafortunado traspié desveló al centinela, que la llevó ante el odioso conde.
Éste la obligó a estrellar la vasija de barro contra el suelo y dio orden de que le diesen tantos palos como pedazos se hiciera. Recibió en su cuerpo siete garrotazos y la expulsaron del palacio, con malos modos, pero antes de salir, cuando la empujaban por el patio camino de la calle, ella le lanzó esta maldición:
"Siete palos me dieron, conde de Zafra,
y maldigo y emplazo tu vida en siete días.
El próximo martes morirás,
las aguas van a sobrarte
y tus despojos navegarán sobre ellas"
"Quiera Dios que lo entierren las aguas del río"
El caso es que tan sólo unas horas después de la paliza, al amanecer dicen que se apoderó del noble una gran tiritona, con fiebre alta y tan agudos dolores que le supusieron una semana de espantosa agonía.
Falleció el 4 de Marzo de 1600, y en la Casa de Castril, situada en Granada frente a la iglesia de San Pedro y San Pablo, y siguiendo la tradición, su cadáver fue expuesto en una de las salas bajas del palacio para que los familiares dolientes y la vecindad fuesen a velar y rezar.
Murió al arrancar el amanecer del siguiente martes y en la ciudad cayó tan descomunal aguacero que inundó el palacio y todos sus aposentos, llevándose la riada el ataúd del conde de Zafra, ya dispuesto para el velatorio, que naufragó y que nunca fue encontrado su cadaver, y cuentan los que lo vieron que así sucedió, y es por ello que en Granada, cuando hay nubes negras, se dice, mirando al cielo, mientras cae un fuerte aguacero:
“Llueve más... que cuando enterraron a Zafra”
Don José Joaquín Soler de la Fuente tuvo acceso al expediente judicial y, recogiendo el dicho que ya circulaba entre las gentes de España, conocedora del suceso por una coplilla de ciego que recorría las ferias y fiestas, escribió la historia del suceso, que tuvo una gran repercusión en España por lo curioso de lo sucedido, y la titularía
y que fue editado en 1857, en “El Museo Universal”, en Madrid.
Don Francisco de Paula Villa-Real y Valdivia, en su libro “Tradiciones Granadinas”, editado en Granada en 1888, la resumió pero sin citar a Soler de la Fuente.
En 1920, “El Abate de la Cuerda Granadina” la incluiría y en el libro “El Por Qué de los Dichos”, de José María Iribarren - Madrid, 1962 - también queda recogida.
En Zafra, allá por Extremadura, existe una leyenda similar en la que el Conde de Zafra recibió una maldición por asuntos relacionados con el agua, y la frase que se conservó en la historia del pueblo de Zafra y en sus alrederores era algo mas descriptiva, pero la economía expresiva de estas expresiones la iría reduciendo. En su origen, la frase en el siglo XV era:
El río Genil, con el Puente Verde al fondo
y el partidor de agua de la acequia de Arabuleila,
entre choperas, cercano al "colegio de las Brujas"
Entre los años 1478 a 1951 se produjeron más de una veintena de crecidas y desbordamientos históricos en los ríos de Granada, lo que supone que la frecuencia de inundaciones en Granada está estimada entre 23 y 30 años.
El 20 de Septiembre de 2007 hubo fuertes lluvias en la provincia, que provocaron una serie de riadas con 1 muerto en Almuñecar y graves daños por agua en la Costa y en Granada capital, donde cayerón 61 litros por metro cuadrado.
La ciudad vio como siete zonas quedaron inundadas y el agua cortó la A-92 y la A-44. Fue la mayor tormenta de Septiembre en los últimos 30 años.
Bruno Alcaraz Masáts