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viernes, 13 de mayo de 2016

LA PLAZA DE BIBARRAMBLA
EN UNA DESCRIPCIÓN DE 1880
Plaza de Bibarrambla en 1834. Luis Muriel. 1834. Acuarela sobre papel.
Vista de la Plaza de Vivarrambla tomada en la planta de Muriel. En el ángulo inferior derecho, la siguiente inscripción se puede leer:
"Vista de la Plaza de Vivarrambla sacada en El Terreno Mismo por Muriel, 1834".
En este trabajo, la plaza Bib-Rambla de Granada en un día de mercado está representado, con la Catedral al fondo, con numerosos puestos y con todo un universo de personas que se mueven en torno al mercado de animación que llena la plaza, en tal de manera que el marco arquitectónico está oculto´.
Ya que la plaza de Bibarrambla, en estos días. Viene siendo el lema de todas las conversaciones, nos parece, no fuera del caso, un artículo sobre las antigüedades de la misma, y en especial del lamoso edificio de los Miradores, palacio de Abdilbaren tiempo de moros, desgraciadamente reducido a cenizas los primeros días del corriente año. Bibarrambla (y no Bib-Rambla) es nombre árabe que significa puerta Bib-Rambla.


Cuando el creciente desarrollo de la población y la riqueza que se fue acumulando. Al abrigo del castillo de Caruata, hizo extender los límites de la ciudad, circunscrita en un principio a la Alcazaba Antigua y colina de la Alhambra.

Desplegáronse nuevos y dilatados lienzos de muralla, abarcando un espacio de tierras, en el que, cómodamente y con desahogo, se pudieran establecer los numerosos habitantes para los que el recinto de la antigua ciudad era estrecho. 

Esta nueva y amplia cerca bajaba del viejo castillo de las Torres Bermejas, en dirección al alveo del rio Darro, flanqueandose con varias fortalezas de las que todavía queda una que conocemos con el nombre de Cuarto Real de Santo Domingo) y abriéndose en ella multitud de puertas que su llamaron respectivamente Bib Lacha ó del Refugio (hoy del Pescado) Bibataubín ó de los convertidos y, por no nacer mención de las demas, Bibarrambla ó del Arenal.
Llamábase esta así, porque siendo muy próxima al cauce del Darro, extendíase junto a ella una extensa rambla, formada con las arenas que dicho rio acumulaba en sus frecuentes avenidas. Bien pronto la estéril llanura se fue convirtiendo en barrio populoso y animado.
Las tortuosas callejitas morunas extendieron sobre ella su laberíntica red y en su seno misterioso abrieron los mercaderes de Oriente y Occidente bazares espléndidos, comenzando a ser el Zacatín y la Alcaicería, el emporio comercial de la España musulmana.

Arco de las Orejas, pintado en 1830 por David Roberts.
Junto a estas calles y formando contraste con su estrechez, extendió su área espaciosa la plaza de Bibarrambla que llegó a ser como el centro y corazón de la nueva vida que circulaba en las arterias de las calles vecinas. Eligiose también como punto de reunión y campo de las solemnidades, de los torneos y justas con que se celebraban entonces en nuestra ciudad los grandes acontecimientos, siguiendo la costumbre generalizada en todas parles durante la Edad Media.
Seria por demás vistoso el espectáculo que en aquellos tiempos nos ofrecería la histórica plaza, cuando por ella circulaba un numeroso gentío compuesto de habitantes de las más apartadas regiones del mundo, en los que se podrían admirar los trajes más vistosos y las fisonomías más variadas.
Marroquíes y tunecinos, siros y egipcios, bereberes ó persas todos en confuso tropel concurrían a aquellas tiendas en las que se guardaban las más ricas preciosidades, resplandeciendo entre ellas el hermoso matiz de las telas de seda fabricadas un la Damasco Occidental. Más grandioso espectáculo, ofrecería aun la histórica plaza, cuando, cerradas las tiendas y levantadas las graderías en lomo do su extensa área, son preparaba el pueblo a presenciar una de esas fiestas tan características de los tiempos medios.

El gentío afluyendo con la mayor animación de lodos los puntos du la ciudad; las azoteas y terrados pudiendo apenas contener la muchedumbre que se sentaba sobre ellos para disfrutar el espectáculo, formando sobro los edificios como una inmensa y movible corona de los más vistosos colores; las caprichosas celosías de los ajimeces abriéndose de cuando en cuando para dar paso a un blanco pañuelo agitado con misteriosa cautela; todo ello debía formar un conjunto que en vano nos esforzamos en querer reconstruir con nuestra imaginación, ahora que, ya hace muchos siglos, no se celebran justas ni torneos. Aquellos tiempos pasaron en breve y con ellos el esplendor do la monarquía nazarita, que solo tuvo la corta duración do una nube de verano, disipándose presto, para dejar que luciera esplendorosa en el horizonte granadino la cruz del Redentor.
Entonces, a medida que los últimos ecos de la civilización musulmana granadina se fueron extinguiendo, Bibarrambla fue desnudándose poco a poco de sus pompas orientales.


Una orden dada en tiempo de los Señores Reyes Católicos dispuso se quitaran los ajimeces morunos y celosías, que desaparecieron, quedando en su lugar esas ventanas anchas y bajas, de un orden de arquitectura todavía no clasificado, que podemos aun observar en alguna de las casas que, de aquella época. se mantienen en la plaza du que hablamos.
Un edificio sin embargo conservó más tiempo alguna de su antigua ornamentación. Era el famoso alcázar que se había llamado por los moros casa de Abdilbar (siervo del Justo).
En ella se establecieron los caballeros del municipio granadino y celebraron sus sesiones por algún tiempo; durante el cual conservó el mencionado palacio sus moriscas galas. Una catástrofe, de la cual apenas nos ha llegado leve noticia por personas ancianas y conocedoras de nuestra historia; otro incendio, no tan horrible como el que hace pocos días tuvo lugar, destruyó gran parte de las mismas en el Reinado de Felipe II, en cuya época se dispuso la completa renovación del edificio.
Entonces se levantó, quizá bajo los diseños de Herrera, la fachada que ha existido hasta ahora, en la que nuevas y elegantes galerías jónicas y corintias vinieron a sustituir a los antiguos calados ajimeces y aéreas columnas del orden árabe. Esta reforma se continuó en todos los edificios de la plaza hasta el punto de que, a la vuelta de algunos años, su aspecto se hallaba completamente mudado.
He aquí la descripción que de la misma nos hace el Licenciado Pedraza en su famosa Historia Eclesiástica de nuestra ciudad:
«Tiene usía ciudad cuatro plazas, la «principal, la que sirve de teatro á las «fiestas, y por ella fué celebrada de los poetas, es la plaza de Bibarrambla, que significa del Arenal; es en forma de «bufete, más larga que ancha, midióla Lucio Marineo Sículo, y dice que tiene seiscientos pies de largo, ciento ochenta de ancho; tiene a un tercio de ella una fuente redonda de dos pilas de piedra parda, con cuatro caños de agua; y por corona un León Coronado, con un escudo de las armas de Granada. Aquí tiene la ciudad su mirador para las fiestas, y otro de balcones la iglesia para su cabildo.»


Poco mas ó menos nos la pintan el Padre Echeverría y los autores de la famosa obra Civitates Orbis Terrarum.
Hace algunos años Blbarrambla ofrecía el espectáculo mas original. Era, podemos decir, el conjunto de todos los gustos arquitectónicos y de los contrastes más raros y chocantes. Allí se veía a un lado el Rincon de Ubago, lugar destinado por la Curia para la venta de muebles cmbargados; y por la gente de pocas ocupaciones para disfrutar de los templados rayos de nuestro sol en los días de invierno.
Frente a los Míradores, y a su izquierda, poníanse los tristes palos de la horca, cuyas ejecuciones se verificaron en dicho sitio hasta principios de esto siglo. Mas allá y debajo de la imagen de la Virgen, la famosa acera llamada de los Valientes, donde, por privilegio Real, se albergaban bajo de unas compuertas de madera y al descubierto algunos zapateros que remendaban calzado casi tan viejo como su origen. En otra parte, y ocupando uno de los testeros de la plaza, unos portales ó gradería cubierta, decorada con gruesas pilastras de piedra parda, en cuyo sitio eran puestos a la vergüenza los comerciantes que quebraban, de pie sobre un celemín. En medio y disfrutando de la intemperie, multitud de puestos o casillas de vituallas.
En tan gran desconcierto y para completar variedad tan complexa, levantábanse dos monumentos, simbolizando las dos grandes dominaciones y los dos estilos artísticos que durante el trascurso de los últimos siglos habían prevalecido en Granada.
Era el uno el de los Miradores, preciosa joya del arte greco-romano renaciente ó en otros términos del arte cristiano y europeo. El otro monumento simbolizaba el arte mahometano y el gusto asiático. Era este la puerta de Bibarrambla.
Tres nombres había recibido ésta desde que fue arrojado de Granada el pueblo que la construyó. Llamóse primero puerta de los Cuchillos, por haber sido destinada por la justicia para colocar en ella los que eran sustraídos a las personas que los usaban. Posteriormente se le bautizó de nuevo con el nombre de arco de las Orejas, con cuya denominación es hoy generalmente conocida, dándose como explicación de este nombre una historia que no sabemos hasta qué punto será verdadera. También ha sido conocida con el nombre de los Pesos porque en ella se colocaban los pesos y pesas faltas.
La plaza de Bibarrambla en los últimos años, ha experimentado una radical trasformación. En el de 1837 se dispuso la construcción de la acera de casas del N, se quitaron las casillas de abacería y hortaliza y se levantó el terraplén que hoy ocupa su anchuroso centro con los escombros del derribo del convento de las Capuchinas.
Sucesivamente el Rincón de Ubago, la acera de los Valientes y las originales fachadas de indefinible arquitectura fueron desapareciendo, aunque se han venido conservando algunas casas, sin duda para que sirvan de muestra del aspecto original que, en otro tiempo, ofrecían los cuatro lados de la plaza.
Quedaban también como recuerdo el famoso edificio de los Miradores y la histórica puerta de Bibarrambla.
Quedaban sí, pero en el día solo existen ya en la historia. Pasamos por alto el doloroso acontecimiento conocido ya en toda España aun en sus más pequeños detalles. Pasamos por alto esos días de angustia y aflicción en que el pueblo de Granada miraba lleno de congoja tornarse en cenizas y humeantes escombros los que antes eran hermosos edificios. Sin embargo, nos permitimos indicar una de las impresiones que produjo en nuestra alma ese siniestro acontecimiento y con ella vamos a terminar estos apuntes.

Plaza de Bib Rambla en el tiempo de los puestos de flores.
El interior de los Miradores había sido ya reducido a escombros. Su fachada sin embargo, se sostenía en pie. Aun sus arcos corintios marchitaban su preciosa curva y sus esbeltas columnas mantenían las armas de la ciudad, coronación y remate del edificio. La fachada antes tan bella se había tornado en pocas horas horrible cual pavoroso espectro. Sus arcos, antes tan graciosos, se abrían ennegrecidos por el humo, como la boca de un horrible abismo, mostrando en su interior un mar de fuego. Sus clásicas ventanas dejaban ver ahora un montón de ruinas. Pocos momentos después el cuadro se hizo todavía más pavoroso.
Sintióse un terrible estruendo, al propio tiempo que una nube de humo envolvía toda la plaza. Cuando esta se disipó ya no quedaba nada absolutamente del histórico edificio. Capiteles, cornisas, frisos, preciosos arcos, todo había quedado reducido a un montón de ruinas.... Ante este horrible espectáculo no tuvimos otro recurso que inclinar los ojos al suelo y murmurar tristemente las siguientes palabras.
¡Bibarrambla de hoy en adelante tú solo existirás en la historia! 

RECUERDOS POÉTICOS DE GRANADA
FIESTA ANTIGUA DE TOROS EN BIBARRAMBLA
Romance Morisco
Estando toda la corte
De Abdali Rey de Granada
Haciendo una rica fiesta.
Habiendo hecho la zambra
Por respeto de unas bodas
De gran nombradla y fama,
Por las cuales corren toros
En la plaza Bibarrambla;
Estando corriendo un toro.
Que su braveza espantaba,
Se presentó un «caballero
Sobre un caballo en la plaza,
Con una marlota verde,
De damasco bandeada,
Y el capellar de lo mismo
Muestra color de esperanza.
Plumas verde.«, y el bonete
Parece de una esmeralda;
Seis criados van con él.
Que le sirven y acompañan,
Vestidos también de verde
Porque su señor lo manda,
Como aquel que en sus amores
Esperanza lleva larga.
Un rejón fuerte y agudo
Cada criado llevaba;
De color negro eran todos,
Y bandeados de plata.
Conocen al caballero
Por su presencia bizarra,
Que era el muy noble Gazul
Caballero de gran fama.
El cual con gentil donaire
Se puso en medio la plaza
Con un rejón en la mano
Que el gran Marte semejaba.
Y con animo invencible
El fuerte toro aguardaba.
El toro cuando le vio
Al ciclo tierra arrojaba
Con las manos y los pies.
Cosa que gran temor daba;
Y después con gran furor
Llacía el caballo arrancaba.
Por herirle con sus cuernos
Que como alesnas llevaba;
Mas el valiente Gazul.
Su caballo bien guardaba.
Porque con el rejón duro
Con presteza no pensada
Al bravo loro acomete
Por entre espalda y espalda.
El toro muy mal herido
Con sangre la tierra baña.
Quedando en ella tendido
Su braveza aniquilada.
La corte toda se asombra
Al mirar aquella hazaña.
Y dicen que el caballero
Es de fuerza aventajada;
El cual corridos los toros
El coso desembaraza
Haciendo mesura al rey.
Y a Líndaraja su dama;
Hizo lo mismo a la Reina
Y a las demás que allí estaban.
Bruno Alcaraz Masáts.

martes, 3 de mayo de 2016


Un minarete en la sierra de Huelva
Almonaster la Real conserva la
mezquita más vieja de España.



El primer testimonio escrito sobre Almonaster la Real es de 822, aunque no se cita la existencia de la mezquita:
«... el iqlin de al-Munastyr y los demás de la kúra de Sevilla, recaudaron más de 35.000 dinares de la gibáya.
Abu Abdullah al-Bakri (Leví Provençal, 1938.
La mezquita de Almonaster la Real es un ejemplo, muy bien conservado, de como debieron ser las mezquitas en el ámbito rural de al-Andalus, de las que apenas quedan testimonios. Su construcción se data en torno al año 900, sobre una anterior basílica visigoda. Fue declarada Monumento Nacional en 1931.
Plano de la mezquita de Almonaster la Real, trazado en 1969.
Su planta es cuadrangular, algo irregular, y está dividida en cinco naves separadas por arcos de herradura apoyados en columnas y capiteles de diferentes épocas, tanto procedentes de construcciones romanas como visigodas anteriores.
La construcción está basada en mampostería y ladrillo, con algunos sillares. Tras la reconquista cristiana se añadió el ábside y se modificó la orientación del edificio de acuerdo al cánon cristiano este-oeste, siendo consagrada como capilla de Nuestra Señora de la Concepción.
En siglos posteriores sufrió diferentes modificaciones como la conversión del alminar en campanario, adición del chapitel o la reconversión del patio de abluciones en plaza de toros. En la actualidad ha pasado a ser un centro cultural que sirve como núcleo de la celebración de las Jornadas de Cultura Islámica.
El nombre de esta villa serrana evoca la ocupación árabe; tiempos de lunas musulmanas sobre cruces cristianas, que han dejado en ella los vestigios históricos y el recuerdo de su pretérito esplendor.

Mezquita de Almonaster, emplazada en lo alto del cerro que corona
el Castillo de la localidad onubense.
La sierra de Aracena pone el marco al pueblo blanco de Almonaster la Real, donde el sol consigue desprender destellos del encalado de sus casas y de las enrojecidas tejas con que se rematan. Sigue los cánones estéticos de esos núcleos urbanos tan predicados en los panfletos turísticos que se distribuyen en las oficinas de turismo, agarrado a la ladera de una loma coronada por los restos testimoniales de la historia de la ciudad.

En el otero estratégico mejor situado de los alrededores se levantó, en el siglo V, un templo visigótico que después modificó estructura y culto para convertirse en mezquita rural, de la que se conservan su sala principal y la torre minarete. Abrazada por una fortaleza, muchos estudiosos la consideran el templo musulmán más añejo que se conserva en la península Ibérica.
Aunque el origen verdadero de la población se remonta a la época romana, hecho avalado por los capiteles, fustes y un ara funeraria encontrados en las cercanías del castillo, fueron los árabes los que bautizaron como Al-munia, que significa la fortaleza, a la primera versión urbana de lo que hoy es Almonaster.
Alminar antaño y ahora campanario.
Como la mayoría de las mezquitas peninsulares, ésta también fue transformada en iglesia tras la Reconquista y su alminar en campanario, pero la restauración realizada hace unos años le ha devuelto su función primigenia.
Corre la Edad Media y los siglos transcurren bajo los reinados taifas, mientras las huestes cristianas recuperan poco a poco las tierras perdidas por debajo del Duero, hasta que en la primera mitad del siglo XIII toda la comarca occidental de Sierra Morena es reconquistada por las órdenes militares portuguesas.
Es tiempo de mixturas de culturas y civilizaciones; un periodo rico que se aprecia todavía en las distintas muestras de estilo mudéjar que permanecen en pie.
Hoy día el pueblo se ve cambiado y también su entorno más cercano. La vieja vegetación mediterránea de encinas, alcornoques, jaras, brezos y madroños se ha visto desplazada en muchas laderas por ingentes repoblaciones de eucaliptos y pinos en busca de rentabilidad maderera.
Pero, a pesar de estos cambios, queda asegurado el poder de seducción de estas tierras que en gran parte se resguardan bajo el toldo protector del parque natural de la Sierra de Aracena y Picos de Aroche.
Pórtico de época cristiana que asemeja a una construcción románica.
Ruta del buitre negro
A un paso de Almonaster la Real, sin salir siquiera de su término municipal, se halla un cordel montañoso que cobija algunos de los rincones más solitarios y agrestes de la provincia de Huelva, sierra Pelada.
Los gastados lomos que componen estos montes, junto a las riberas del arroyo del Aserrador, que nace en sus laderas, se encuentran declarados paraje natural desde el año 1989, además de zona de especial protección para las aves (ZEPA).
En las casi 13.000 hectáreas protegidas en este enclave vive la mayor colonia de buitres negros de Andalucía y una de las más nutridas de la Península.
Patio de las abluciones o san.
Para recorrer estas tierras onubenses vigiladas por los grandes necrófagos se puede realizar una interesante excursión a pie o en bicicleta por la pista forestal que une las aldeas de Gil Márquez y El Mustio a través del pico Pelada.

Partiendo de Almonaster sale una estrecha carretera, que se cuela rumbo suroeste paralela al curso del arroyo del mismo nombre hasta el pequeño villorrio de Gil Márquez.
Este escueto núcleo rural guarda, como pocos, las antiguas hechuras de los pueblitos serranos de Huelva, arropado por un entorno que aún conserva la pureza natural de los montes andaluces. Desde la estación ferroviaria de Gil Márquez, tras saltar las vías hacia el lado contrario, parte el camino que se interna en sierra Pelada.
Columnas del interior de la mezquita-iglesia.
Las nefastas repoblaciones de eucaliptos flanquean la ruta en los primeros tramos, pero pronto dejan paso sobre las laderas más abruptas y pedregosas a la verdadera vegetación autóctona de jaguarzos, jaras, madroños, encinas y alcornoques. La senda asciende oculta entre la abundancia de matorral hasta coronar la cuerda de la sierra en la divisoria de sus dos vertientes.
A esta altura la fronda arbórea ha desaparecido y el monte reconoce su propio nombre de sierra Pelada, cubierto tan sólo por los matojos típicos del clima mediterráneo.
Traspuestas las dos cumbres de la Serrata, Pelada y Mojonalto, bajo el planeo de los buitres negros, el sendero desciende despacio hasta topar con el poblado forestal de El Mustio.
Desde aquí, los más intrépidos pueden continuar la senda que recorre la ribera del arroyo Aserrador, hasta la frontera portuguesa, por un tupido barranco cubierto de álamos, sauces, alisos y adelfas.

Fotografías de Manuel Sánchez
Bruno Alcaraz Masáts © Pedro Retamar 2003

lunes, 4 de abril de 2016

EL MARISTÁN DE GRANADA 
Y SU MADRASA: 
BIMARISTÁN O MARISTÁN.

Hospital-Escuela de Medicina: 
Pequeña historia de la medicina en al-Ándalus.

Fotografía antigua de la puerta principal del Maristán del Albayzín (Granada)
donde se observa la lápida fundacional antes de su traslado a la Alhambra.
El Profeta Mahoma, afirmaba:

«La tinta del estudiante es más sagrada que la sangre del mártir».

La palabra bimaristán proviene de la lengua persa y significa “hospital”.

Está formada por el vocablo vīmār o vemār, que significa "enfermo", y el sufijo stan, que indica "lugar".

De este modo, bimaristán vendría a significar literalmente “lugar de los enfermos”.

La palabra Bimaristán o Maristán en el mundo islámico se empleó para referirse a los establecimientos donde los enfermos eran acogidos, cuidados y tratados por personal cualificado, por lo que podemos considerarlos los primeros hospitales en el sentido moderno de la palabra, al igual que los primeros hospitales públicos, psiquiátricos y facultades de medicina de la historia.

Fotografía del Maristán desde la Alhambra, donde se observan 3 construcciones nazaríes:
a la izquierda está, la entradas y las bóvedas del Bañuelo, antiguo hammán,
a la derecha, dentro de convento de las monjas de Zafra, la casa morisca,
en el centro, los restos del Maristán tras la techumbre de protección.
En ellos había doctores especializados en ciertas enfermedades y separaban ya, a los enfermos por sexo y patología.

Una de las especialidades que ya encontramos en estos primeros hospitales es la enfermedad mental.

Los Hospitales en Oriente


La primera referencia que tenemos de un bimaristán data de la época preislámica (s.III d.C.).


Fundado por el monarca Shapur I en Yundishapur (jardín hermoso), situado en el actual Irán, sobrevivió a los ejércitos árabomusulmanes en el 638 d.C. y evolucionó hasta convertirse en un hospital público.

Disponía de facultad de medicina y, ya en aquella época, atención psiquiátrica.

Éste y la escuela de Alejandría constituyeron dos modelos a imitar para los árabes en los inicios de su incorporación al quehacer científico de la humanidad. A pesar del avance en tratamientos para pacientes mentales, no es hasta el siglo XIV que no tenemos constancia de hospitales mentales en Europa, construidos en la época romana o cristiana

Hospitales en España musulmana.

El primer Maristán de Europa fue edificado en Granada en 1365 d.C.

En la península, no tenemos referencia de la construcción de un hospital parecido a los de Oriente hasta el siglo XIV d. C..

Éste fue el Maristán de Granada, posteriormente reconvertido en la Casa de la Moneda.

Placa fundacional del Maristán de Granada.
Aunque algunos estudios nos pueden hacer sospechar de la presencia de algún maristán previo, en el siglo XII en la zona levantina y algunos más tardíos por Valencia y Zaragoza, no hay datos fehacientes para poder asegurarlo.

Del hospital granadino se conserva la lápida fundacional, en la que se puede leer tres datos de valor: la fecha de su inauguración, la de finalización y el nombre de su fundador Muhámad V .

Su ubicación seguramente no fue por casualidad, se construyó cerca de la acequia de Axares o acequia de la Alegria, en el barrio llamado Rabad Al Raha, cerca del río Darro.

Su asistencia estaba destinada a los musulmanes pobres, pero podía ingresar cualquier persona enferma.

Posteriormente se especializó para enfermos mentales, aunque las escasas descripciones sobre los profesionales de medicina que trabajaron ahí no ayudan mucho para asegurar que sólo se trataba de un hospital psiquiátrico.

Sí que se sabe, por el contrario, que en el momento de la toma de Granada por parte de los Reyes Católicos, el hospital estaba ocupado por locos y dementes, y fue conocido como “Casa de Locos”.

La lápida fundacional está ahora expuesta en el Museo de la Alhambra.
El Maristán fue un hospital de pobres construido con la exquisitez y delicadeza propia de la arquitectura nazarí.

Lo mandó levantar el sultán nazarita Muhammad V, en el siglo XIV.

Tenía una hermosa alberca custodiada por los dos magníficos leones enfrentados de mármol gris que luego pasaron a adornar los jardines del Partal, donde los trasladó Leopoldo Torres Balbás hacia 1935 y ahora se encuentran en el Museo de la Alhambra.

Tras la toma de la ciudad por los Reyes Católicos, en el siglo XV, se convirtió en Casa de la Moneda y, más tarde, pasó a ser propiedad de los frailes mercedarios descalzos del Convento de Belén.
En el siglo XVIII, el edificio se transformó en almacén de vinos y después se destinó a presidio.

El Ayuntamiento de Granada autorizó su demolición en 1843, dado su estado de deterioro. Afortunadamente, la demolición no se llevó a cabo del todo, lo que permitió su reconstrucción para utilizarlo como casa de vecinos hasta 1984.

Después de tantos años de abandono y desidia, sólo la alberca se conserva en perfecto estado.
El resto son ruinas que todavía permiten apreciar su estructura original y dar testimonio de la grandiosidad de uno de los dos únicos edificios de este tipo que se conservan de la antigua al-Ándalus (el otro es el Hospital de los Moriscos de Granada).

Del Maristán de Granada ahora sólo queda un solar que únicamente
ha tenido proyectos sin presupuesto e intervenciones arqueológicas.
El Consejo de Gobierno de la Junta de Andalucía acordó declarar Bien de Interés Cultural (BIC) con la categoría de Monumento, el Maristán nazarí de Granada.

La declaración como Bien de Interés Cultural aprobada estableció una zona de protección en torno al monumento que abarca inmuebles, parcelas y espacios públicos y privados de las calles Bañuelo, Carrera del Darro, Concepción de Zafra y Portería de la Concepción

Fundado por Muhammad V en 1367, es obra singular por ser el único hospital de al- Andalus del que se tiene suficiente información, gracias a los dibujos del siglo XIX y las modernas excavaciones arqueológicas. Su distribución y estructura, similar a la del coetáneo Corral del Carbón.

La España de la Edad Media podía enorgullecerse de su superioridad cultural, técnica, científica y hasta religiosa con respecto a la Europa de entonces.

Simulación de cómo sería el Maristán de Granada.
Juan Vernet Ginés, historiador, y filosofo, en sus estudios de la ciencia y cultura medieval, aprecia una «gran superioridad de la cultura de la Marca Hispánica sobre el resto de Europa».

A instigación del profeta Mahoma, quien dijo:

«Buscad el conocimiento desde la cuna hasta la tumba»

Restos arqueológicos de una intervención en el solar del Maristán de Granada
y el Islam introdujo al mundo el concepto de la universidad.

La primera en la historia del mundo fue la renombrada «Casa de Sabiduría» en Bagdad.

En Occidente, la primera fue la de Córdoba.

La España islámica llegó a tener un total de 17 colegios y 70 universidades o madrasas, que no las madrazas coránicas que, además de servir a la población musulmana, atrajeron y acogieron con ejemplar tolerancia a una gran afluencia de estudiantes europeos, uno de los cuales fue el mismo Papa Silvestre II, que dejó testimonio de su paso por España, con el nombre de monje Gerberto de Aurillac (945-1003 d.C).

El Maristán de Granada.

Ubicación del solar del Maristán de Granada frente a la Alhambra de Granada.
Ocupaba una parcela rectangular de 1.015 m2, con crujías y pórticos en los cuatro lados, organizados con dos plantas de altura. El centro del patio estaba ocupado por una gran alberca.

El índice de arabización en aquel entonces era muy fuerte en España, y se contaba con una fuerte comunidad cristiana araboparlante.

Aunque a Córdoba iban jóvenes de los reinos del norte de España, la mayoría de foráneos venían de más allá de los Pirineos.

En esta ciudad y en otras muchas había verdaderos centros de enseñanza o madrasas.

En la escuela o madrasa del Maristán, los maestros daban a sus alumnos conferencias y sesiones clínicas a la vez que se les proporcionaba una enseñanza práctica, incluyendo la cirugía en el plan de estudios, calificaciones a través de la redacción de una tesis y la obtención de un diploma que permitía ejercer la medicina, tras haber pronunciado el juramento de Hipócrates.

Criterios análogos se adoptaron en la Escuela de Córdoba, contemporánea de la salernitana, que inició sus actividades hacia el año 912.

Es interesante resaltar que las túnicas universitarias, así como las togas y tocas usadas en las graduaciones, son vestigios de costumbres nacidas en los colegios y las universidades islámicas.
Los médicos granadinos gozaron de gran renombre dentro y fuera de sus fronteras.

Entre ellos se encuentra Muhammad ben Ahmad al-Riquti al-Mursi, políglota que al, ser ocupada Murcia por Alfonso X "El Sabio" (1266 d.C) le construyó una madrasa para que enseñara a la vez a musulmanes, cristianos y judíos.

Los estudiantes de medicina pusieron un celo especial en aprender y aplicar bien la Urjüza fí-l-tibb de Avicena.

A esta misma época se debe la fundación del hospital de Granada por Muhammad V (1356 d.C) y la madrasa Yusufiyya (1349 d.C) por Yusuf I.

Aún así, la afirmación de J. Millas Vallicrosa, no pretende restar importancia a la labor traductora por la cual Alfonso X se mereció el sobrenombre de Sabio:


«Se encariñó con la cultura del pueblo vencido, intentó atraerse a los sabios musulmanes y judíos; se interesó por sus disquisiciones filosóficas; fomentó el estudio de su lengua fundando 
colegios y enseñanzas, y trasladó a lengua romance, obras históricas, 
de ciencias matemáticas y hasta libros de juego».
De las madrasas salieron grandes médicos prestigiosos, que han empleado sus conocimientos en los maristanes como maestros del arte de la curación.

El cirujano más grande y famoso de la medicina islámica en la Europa medieval fue el médico andalusí Al Zahrawi, conocido como Albucasis (930-1013 d.C), fue el primero en describir la hidrocefalia; y otras enfermedades congénitas.

También fue el primero en la historia, en utilizar el algodón (una palabra de origen árabe) en las preparaciones quirúrgicas, y en el control de la hemorragia y el relleno al entablillar las fracturas.



Gracias al empleo por vez primera de las suturas «Catgut» de tripa de los animales, que ha permitido surgir nuevas técnicas quirúrgicas.

Describió la formación de cálculos en la vejiga así como el parásito de la filaria.

Su gran trabajo, el Tasrif, de 30 volúmenes y traducido al latín, se convirtió en un importante texto de referencia para las universidades europeas de la Edad Media.

Por otra parte, la primera descripción médica de la viruela y del sarampión y su diferencia clínica de la que poco se ha añadido desde entonces; se debe a Al Razi (Rhazes, 864-930 d.C.), nacido en Rei (antigua Ragha, Persia) y cuya fama se constituyó como jefe del hospital de Bagdad.

También fue el primero en utilizar al alcohol como antiséptico.

Operación de cataratas en la época musulmana.
La primera escuela o madrasa de óptica fue iniciada a manos del médico relevante y «padre de la óptica», Ibn al Haytham, el Alhazen para los latinos (965-1037 A.D.), nacido en Basora (Irak).

Su obra más importante fue «El tesoro óptico» (al-Manadhir), traducido al latín, del cual Leonardo da Vinci y Johannes Kepler dibujaron sus teorías sobre los fenómenos de la reflexión y de refracción de sus propias escrituras.

Alhazen introdujo una teoría innovadora al descubrir que los rayos luminosos, emanan en líneas rectas en todas las direcciones de cada punto en una superficie luminosa.

En su estudio demostró que la luz que cae en la retina se asemeja a la que cae sobre una superficie dentro de un cuarto oscuro a través de una abertura pequeña.

Demostró así de forma concluyente que la visión se produce cuando unos rayos de luz pasan del objeto hacia el ojo y no del ojo hacia los objetos como pensaban los griegos. Alhazen fue el primero en descubrir por completo detalles de diversas partes del ojo y dar una explicación científica del proceso de la visión y la visión binocular.

Hizo experimentos con segmentos esféricos o curvos y la aberración, aproximándose al descubrimiento del fenómeno del poder refractivo tres siglos más tarde explicado.

También observó que el cociente entre el ángulo de la incidencia y la refracción no es constante e investigó la energía que magnificaba una lente.

Así, Alhazen se anticipó a la ciencia moderna occidental, nacida según el filósofo, matemático y sociólogo británico Bertrand Russell (1872-1970), de la unión entre la especulación griega y el empirismo islámico.

El estudio del ojo humano, según Alhazen.
Por eso, Alhazen es considerado como el padre de la óptica moderna.

En el Maristán se empleaban los descubrimientos de las técnicas innovadoras de la época como el tratamiento quirúrgico de la catarata que era muy común, fue desarrollada por Ibn Ammar, quien introdujo una aguja metálica hueca o cánula a través de la esclera extrayendo el cristalino por aspiración, una técnica que fue descubierta en el siglo XIX en Europa.

El instrumento óptico de dos cristales montados en armadura que se sujeta a las orejas, conocido como gafas, debe su nombre a un inventor del siglo XII, el oculista andalusí Muhammad al Gafiqí, nacido cerca de Córdoba. Al Gafiqí fue el autor del Kitab al-murshid fi-l-kuhl («Guía del oculista») del que se conserva un manuscrito único en la biblioteca de El Escorial.

El máximo sabio de Al-Ándalus, médico y filósofo cordobés, Ibn Rushd (Averroes 1126-1198 d.C.), se distancia de Aristóteles, al subrayar la función sensorial de los nervios, y reconocer en el cerebro la localización de algunas facultades intelectivas (imaginación, memoria...); fue el primero en explicar la función de la retina y en reconocer que un ataque de viruela confiere una inmunidad subsiguiente
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Su enciclopedia médica «Libro sobre las generalidades de la Medicina» (Kitab al-kulliyat fi al-tibb), de siete volúmenes fueron manejados como libro de texto en las universidades cristianas como Oxford, París, Lovaina, Montpellier y Roma (1,2,5).

El príncipe de los médicos, Ibn Sina (Avicena 980-1037 d.C) nació en Bujara, su enciclopedia, obra maestra que ha reunido el legado de los conocimientos de la medicina griega y las aportaciones de médicos musulmanes en «Canon de Medicina» (al-Qanun fi-l-Tibb), fue traducida al latín por Gerardo de Carmona y considerada indispensable en las universidades europeas hasta el siglo XVII.

La universidad de Alcalá de Henares, fundada en 1293 d.C, programaba aún en el siglo XVII, los estudios de medicina, que durarían 4 años teóricos y 2 años prácticos; y todo el programa teórico, consistía en la lectura y explicación por parte del catedrático de medicina, durante los dos primeros años teóricos del Canon de Avicena, y durante los 2 últimos años teóricos, de los textos de Hipócrates y de Galeno.

Ejemplar antiguo, de 1608, del Canon de Avicena.
Avicena describió los síntomas de la tuberculosis y la meningitis con tal claridad y brevedad que hay muy poco que se puede añadir aún después de 1.000 años.

Además fue el primero en describir el número exacto de los seis músculos extrínsecos del globo ocular.

Numerosos médicos judíos aportaron conocimientos y experiencias desde los maristánes y las escuelas de la medicina medieval, lugares bajo dominio y tolerancia del Imperio Musulmán.
Uno de ellos fue Abu Yaqub al Israilí (855-955 d.C), célebre oculista y filósofo judío nacido en Egipto que ejerció en el maristán de Qairauán (Túnez).

Su discípulo, Abu Ya´far Ibn al-Yazzar (931-1009 d.C) fue el autor de una obra médica monumental: «Zad al musafir», que fue traducida al latín con el nombre de "'Viaticum peregrinantis"' por el monje viajero Constantino el Africano (1015-1087 d.C) de la abadía de Montecassino.

Este vademécum de la medicina medieval consiste en siete libros y abarca las descripciones de conocimientos de la época, de las enfermedades y sus tratamientos.

Anatomía del cuerpo humano en un libro de medicina cristiana en época medieval.
Fue el principal libro de referencia en la Europa cristiana medieval y fue utilizado en las escuelas de medicina de Salerno y Montpellier, y en las universidades de Bolonia, Paris y Oxford.

Maimónides fue otro prominente médico y filósofo (1135-1204 d.C), nacido en Córdoba, marchó a la corte de Saladino huyendo de la persecución religiosa y dejó como legado, varios escritos y tratados, sobre higiene, asma, hemorroides, venenos y antídotos.

Ibn al-Jatib (1333-1375 d.C), nacido en Loja-Granada, historiador, filósofo y médico, su «Libro de la Higiene según las estaciones del año» (Kitab al-wusul li hifz al-sihha fi al- fusul) describe los progresos de la época y cómo combatir la peste bubónica, la famosa peste negra.

El oftalmólogo, "'kahhál"' en árabe, era un personaje familiar en la sociedad musulmana, que simultáneamente practicaba la medicina, y a menudo actuaba como consejero y psicólogo; así, reconociendo sus facultades y su categoría dentro del orden jurídico y título social.

De las madrasas o escuelas, los estudiantes son considerados de un elevado honor por que son los futuros maestros.

De los maristanes que han proporcionado el prestigio en el tiempo de sus prácticas y adelantos de la época; y los avances socio-culturales que fueron asociados al progreso humanitario, para servir y curar a toda persona sin distinción de raza, color o religión, hombres y mujeres.


El catedrático y médico libanés Said Fhatwi dijo en 2005 en el Maristán de Granada:

«Se trata de aprender a vivir juntos desarrollando el conocimiento de los otros, de su historia,
sus tradiciones y su espiritualidad... que permita refundar una modernidad sobre
la comunicación de individuos y colectividades que son a la vez semejantes y diferentes».

Bruno Alcaraz Masáts. © Artículo de encargo para Europa Press. 2011. ©