El primer testimonio escrito
sobre Almonaster la Real es de 822, aunque no se cita la existencia de la
mezquita:
«... el iqlin
de al-Munastyr y los demás de la kúra de Sevilla, recaudaron más
de 35.000 dinares de la gibáya.
Abu Abdullah
al-Bakri (Leví Provençal, 1938.
La mezquita de Almonaster la Real
es un ejemplo, muy bien conservado, de como debieron ser las mezquitas en el
ámbito rural de al-Andalus, de las que apenas quedan testimonios. Su
construcción se data en torno al año 900, sobre una anterior basílica visigoda.
Fue declarada Monumento Nacional en 1931.
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Plano de la mezquita de Almonaster la Real, trazado en 1969. |
Su planta es cuadrangular, algo
irregular, y está dividida en cinco naves separadas por arcos de herradura
apoyados en columnas y capiteles de diferentes épocas, tanto procedentes de
construcciones romanas como visigodas anteriores.
La construcción está basada en
mampostería y ladrillo, con algunos sillares. Tras la reconquista cristiana se
añadió el ábside y se modificó la orientación del edificio de acuerdo al cánon
cristiano este-oeste, siendo consagrada como capilla de Nuestra Señora de la
Concepción.
En siglos posteriores sufrió
diferentes modificaciones como la conversión del alminar en campanario, adición
del chapitel o la reconversión del patio de abluciones en plaza de toros. En la
actualidad ha pasado a ser un centro cultural que sirve como núcleo de la
celebración de las Jornadas de Cultura Islámica.
El nombre de esta villa serrana
evoca la ocupación árabe; tiempos de lunas musulmanas sobre cruces cristianas,
que han dejado en ella los vestigios históricos y el recuerdo de su pretérito
esplendor.
La sierra de Aracena pone el
marco al pueblo blanco de Almonaster la Real, donde el sol consigue desprender
destellos del encalado de sus casas y de las enrojecidas tejas con que se
rematan. Sigue los cánones estéticos de esos núcleos urbanos tan predicados en
los panfletos turísticos que se distribuyen en las oficinas de turismo,
agarrado a la ladera de una loma coronada por los restos testimoniales de la
historia de la ciudad.
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Mezquita de Almonaster, emplazada en lo alto del cerro que corona
el Castillo de la localidad onubense.
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En el otero estratégico mejor
situado de los alrededores se levantó, en el siglo V, un templo visigótico que
después modificó estructura y culto para convertirse en mezquita rural, de la
que se conservan su sala principal y la torre minarete. Abrazada por una
fortaleza, muchos estudiosos la consideran el templo musulmán más añejo que se
conserva en la península Ibérica.
Aunque el
origen verdadero de la población se remonta a la época romana, hecho avalado
por los capiteles, fustes y un ara funeraria encontrados en las cercanías del
castillo, fueron los árabes los que bautizaron como Al-munia, que
significa la fortaleza, a la primera versión urbana de lo que hoy es
Almonaster.
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Alminar antaño y ahora campanario. |
Como la mayoría de las mezquitas
peninsulares, ésta también fue transformada en iglesia tras la Reconquista y su
alminar en campanario, pero la restauración realizada hace unos años le ha
devuelto su función primigenia.
Corre la Edad Media y los siglos
transcurren bajo los reinados taifas, mientras las huestes cristianas recuperan
poco a poco las tierras perdidas por debajo del Duero, hasta que en la primera
mitad del siglo XIII toda la comarca occidental de Sierra Morena es reconquistada
por las órdenes militares portuguesas.
Es tiempo de mixturas de culturas
y civilizaciones; un periodo rico que se aprecia todavía en las distintas
muestras de estilo mudéjar que permanecen en pie.
Hoy día el pueblo se ve cambiado
y también su entorno más cercano. La vieja vegetación mediterránea de encinas,
alcornoques, jaras, brezos y madroños se ha visto desplazada en muchas laderas
por ingentes repoblaciones de eucaliptos y pinos en busca de rentabilidad
maderera.
Pero, a pesar de estos cambios, queda
asegurado el poder de seducción de estas tierras que en gran parte se
resguardan bajo el toldo protector del parque natural de la Sierra de Aracena y
Picos de Aroche.
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Pórtico de época cristiana que asemeja a una construcción románica. |
Ruta del buitre negro
A un paso de Almonaster la Real,
sin salir siquiera de su término municipal, se halla un cordel montañoso que
cobija algunos de los rincones más solitarios y agrestes de la provincia de
Huelva, sierra Pelada.
Los gastados lomos que componen
estos montes, junto a las riberas del arroyo del Aserrador, que nace en sus
laderas, se encuentran declarados paraje natural desde el año 1989, además de
zona de especial protección para las aves (ZEPA).
En las casi 13.000 hectáreas
protegidas en este enclave vive la mayor colonia de buitres negros de Andalucía
y una de las más nutridas de la Península.
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Patio de las abluciones o san. |
Para recorrer estas tierras
onubenses vigiladas por los grandes necrófagos se puede realizar una
interesante excursión a pie o en bicicleta por la pista forestal que une las
aldeas de Gil Márquez y El Mustio a través del pico Pelada.
Partiendo de
Almonaster sale una estrecha carretera, que se cuela rumbo suroeste paralela al
curso del arroyo del mismo nombre hasta el pequeño villorrio de Gil Márquez.
Este escueto núcleo rural guarda,
como pocos, las antiguas hechuras de los pueblitos serranos de Huelva, arropado
por un entorno que aún conserva la pureza natural de los montes andaluces.
Desde la estación ferroviaria de Gil Márquez, tras saltar las vías hacia el
lado contrario, parte el camino que se interna en sierra Pelada.
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Columnas del interior de la mezquita-iglesia. |
Las nefastas repoblaciones de
eucaliptos flanquean la ruta en los primeros tramos, pero pronto dejan paso
sobre las laderas más abruptas y pedregosas a la verdadera vegetación autóctona
de jaguarzos, jaras, madroños, encinas y alcornoques. La senda asciende oculta
entre la abundancia de matorral hasta coronar la cuerda de la sierra en la
divisoria de sus dos vertientes.
A esta altura la fronda arbórea
ha desaparecido y el monte reconoce su propio nombre de sierra Pelada, cubierto
tan sólo por los matojos típicos del clima mediterráneo.
Traspuestas las dos cumbres de la
Serrata, Pelada y Mojonalto, bajo el planeo de los buitres negros, el sendero
desciende despacio hasta topar con el poblado forestal de El Mustio.
Desde aquí, los más intrépidos
pueden continuar la senda que recorre la ribera del arroyo Aserrador, hasta la
frontera portuguesa, por un tupido barranco cubierto de álamos, sauces, alisos
y adelfas.
Fotografías de Manuel Sánchez
Fotografías de Manuel Sánchez
Bruno Alcaraz Masáts © Pedro
Retamar 2003