miércoles, 28 de noviembre de 2012

Bando emitido el 24 de Junio de 1808
por la Junta Suprema de Granada 
 
Vitola de Napoleón Bonaparte, el Emperador Napoleón I.
 
Cuando Carlos IV abdica en 1808 a favor de su hijo Fernando VII, el Emperador de Francia, Napoleón Bonaparte, consigue que Fernando VII abdique en su padre y éste en Napoleón, quien da la corona de España a su hermano José Bonaparte.
 
Retrato del Rey Fernando VII.
La Guerra de la Independencia española surgida en 1808 fue un conflicto armado por la oposición de España a la pretensión del emperador francés Napoleón Bonaparte (Napoleón I) de instaurar y consolidar en el trono español a su hermano José Bonaparte, en detrimento de Fernando VII de España, desarrollando un modelo de Estado inspirado en los ideales bonapartistas.
 
Retrato de José Bonaparte.
La invasión de España en 1808 dio lugar a una insurrección permanente en toda a península Ibérica, con una lucha basada en la guerrilla de hostigamiento que absorbería grandes recursos humanos y financieros del Imperio de Francia, para combatir el malestar en las ciudades y los actos de la guerrilla en campo abierto y serranías:
 

Se admite generalmente que dos palabras surgidas en esa época, «guerrillero» y «guerrilla», nacieron durante la invasión napoleónica o francesa de España, a principios del siglo XIX. La guerrilla era una fórmula de la pequeña guerra de unos grupos de guerrilleros, que idearon una forma de continuo hostigamiento popular del enemigo, de guerra «no convencional».


El 6 de octubre de 1806 Godoy lanza una proclama a la nación que causó muy mala impresión en el emperador francés. Godoy está atado de pies y manos cada vez más:

“Napoleón consigue de él todo lo que le pide“

A finales de 1806, los fernandistas, una vez muerta la esposa napolitana del Príncipe de Asturias, inician una aproximación hacia Francia.

Así, el 18 de octubre de 1807 un cuerpo expedicionario francés al mando de Junot cruza la frontera española en dirección a Portugal y el 30 de noviembre de 1807, Junot entra en Lisboa. La rapidez con que se suceden los acontecimientos deja obsoleto el Tratado de Fontainebleau.

El General francés Jean-Andoche Junot.
El proceso de El Escorial origina el segundo viraje de la política de Napoleón: 
 
Joaquín Murat, rey de Nápoles y mariscal de Francia.
Retrato de François Gérard, en 1808.

Se plantea seriamente intervenir en la situación española. El numeroso contingente francés que, al mando de Murat (desde febrero de 1808), entró en España entre diciembre de 1807 y la primavera de 1808 bajo el pretexto de cubrir la retaguardia de Junot, tenía como propósito invadir la totalidad de la Península.

 

Según relataba Ernesto Canales:

 
“en los inicios de la guerra ocasionada por la invasión napoleónica a España, las Juntas Supremas surgidas de la movilización antifrancesa ocuparon el vacío de poder creado por el descrédito de las antiguas autoridades y se esforzaron en reconducir los estallidos de violencia popular hacia posiciones compatibles con el control social, en un movimiento que habría de repetirse durante los episodios revolucionarios del siglo XIX”.

Este bando de la Junta Suprema de Granada destaca por la crudeza de su determinación en el mantenimiento del orden público, expresada en unos términos que hacen dudar de que el verdadero enemigo sea el ejército francés.


Francisco de Paula Valladar, cronista de la época.
El cronista de la época, Francisco de Paula Valladar, escribió toda una serie de artículos que fueron publicados en la revista La Alhambra, entre 1810 y 1812, donde narraba la invasión napoleónica a Granada en 1810, al mando del general Sebastinai, y el malestar que supuso su presencia en Granada hasta 1812, en que iniciaron la retirada.

El político y literato granadino Francisco de Paula Martínez de la Rosa fue el Comisario de la Junta de Granada ante la invasión de las tropas napoleónicas, quien, al ser ocupada esta ciudad, pasó a Cádiz (1810).

Retrato de Francisco Martínez de la Rosa, político y escritor español.
Conocido el bando de la Junta Suprema de Granada, en el que se impedía la reunión de corrillos de más de cuatro personas y se prohibía portar armas, entre otras medidas de carácter restrictivo, dicho bando se terminaba con un se pondrá la horca en el sitio acostumbrado”, en clara referencia a la firme determinación del Rey Fernando VII de devolver la paz social a través de las Juntas Supremas creadas al efecto, aunque el coste humano fuese elevado y las garantías legales nulas.

Cuando las tropas de Napoleón invadieron Granada a principios del siglo XIX, trasladarían este tradicional lugar de ejecuciones de Plaza Nueva, al ser el lugar elegido por el general Sebastiani para efectuar dichas ejecuciones el Campo del Triunfo, en el exterior de la Puerta de Elvira.

Horace-François-Bastien Sebastiani de la Porta, vistiendo el uniforme de teniente
del decimoquinto  regimiento de infantería en 1793.
El texto del bando, sería recuperado por Antonio Gallego y Burín, para su publicación en “Granada en la Guerra de la Independencia. Los periódicos granadinos en la Guerra de la Independencia, editado por la Universidad de Granada en 1923.

El texto del citado bando era una proclama real que decía:

Bando para imponer el orden público en Granada en 1808

Don Fernando VII por la gracia de Dios, Rey de España y de las Indias, y en su Real nombre la Junta Suprema de gobierno, formada en esta capital.

Ha visto con dolor que los medios de suavidad y dulzura con que dicha Junta Suprema se ha conducido hasta ahora para contener al pueblo, lejos de producir los saludables efectos que se proponía, sólo han servido para insolentar cierta clase de gentes, que animadas de un espíritu inquieto y revoltoso sólo tratan de insultar las autoridades constituidas, infundiendo el desorden y el terror, para entregarse con descaro al asesinato y al pillaje.

Está muy bien persuadida esta Suprema Junta, de que la parte ilustrada y honrada de este vecindario, dista mucho de incurrir en semejantes excesos; pero se ve ya en la dura necesidad de tomar medidas vigorosas contra los malvados a quienes nada ha podido contener.

Los principales motores de este alboroto son los enemigos de la Patria, los que ganados por los franceses bajo las apariencias de celo, procuran oprimir a los buenos patricios y entorpecer las operaciones de la Junta, con el fin de proporcionar ventajas a los ejércitos enemigos.

Por tanto, y para evitar la multitud de desórdenes y los desgraciados resultados que forzosamente deben seguirse, la Junta Suprema ordena y manda:

1º. Que no se forme reunión alguna de más de cuatro personas, sea de hombres o mujeres o de unos y otros, así en las puertas de esta Real Chancillería, como en cualquiera otro paraje de esta ciudad, bajo la pena de que será disuelta a viva fuerza.

2º. Que todo corrillo de dicha clase que a la primera intimación de un jefe de patrulla no se dispersase, experimentará igual suerte.

3º. Que ninguna persona, sea de la clase que fuese, excepto los militares, Ministros y dependientes de Justicia, puedan llevar ninguna clase de armas, aun de las permitidas, y los que sean aprehendidos con ellas sufrirán irremisiblemente, siendo nobles, la pena de 10 años de presidio y los plebeyos además de ésta, la de 200 azotes.

4º. Que todo el que tuviese la osadía de invitar a algún Magistrado o constituido en pública autoridad, sufrirá irremisiblemente la pena capital.

5º. Que para evitar que los niños de ambos sexos sean víctimas inocentes por el abandono de sus padres o personas a cuyo cargo estén, se prohíbe que ninguno de ellos ande por las calles, siendo responsables en caso de contravención, sus padres, madres y maestro con quien estén de aprendices.

6º. En las toneleras y tabernas no se permitirán a ninguna hora del día ni de la noche, concurrencias, pena de 8 años de presidio que irremisiblemente se impondrá a los contraventores y que los dueños responderán de los mozos a cuyo cargo las tengan; ninguna estará abierta ni despachará después de las 9 de la noche, bajo la misma pena.

7º. Para el más pronto cumplimiento de estas providencias, se pondrá la horca en el sitio acostumbrado, suplicio que sólo amenaza a los malvados y sediciosos.

La Junta Suprema espera de todos los vecinos honrados de esta ciudad, el auxilio que tanto les interesa prestar en una causa de que dependen su seguridad, sus intereses y aun su misma vida.

Está rubricado por tres señores de la Junta Suprema de Granada.

Granada y Junio de 24 de 1808.

Como Habilitado, Dr. D. José Sandoval y Melo.

Bando reproducido por Antonio Gallego y Burín en:

 

 Granada en la Guerra de la Independencia. 

Los periódicos granadinos en la Guerra de la Independencia.
 
(Universidad de Granada, 1923), pp. 143-144
 
Bruno Alcaraz Masáts

sábado, 24 de noviembre de 2012

El sueño de la Alhambra

Artículo de Julio Llamazares
Fotografías de Navia

Situado en lo que fuera un convento del siglo XVI

La única manera de dormir dentro de la Alhambra, la legendaria fortaleza de los reyes nazaríes de Granada, es hacerlo en el Parador de esta ciudad, situado en lo que fuera un convento del siglo XVI que ordenaron construir los Reyes Católicos dentro de aquella a poco de conquistarla a los musulmanes.
 
Sólo por eso valdría ya la pena alojarse en él, pero el Parador de Granada ofrece además otros alicientes: sus magníficas instalaciones no hace mucho mejoradas y ampliadas, su cocina, con los platos más populares de la región, como el gazpacho andaluz o los piononos de Santa Fe, y por supuesto la posibilidad de pasear por los jardines de una fantástica fortaleza que un día fue el sueño de tantos conquistadores y hoy sigue siéndolo para los que la perdieron.

El Albaicín visto desde la plaza de los Algibes en la Alhambra

Desde el Parador de Granada, además, se contempla en toda su extensión y su belleza una ciudad que pasa por ser de las más hermosas de Europa, lo que corrobora su gran atracción turística. El barrio del Albaicín, en la colina frente a la Alhambra, con su dédalo de callejuelas moras y sus cármenes llenos de ensueño, las legendarias cuevas del Sacromonte, encima del anterior, cuna de bandoleros y de flamencos, o la ciudad moderna y cosmopolita, sobre la vega del río Genil, el mayor río de Andalucía después del Guadalquivir, ofrecen en su conjunto una visión panorámica cuya contemplación desde el Parador sólo es comparable a la de la Alhambra desde cualquiera de ellos.

La cocina del parador, con los platos más populares de la región,
como el gazpacho andaluz o los piononos de Santa Fe.

 Luego están los paseos por los jardines, el relajo de las fuentes que contribuyen con su sonido a acelerar el sueño, la fantasía nocturna de esa fantástica fortaleza cuya torre de la Vela parece esperar desde hace quinientos años el regreso de Boabdil y los suyos con sus estandartes y sus cimitarras.
 
El relajo de las fuentes que contribuyen con su sonido
a acelerar el sueño.
Un sueño que también se puede cumplir mientras se duerme en el Parador arrullado por los sones de las fuentes de la Alhambra y por el ruido, abajo, del río Darro, cuyo paseo fluvial no podía haber tomado un nombre mejor: el de los Tristes. A la mañana, el sueño se habrá pasado, aunque no del todo.
 
A la mañana, el sueño se habrá pasado, aunque no del todo.

Artículo publicado por Julio Llamazares y fotografías de Navia para:

http:www.ocholeguas.com

Consultar los artículos sobre los Paradores:



 © 2009 Unidad Editorial Internet S.L. / elmundo.es / ocholeguas.com

Bruno Alcaraz Masáts 

sábado, 3 de noviembre de 2012

Descripción de Granada en 1526
según el diario del médico Johannes Lange
 

El Dr. Lange era médico de cabecera del conde palatino alemán Federico II que, en 1526, visitó oficialmente la ciudad de Granada y la Alhambra, donde estaba residiendo el Emperador Carlos V.


Farinelli da cuenta de las andanzas de este caballero teutón por España citando a A. Hasenelever, Die tagerbuchartigen Aufzeichnungen des pfälzischen Hofarztes D. Johannes Lange ubre seine Reise nach Granada im Jahre, 1526.


Como médico, Lange admira los baños andalusies y sus propiedades terapéuticas, que describió ampliamente en su libro Epistolae medicinalis publicado en 1554, sin embargo y aunque admirador de la Alhambra y sus vestigios, era enemigo del Islam ya que, gracias al empuje turco avanzaba por Europa Oriental y por el Magreb, en 1515 toman Argel.

 

Tras la conquista de 1492 y el deterioro de la convivencia entre cristianos y musulmanes provocado por el incumplimiento castellano de las Capitulaciones, los musulmanes, que de mudéjares pasan a moriscos, son descritos en un relato de su diario escrito en Granada por el doctor alemán Johannes Lange en el año 1526. El los llamaría "moros blancos" en clara alusión a su origen étnico andaluz y no bereber. 





Portada de Epistolae Medicinalis, editada en 1556

 



Johannes Lange escribía en 1526:

 

"La capital del reino de Granada es la ciudad del mismo nombre que se eleva sobre las colinas en la que está edificada de tal forma que ninguna altura oposición situada fuera de sus murallas puede dominar su enclave. Granada es casi dos veces mayor que Nuremberg y en sus montañas vecinas, incluso en los días más calurosos del año, abunda la nieve, que sus habitantes utilizan para refrescar el vino. La ciudad de Granada se haya apenas a unas doce leguas del Mediterráneo. Se puede, por lo tanto, en llegar a África en tres días y, en otros cuatro se puede alcanzar el límite occidental del mundo''.

 

"La mitad de los habitantes de esta ciudad son moros blancos, cuyas mujeres y muchachas llevan pantalones de buque o calzacalzones blancos y envuelven cuerpo y cabeza con un pañuelo blanco hasta las pantorrillas, como nuestros pastores aldeanos, y alargan el pañuelo sobre la mitad de la cara”

 

 y del embajador veneciano Andrea Navagiero, en 1524-1526 nos refiere:

 

“…llevan las camisas poco más largas que el ombligo y después sus zaragüelles, que son calzas de tela atacadas, en las cuales, con que entre un poco la camisa es bastante; las medias son de paño o de tela, y todas tan arrugadas, que hacen las piernas gordísimas. En los pies no llevan pantuflas sino escarpines pequeños y bordados de seda. Sobre la camisa se ponen un vestidillo corto, recamado de seda, con las mangas también de seda, casi como una casaca morisca, y la mayoría de las veces de dos colores. Llevan encima una capa blanca de tela que les cubre hasta el suelo, con la cual se envuelven y cubren de manera que, a no quererlo, no son reconocidas.

 

En el pasado, Granada perteneció a los moros blancos, tuvo dos reyes durante las guerras de sus años postreros y estuvo sitiada seis años por el rey Fernando, cuyo ejército construyó ante sus puertas a la pequeña ciudad dede Santa Fe, y cuya esposa, Isabel, la conquistó al séptimo año para nuestra fe sacrosanta.

 

Continúo: la mitad de la población son moros blancos, cuyas mujeres e hijas visten blancos pantalones de marinero calzones (casi idénticos a los que en Alemania usan los pastores) ; y asimismo visten también blancos ropajes que las cubren desde el rostro a las pantorrillas, pero, lo más importante, es que se tapan la cara. A fin de que se les permita usar libremente esta clase de atavíos, cada una de ellas debe pagar al emperador un impuesto anual de un ducado. Quienes no quieren entrar en la iglesia. 

 

Los domingos han de pagar al sacerdote un real al año. Asimismo, en las laderas de las colinas de esta ciudad existen todavía profundas cuevas que visitar, en las que un contingente de cautivos cristianos (entre ellos un obispo) estaban encerrados de noche y a los cuales se alquilaba de día para hacernos trabajar en toda suerte de trabajos manuales.

 

Y sigo: la susodicha ciudad reconquistada el día de San Juan y por esta razón cada año los nobles y los burgueses se disfrazan ese día de moriscos y turcos provistos de escudos y lanzas y celebran una especie de profesión burlesca que recorre toda la ciudad al amanecer. Más tarde y en pleno día llevan a cabo un remedo de la Victoria. Se da suelta entonces, a seis o siete toros en la plaza del mercado para que el pueblo los corra y azuce.  A raíz seguido acude la caballería, ataviada con trajes moros y turcos y dividida en dos bandos. Disparan unos contra otros complejos y grandes arcabuces, cargados sólo con pólvora para salvas, se persiguen en todas direcciones, fingen grandes sobresaltos, ora avanzan, ora retroceden y adoptan mientras tanto actitudes gallardas.

 

Vimos como en la festividad de San Juan Bautista el propio Emperador participaba de estos juegos en Granada, en presencia de la Emperatriz y de una multitud de damas de honor portuguesas. Ese mismo día tres hombres fueron mortalmente heridos por los toros, y un viejo caballo, herido casualmente de un tiro en la cabeza, tuvo que ser rematado allí mismo. Prosigo: les está prohibido a los mencionados moros (con severos castigos) el uso de armas, tanto en el campo, a sus casas, excepto un pequeño cuchillo de cortar pan y otro para pinchar la carne (no comen caza y toda la carne que consumen procede de animales enjaulado, atados por encerrados en cercas) . Y a tal fin los magistrados hacen registrar sus casas dos veces al mes.

 

Asimismo, en nuestro último día de estancia en Granada el Emperador invitó a mi Señor a presidir con él, en un jardín al pie de la colina de la Alhambra, un espectáculo morisco. Adornados con perlas de gran belleza y piedras preciosas en cuellos, orejas y brazos, y ataviados (casi como diáconos para la misa) según las costumbres de su tierra, bailaron al son de flautas, violas y tambores, después de lo cual tres mujeres de cincuenta años y otra que tendría unos cuarenta cayeron y cantaron al mismo tiempo vivos e increíbles ritmos paganos, mientras los demás daban palmas acompasadas que gritaban alegremente.

 

Después del baile, algunas moras subieron a lo alto de la colina y bailaron en la cuerda floja tendida entre dos locales, y luego se abrieron de piernas con todo descaro, mientras hacía muecas al Emperador, chillando en su lengua nativa:

 

"Todo el que vive aquí puede ganar el cielo."

 

Después de esta representación se les dio a beber agua.

 

Hay además: con la alheña las jóvenes moras de Castilla consiguen que sus uñas tengan un brillante color naranja (se figuran) les da un especial atractivo. En mi opinión las hace asemejarse a nuestros miserables curtidores de Nuremberg. Consideran también como algo vergonzoso que una muchacha tome siquiera un solo sorbo de vino. Por lo tanto, todas beben agua. En la mencionada ciudad de Granada se confeccionan toda clase de vestiduras de seda, pero siempre negras, por carecer de tintes indelebles de otros colores y son apenas más baratos que en Alemania, con la notable excepción del tafetán doble, que aquí es muy bello. También las perlas son aquí baratas.

 

Hay igualmente magníficos viñedos y un gran lagar próximo a las murallas de la ciudad. Al principio, no había sitio tampoco en el palacio para alojar al secreto de mi Señor, y durante dos días obtuvimos que dormir en el suelo; luego alquilamos petates a los moros blancos, que nos exigieron un depósito de 15 ducados.

 

Permanecimos quince días en Granada y el 7 de julio, gracias a Dios, proseguimos gozosamente en nuestro viaje.

 

Otro pormenor: El palacio del Emperador fue construido por los moriscos en la colina de la Alhambra, dentro del recinto de la ciudad, y en su interior todavía pueden verse los curiosos y espléndidos baños del rey moro en los que se bañaba con sus esposas, de quienes tenía todas cuantas deseaba: a la que quería pero después del baño, le enviaba una manzana.

 

El agua que discurre por todo el mencionado palacio (en el que hay también un estanque con peces) fluye también por casi todas las demás casas importantes de la ciudad. El agua es insalubre, y si se bebe es fácil enfermar de disentería; pero no disponen de otra clase de agua, ni tampoco de pozos".

 

Diario escrito en 1526 por el doctor Johannes Lange

durante su visita a Granada y publicado en 1556.

 

 

Bruno Alcaraz Masáts

miércoles, 31 de octubre de 2012

Historia de “El Coño de la Bernarda”


Una historia granaína de pura cepa y desconocida era su procedencia, pero procede del lugar de Artefa, villa cercana a Trevélez, en la Alpujarra granadina.

Al parecer, una mujer, de nombre Bernarda, de la que se decía que era hija natural del rey musulmán Aben Humeya, y nacida en torno a mediados del siglo XVI, en Artefa, pequeño pueblo, era una reconocida santera; a caballo entre ambas religiones, en unos tiempos difíciles, recorría las calles de Artefa armada con sus tablillas de oraciones, mezcla de versículos coránicos y cristianos (quizás la única depositaria de los famosos Libros Plúmbeos del Sacromonte), y era la sacristana de la pequeña ermita en la que los Artefaños guardaban y veneraban la imagen reverendísima del Señor del Zapato.

Aunque la fama, como hemos dicho, le venía de santera, que lo mismo enderezaba la pata torcida de un cordero, como remediaba las más diversas dolencias, como dirigía los rezos en ausencia del cura… por lo que era, ciertamente, mujer conocida y querida entre sus vecinos.
Una buena noche la mujer fue sorprendida por unos toques en la puerta de la pequeña ermita, en la que de común solía habitar, en una pequeña dependencia aneja.

Asustada abrió la puerta y vio que, embozado en su capa, no sabiendo muy bien si por el frío, o por salvaguardar su intimidad, se encontraba D. Aurelio del Alto Otero, a la sazón segundo Conde de Artefa, que venía, pese a lo alto de la madrugada, a solicitar su consejo, ya que, según él, había tenido un sueño que le tenía profundamente alterado:

‘’Tuvo una visión en la que vide los graneros de Artefa todos vacíos, y secos, con homnes e mulleres famélicos, que ploraban lagrimas a sus puertas y nadie podía façer nada… de repente, en medio de todos eles, aparecíase el Conde mesmo, lamentándose por la suerte de las gentes de su pueblo, y sin poder façer nada,
alzaba los ollos al cielo esperando una respuesta, aparecióse entonces
la figura, que él creyera de San Isidro Labrador,
y una voz en el cielo que decía
desta manera:
''San Isidro, labrador, quita lo seco y devuélvele la verdor…''

Sorprendióse la buena mujer con el relato del Conde y contóle que ella había tenido otro sueño parecido, una noche en el que se acostó apesadumbrada por haber dedicado su vida a los demás, no haberse casado y no haber tenido hijos, pues, según ella:

No es buena la mujer de cuyo higo non salen fillos

pero que en ese momento, apareciósele, de semejante manera, en su habitación, la figura de San Isidro labrador que metiéndole la mano en la raja, de donde gustóse tanto la santa mujer que creyera entender por fin el significado de la expresión tener mano de santo y al punto casi de morir, por el arrobamiento experimentado, creyó ella oír, por boca del santo labriego, la misma expresión:

San Isidro, labrador, quita lo seco y le devuelve el verdor…

Tras compartir su sueño con el Conde dijóle que:
 
las cosas del Senyor no son para los ignorantes entendellas, por eso fuera la divina misericordia las que las desentrañase, si plúgole a Dios esa gracia”.
 
El Conde se fue, casi con la misma duda que traía, pero lo cierto es que, desde su entrevista con Bernarda, las cosechas de Artefa se sucedieron sin parar y no hubo la hambruna temida por el Conde a raíz de su sueño. Por eso, el Conde, hombre religioso y devoto donde los hubiera, compartió el secreto de su visita a donde la Bernarda, con el cura del lugar D. Higinio Torregrosa, quien, en la homilía del día siguiente, se dedicó a cantar, desde el púlpito, las alabanzas de Dios que tantos


 
bienes e menesteres plugóle mandar sobre esta sancta terra nuestra de Artefa, por mediación de la muy noble, e sancta muller de Bernarda, o más bien, por medio
del figo della, o sea, del coño suyo benedito”.
 
Con todo, había un artefaño, conocido como Manolico, el Tontico, que se pasó todo el día, en la plaza del pueblo, gritando a voz  pelada:

que non se creyera lo de la sancta Bernarda, que ninguna muller es sancta por donde mea, así en el infierno arda”.
 

Indignada Bernarda con estas palabras mandólo traer a su presencia y allí, en la intimidad de la ermita díjole:

“Mete tu mano en el coño bendito, a ver si miento, en lo que siento,
y sea tu escarmiento”.
 
Hízolo así el pobretico Manolico, El tontico, que desde entonces, pues nadie vio el milagro escondido, se hizo el más célebre predicador del figo benedito de su paisana Artefaña por toda la Alpujarra granadina.

Las bendiciones se sucedían sobre el pueblo de Artefa, diciendo las crónicas que:

 ''todos los homnes, e mulleres, de los derredores, allegábanse a casa la Bernarda, a tocar su coño benedito, y por doquiera la abundancia manaba: las mulleres daban fillos sietemesinos fuertes como cabritillos, y las guarras parían cochinillos a porrillo, las cosechas se multiplicaban y hasta las gallinas empollaban
ovos de sete yemas…”
 
Más Bernarda murió, como corresponde a todo ser mortal, y la enterraron entre gran llanto y duelo de sus gentes, que a partir de ese momento, como maldecidos por la ausencia de la buena mujer, sufriéron en sus carnes todo lo que aquella, quizás en vida evitara: Terremotos, abortos en el ganado y las mujeres, cosechas baldías, todo parecía perderse y la vida se malograba en Artefa…

Sin embargo cuenta la leyenda que un buen día que:

Una muller del pueblo, ploraba lagrimas de seus ollos al sepolcro della, vióse sorprendida por unas luminarias que ascendían del sepolcro, asustada e enloquecida corrió a presencia del señor cura párroco, que ordenó desenterraran el corpo morto de la Bernarda, hallando, todos los presentes, con el Notario de Artefa al frente, que la Bernarda polvo era, como es la suerte de nuestros padres, salvo su figo incorrupto, rojo y húmedo qual breva”.
 
El párroco, D. Higinio Torregrosa ordenó el traslado del despojo santo a la parroquia, donde enseguida lo colocaron en un relicario, llamado desde entonces el Coño de la Bernarda, por la urna de oro y la forma de lo que dentro conservara… y que no hubo nadie que al contacto del relicario no recuperara la abundancia en cualquier empresa que emprendiera.

Tanta fe le tenían en Artefa al coño de la Bernarda que el propio párroco, y siempre según las crónicas:
 
“Decidió, junto con el Ajuntamiento de la ciudad, elevar el asunto a la disquisiçión de los notables de la Sancta Madre Ecclesia Metropolitana de Granada, solicitando si pluga a ella, la sancta e pronta canonizaçión de la santa Bernarda de Artefa”.
 
Al parecer, el por aquel entonces Arzobispo de Granada, D. Pedro Castro Vaca y Quiñones, más preocupado en vigilar de cerca de los moriscos falsamente convertidos a la fe verdadera y noble de nostro Senyor IesuChristo, y alentando a la Inquisición, no estaba mucho por la labor de apoyar una petición de canonizar a una santera nada más conocida en su pueblo, amén de que, como expresivamente decía la misiva, remitida al Ayuntamiento de Artefa:

Dicen los senyores teologos e dominicos desta Ecclesia de Granada que nunca oyóse en toda la christiandad, que el Senyor Papa gobierna, y Christo benedice, que nada bueno saliera del coño de una muller, a no ser el Senyor mesmo IesuChristo, de su Sancta Madre, con todo Virgen, e que por eso la devoçión popular del coño de la Bernarda era cosa perniçiosa que devía ser desterrada, so pena de mandar la inquisición a façer las pesquisas oportunas.
 
Con tal respuesta, D. Higinio Torregrosa, según siempre las crónicas:

“Una noche del 9 de Abril, del año de Nuestro Senyor IesuChristo de 1.609, alumbrado solo por dos candelas, y con el Notario por unico testigo dello, colocó
el sancto reliquario del coño de la Bernarda, tras un emparedado debaixo de la ventana de la Sacrestía, donde permaneciera hasta que la Ecclesia mudara su razonamiento sobre este singular suceso, y asi la buena Bernarda trajera
de nuevo la bendiçión sobre el pueblo della.”
 
Y no sé si verdad o mentira, esto es lo que se cuenta del célebre ''coño de la Bernarda'', con todo, si queréis saber  algo más de la historia, podeís leer la crónica, que en su día redactara D. Higinio Torregrosa titulada:

Relación de las cosas verdaderas que acotescieron en Las Alpuxarras en lo que se refiere á una piadosa muller llamada la Bernarda, y al coño della, que fizo grandes milagros para la gloria eterna de Dios nuestro Senyor y de la Sancta Madre Ecclesia, escrita por el Licenciado Higinio Torregrosa, Cura Propio
de la Ecclesia del Sancto Christo del Zapato desta ciudád de Artefa”.

En una iglesia del lugar de Artefa, cerca de Trevélez,  en La Alpujarra de Granada, tras el falso muro que el cura mandó construir, quedó el coño incorrupto de la Bernarda, introducido en un relicario de oro con brillantes. Junto a la urna se guardó también la crónica que el mismo cura escribió para memoria perdurable de

"... las cosas verdaderas que acontescieron en Las Alpuxarras en lo q se refiere á una piadosa mujer llamada la Bernarda, y al coño de ella, que fizo
grandes milagros para la gloria eterna de Dios nuestro Señor…"
 
El cura compensaba de este modo la obediencia debida al Arzobispo, que denegó la santidad pedida para la Bernarda y prohibió la exhibición de su relicario en el altar mayor so pena de castigo inquisitorial.

La mujer, adivina y curandera, no había sido cristiana vieja, y tanto curaba con el Corán como con las Sagradas Escrituras en aquella Granada del siglo XVI.

Lo cual no fue obstáculo para que su tumba ya olvidada fuera lugar de culto y peregrinación.

Libro recomendado:

 Fecha de publicación: 15/11/2011

Páginas: 464
ISBN: 9788499701103
Código interno: 90196
Formato: 16x24 Rústica
Colección Fuera de colección
Precio: 18 €

Bruno Alcaraz Masáts

lunes, 2 de julio de 2012

1013 – El origen de Granada



Susana Romero, co-directora de un cortometraje sobre el origen de nuestra ciudad, Granada, que está en preproducción, me escribe para solicitar ayuda a la hora de dar a conocer esta película, que se titula "1013", que les está costando mucho esfuerzo e ilusión.

Es un cortometraje de época, ambientado en el año 1012, el primero que será rodado en estereoscopia sobre este tema en Andalucía.

Susana Romero ha leído este blog y ha pensado que el tema podría interesarme y, como granaíno, lo considero una idea encantadora y un proyecto ilusionante que hay que apoyar y difundir a través de todas las redes sociales y para ellos envía estos dos links:

Un link al video promocional que explica el proyecto y el link al crowdfunding que están intentando para que la película pueda rodarse en septiembre (a tiempo para la celebración del milenio).

Si te gusta el proyecto, tú puedes ayudarles dándole la máxima difusión posible tanto a través de tu blog, como en las redes sociales o a través de una aportación.

Vídeo promocional:


Crowdfunding:



Zawi Ibn Zirí, fundador del Reino de Granada

Cuentan que cuando el general filofatimíe Zawi Ibn Zirí, nacido en Berbería, en la tribu de los Sinhaya o Lamtuna, se encaminó hacia al-Ándalus, su venida estaba alentada por un deseo interior de venganza, ya que su padre, el jefe berberisco Ibn Atiyya había sido asesinado tras la batalla que, en octubre de 988, se dirimió cerca de Ceuta, donde recibió graves heridas y que siendo tratado como rebelde por el regente del Califato de Córdoba, el general Ibn-Abi Amir, el célebre general Almanzor, ordenaría asesinarlo y exponer la cabeza de Ibn Atiyya en una de las puertas de la muralla de la ciudad, cerca de los muros del Alcázar para mofa de sus enemigos, la tribu beréber de los Zanata.

Zawi Ibn Ziri desembarcaría en al-Ándalus entre el 10 de Noviembre de 1002 y el 17 de Octubre de 1003, en esas primeras oleadas de sinhayíes.


Zawi ayudaría al pretendiente Suleiman y de poco valdrían las amenazas vertidas hacia él por el califa Abd-al-Rahman IV, que terminaría derrotado y asesinado en Guadix.

En recompensa por su apoyo, Suleiman se mostró agradecido, recibiendo la Cora de Elvira como feudo, donde los habitantes de Elvira llamaron, hacia 1013, para que les defendieran en la guerra civil que se había se había declarado, a la cabila beréber de los Ziríes, llegados a al-Ándalus en la década anterior.

En 1013, al llegar a la ciudad de Elvira, realizaría Zawi Ibn Zirí el acontecimiento más transcendente de su reinado, que sería decisivo para la historia de Granada: el cambio de capitalidad, con el traslado de los habitantes de Elvira a Granada, que quedaría erigida en ese año como la capital del Reino de Granada y se mantuvieron los ziríes como la primera dinastía al frente de esta significada taifa hasta la llegada de los almorávides, en 1090, que la ocuparon y destronaron al último de los reyes ziríes, el emir Abd Allah, que fue célebre por escribir, ya en su exilio maghrebí del Atlas, sus “Memorias, donde reflexionaba sobre el destino político de su siglo: “El Siglo XI en 1ª persona”.

Elvira se iría despoblando y arruinando poco a poco y la Granada erigida por el General Zawi en 1013 y según el testimonio del historiador Ibn Hayyan, “se apropiaría del antiguo nombre de la vecina Garnatah al-Yahud o “Granada de los judíos”, situada a los pies del Mauror, iría viendo como en laderas del rio Darro se erigían mezquitas, palacios y edificios en torno al recinto de la alcazaba.

Pero Zawi, que «tenía varios hijos, cada uno de los cuales valía por cien jinetes», y que creó en 1013 una ciudad nueva llamada Granada, tenía una carácter pesimista o tal vez fuese un nostálgico de su tierra de Berbería, pero desalentado en sus esperanzas de un firme arraigo en este reino de nueva creación, al que algunos historiadores definieron como un rey melancólico y hasta hipocondriaco, renunció bruscamente al trono y se trasladó a la Berbería, embarcando en 1025 en Almuñécar y se cuenta que murió envenenado en la ciudad tunecina de Qayrawan.

Bruno Alcaraz Masáts
 
1013 - El origen de Granada
Sinopsis:
 “Esta es una historia de integración entre las culturas, una celebración
de tolerancia y hermandad entre todos los hombres”

Tres habitantes de la ciudad de Ilbira (Elvira), uno cristiano, el otro judío y un musulmán están de camino a la gran Córdoba. Casi no hablan entre ellos, ya que se odian.

Son representantes escogidos para ir a buscar a los hijos de Almanzor y que estos les envíen un general que pueda ayudarles a defender la ciudad de Ilbira (a veces, de ellos mismos)

Cuando las tensiones del pequeño grupo llegan al máximo, tropiezan con los restos de un asalto salvaje. Esparcidos por todas partes se encuentra lo que quedan de una caravana.

En un lado, un mercader asesinado. Al lado, una mujer embarazada y herida y está a punto de dar a luz. El doctor judío la asiste, sabiendo que para que el niño viva, la mujer debe morir.

De camino, y sin más que comer, y un bebé, los tres compañeros se turnan los trabajos (entre ellos poner nombre al bebé, al cual cada uno llama diferente) Pero las tensiones no disminuyen. Los reproches son continuos.

En un alto del camino, ven a 3 jinetes beréberes a galope. Cobardemente se esconden, pero uno de los jinetes los oye y los descubre: un noble beréber montado a caballo, enfadado y armado.

Cree que han matado a la mujer y al mercader y está a punto de ejecutarlos.

Los 3 intentan convencer al jinete que ellos han salvado al niño, y que no son asesinos.

Cuando el niño comienza a llorar, todos los hombres pierden el miedo y comienzan a atender al niño, a pesar de jinete. Este se presenta como Zawi ibn Ziri, general de las tropas de Córdoba. Conmovido porque son capaces de cuidar por el futuro, y el niño es el futuro, decide ayudarles. Les promete convencer al califa para que le deje gobernar Ilbira, y juntos construir un gran reino, donde todos los hijos de Dios (alabado sea su nombre), sean Judíos Moros o Cristianos, puedan vivir juntos.
Personajes:

Habus ben Tamín - Chechu Moltó  Jasón del Puntal - Giovanni Bosso Cox
                           


Joaquin ben Hakim - Pedro Fernández Morales  Zawi ibn Zirí -  Jon Bermúdez


Celia Rivas

 Dirección:


        Rubén Serra i Viusà          Susana Romero Fernández
Dirección, Guión y Edición       Dirección y Fotografía


Producción:

 

Rebeca Sola                         Ana Cabello Padilla
Producción                                Aj. Producción

Guionista:


Javier García Fernández
Guionista y Supervisión

Música:



Una reciente incorporación en “1013” que nos hace sentir orgullosos: el grupo de música andalusí Turát Al Andalús.

El grupo Turát Al Andalús es un grupo de música arábigo-andalusí afincado en Granada, dirigido por Omar Benlamlih, cantante, y compuesto de una formación de músicos proceden de distintas ciudades de Marruecos como Fez, Tánger y Tetuán, reuniendo las distintas escuelas de música andalusí y las diferentes culturas del mundo árabe para ofrecer un ambiente rico en sentimientos y bellas nostalgias a través de la variedad de música tocada.

Turát Al Ándalus dispone de un amplio repertorio que abarca las distintas nubas de la música andalusí, las muwashahat sirias con sus poesías de amor, las dulces armonías turcas, además de un cóctel de música árabe actual, lleno de ritmos y sensación.


La web de La Cinetera S. L. es:  www.laCinetera.com