miércoles, 26 de octubre de 2011

Los ladrones de azulejos en la Alhambra,
en un dibujo de Gustavo Doré en 1864.
Página del fascículo de la revista "Le Tour du Monde", de 1864,
donde se insertó el dibujo de Gustavo Doré sobre
"Les vouleurs d'azulejos, á la Alhambra" 
En las primeras páginas del libro “Viaje por España”, el barón Charles Davillier cuenta la insistencia con la que Gustavo Doré le instaba con frecuencia:

- Pero ¿cuándo partimos para España?

- Pero, querido amigo –le respondía yo-, ¿te olvidas de que, si sé
contar, he recorrido nueve veces ya, en todas las direcciones,
la tierra clásica de las castañuelas y del bolero”.

Este viajero romántico que conocía la lengua de Cervantes y había recorrido España ya antes veinte veces en España y todavía volvería otras tres veces más como si fuese su tierra natal, estaba considerado en Francia como un hispanista de renombre, inició en 1862 este viaje por España en compañía de su hermano y de Gustavo Doré, ilustrador ya reconocido por sus ilustraciones, con la única condición de que, al regresar a París, ilustrara con sus dibujos El Quijote.

El Barón Charles Davillier considerado en Francia como un erudito coleccionista de obras de arte, que había viajado por Europa en busca de obras de arte, estaba interesado por las antigüedades y la cerámica, escribió varios artículos sobre cerámica y llevó a Paris la moda por la porcelana y la loza hispano-morisca, en especial la de Talavera y Manises, terminó siendo recompensado con el nombramiento de Comendador de la Orden de Carlos III.

El viajero romántico francés el Barón Charles Duvallier.
Ya en esta época, Gustavo Doré había hecho un viaje a España, acompañando a Teófilo Gautier, buscando elementos nuevos para sus dibujos, como los había buscado en sus excursiones a Escocia y al País de Gales.

En 1862, hacia el final del reinado de Isabel II, Davillier y Doré recorrieron el país en tren, en diligencia o en mulas y enviaron puntualmente sus crónicas del "Viaje a España" a la revista "Le Tour du Monde", que durante 11 años las fue publicando de forma fragmentada en fascículos y ya en 1874 apareció una edición completa de la obra en la editorial Hachette, propietaria de la revista "Le Tour du Monde" conteneniendo los 309 dibujos de Gustavo Doré, que se habían publicado como ilustraciones en los fascículos de la revista.

Fotografía de Gustavo Doré tomada en 1861.
Queda como un curioso detalle histórico de la publicación el que, en un fascículo de la revista "Le Tour du Monde", un dibujo de Gustavo Doré del Generalife, fuese subtitulado en París “Le Generalife à Sevilla – L’Espagne (1881) – Gustave Doré “, aunque se cometieron otros gazapos en los subtítulos que pusieron los editores de la revista.
022 - El Generalife en Sevilla  (1881) - Dibujo de Doré Gustave.
Este gran coleccionista que atesoró obras de arte de toda Europa, a su muerte legó toda su colección de cuadros al Museo del Louvre, su colección de libros a la Biblioteca Nacional y la colección de porcelana y loza hispano-morisca al museo de Sèvres.

Entre los lugares que más cautivaron a estos nuevos viajeros románticos figurarían Sevilla y Granada, adonde Gustavo Doré y Charles Davillier llegarían en el verano de 1862 con un gran interés por vivir en la ciudad de Granada y recorrer sus calles, tratando de identificarse con las costumbres de la gente, sus formas de vida, se alojaron como pupilos en casa de un sastre de la calle de la Duquesa. 
Página del primer fascículo de la revista "Le Tour du Monde"
dedicado a Granada y a la subida a la Alhambra, en 1864.
Quedaron cautivados los dos viajeros, como era de esperar, por la fantasía de Granada y la magia de la Alhambra, descritas ya antes por todos los viajeros románticos y Davillier y Doré se toparon en Granada con el reino de la magia, según escribiría el Barón Charles Davillier:

"Nada sabría describir la impresión que experimenta el que atraviesa
 por primera  vez la Puerta de las Granadas.

Uno se cree transportado a un país encantado
 al penetrar bajo estos inmensos arcos de verdor, formados por
olmos seculares, y se piensa en la descripción del poeta árabe
que los compara a bóvedas de esmeraldas...".

Cuando suben a la torre de la Vela, que era como un observatorio talismán del viajero romántico, Davillier escribió:

"deslumbrados por la más espléndida vista que pueda el hombre soñar”.
Baile gitano de niños en El Sacromonte (1881) - Dibujo de Gustavo Doré 
En palabras de Davillier, a este viaje por España vinieron con el deseo de recorrer la España romántica que estaba ya en trance de desaparecer:

"acuciados por el peligro de lo moderno y con el propósito de reflejar
e inventariar una España que va a desaparecer"

Recorrieron la ciudad, la Vega y el Sacromonte y a Sierra Nevada entraron por Güéjar Sierra y por la loma del Castañar pasaron al valle opuesto, el de Monachil, y por San Jerónimo, la fuente de los Neveros y los Peñones de San Francisco llegaron al Veleta, cuando el sol aún permanecía oculto tras el enorme cono nevado del Mulhacén.
El barranco de Poqueira, en La Alpujarra,
dibujo de Gustavo Doré fechado en 1862.
Tras una corta estancia en Jaén, Doré y Davillier regresaron a Granada durante unos días más y se encaminaron hacia Almería a través de la Alpujarra. De su estancia en la Sierra Doré dejó dos hermosos dibujos, un nevero y el Panderón del Veleta.
Un nevero de Sierra Nevada - Guia, dibujo tomado a partir de
una fotografía que encontró Doré en Lanjarón.
Entre estos dibujos directos dibujados por Gustavo Doré destacaría el de unos extranjeros sorprendidos robando los azulejos de la Alhambra, dibujo que fue publicado en 1864 con la leyenda “Les voleurs d’azulejos, à la Alhambra”, y que hoy se puede consultar en la Biblioteca Nacional de Francia, en el X Volumen del año 1864 de la revista "Le Tour du Monde".

Aquella era una época donde unos viajeros románticos dejaban su firma en las paredes o en las fuentes de la Alhambra y otros viajeros menos románticos decidían regresar a su tierra con algún recuerdo material de los palacios nazaríes y no existía nada más atractivo que desencajar de una pared con un martillo un azulejo con la intención de robarlo, para inmediatamente esconderlo en los bolsillos de sus macferlands o en una bolsa, donde también las damas utilizaban sus estolas o los refajos de sus faldas de miriñaque para salir airosas del recinto alhambreño con este robo cargado de tintes caprichosos.

Gustavo Doré captó en este dibujo el momento de la extracción de un azulejo por un matrimonio, donde el viajero parece que cruza su mirada con Doré, mientras la mujer vigila para no ser descubiertos.
Dibujo de Gustavo Doré sobre los ladrones de azulejos, en la Alhambra
El viajero escocés Henry Davis Inglis, que visitó la Alhambra en 1830, nos dejó escrito el libro “Spain in 1830”, publicado por Whittaker. Treacher and co, en dos volúmenes a su regreso a Londres en 1831, donde se lee una posición crítica sobre el vandalismo que practicaba cierto tipo de viajeros:

 “Muchos inconscientes han arrancado trozos de la decoración
de las paredes en distintas partes de la Alhambra, pero
la vieja que ahora acompaña al visitante,
cumple su cargo tan cuidadosamente que, a menos
que sea asequible mediante soborno,
me parece difícil que pueda cometerse un hurto”.

Pero el soborno al vigilante o al guía, 34 años después, cuando Davillier y Doré llegan a la Alhambra, seguía vigente cuando los viejos y semiabandonados palacios de la Alhambra estaban en primavera y verano concurridos por viajeros románticos que venían a sumergirse en una historia que desaparecía poco a poco y otros viajeros menos románticos, que recorrían España arrancando “trofeos” en aquellos castillos y palacios que visitaron y en la Alhambra robaban entre 5 o 10 azulejos que exhibirían orgullosos a su vuelta.

El historiador Robert Irwin indica en su libro "La Alhambra" que algunos de estos botines de azulejos, trocitos de piedra y de estucos han terminado en Londres en el British Museum y en el Victoria and Albert Museum.

Cuando cambió el ciclo histórico de España, se produjo el cambio real entre el viajero romántico y el viajero ilustrado y esta nueva mentalidad en el visitante a la Alhambra hizo que el robo de azulejos decreciera ya en los primeros años del siglo XX, hasta desaparecer.

A Davillier y a Doré, después de subir a Sierra Nevada y asomarse a las cumbres del Veleta y el Mulhacén, les llegaría el momento de su partida.

De ese adiós a Granada y a la Alhambra, que solía ser transformado para un viajero romántico en un "Hasta luego, Granada", escribió Davillier unas dolidas palabras sobre la partida:


"Después de algunos días consagrados al reposo y a nuestras visitas
a la Alhambra, resolvimos, no sin pena, decir adiós, o más bien,
hasta la vista, a nuestra querida Granada."

Como el ferrocarril no había llegado aún a Granada, tuvieron que conformarse con dos plazas en la imperial de la diligencia pagando 2 reales por legua recorrida.
Anuncio de coches de alquiler, mediados siglo XIX
Con cierta nostalgia comentaría Davillier el sueño deseado por todos los viajeros románticos, que no era otro que el asalto a la diligencia por bandoleros:

"Tal vez hayan alimentado algunos la secreta esperanza de
asistir por una vez en sus vidas a ese drama de
gran carretera que se llama el
“Asalto a la diligencia”.

Esta pequeña emoción nos ha sido negada siempre".

Los viajeros románticos y los escritores franceses fueron los que inventaron la imagen de la España de charanga y pandereta, con bandoleros generosos que asaltaban las diligencias de los viajeros ricos para después socorrer a los pobres y, en esa humanización del bandolerismo, se expresaban en París, antes de partir hacia España, que “esperaban encontrarse con un trabuco romántico”.

Aunque Davillier describió el bárbaro ritual que se aplicaba contra bandoleros y bandidos por parte de las autoridades: se les ejecutaba y colgaban sus cuartos y cabeza en los caminos donde se desarrollaron y habían tenido lugar sus fechorías para que sirvieran de escarmiento, escribiendo:

“Aún no hace mucho tiempo era costumbre en Andalucía,
principalmente, que
cuando un bandolero temible había sido capturado,
 se expusiera su cabeza en público.
Se metía en una jaula de hierro en lo alto de un poste que se colocaba
al borde de algún camino frecuentado…”

Pero solo los viajeros románticos como el hispanista neoyorquino Alexander Slidell-Mackenzie (1829), el belga Charles Didier (1836) y la viajera romántica británica Annie Harvey (1872) recogieron en sus libros escritos sobre su viaje por España los asaltos vividos a las diligencias en las que viajaban en distintas épocas del siglo XIX, destacando el capítulo del libro de Annie Harvey “Cositas españolas: Every Day Life in Spain”, que tituló “Robo a la diligencia rumbo a Santa Fe”.

Davillier nos cuenta en su libro que él se tuvo que conformar con una estampa que compró por dos cuartos en Granada y que representaba la soñada escena de unos bandoleros asaltando una diligencia real. 
061-Vista general de la Alhambra -1862
El Barón Charles Davillier y Gustavo Doré fallecieron el mismo año, en 1883.
LIBRO RECOMENDADO:

Viaje por Andalucía. Charles Davillier.
con ilustraciones de Gustave Doré
Prólogo de Alberto González Troyano
Editorial Renacimiento. Año: 2010
ISBN: 978-84-8472-485-8

Relato del viaje que el barón Charles Davillier,
caballerizo mayor de Napoléon III, y el grabador Gustave Doré
emprendieron a España en 1862, hacia
el final del reinado de Isabel II.

Publicados de forma fragmentada entre 1862 y 1873 en la revista
"Le Tour du Monde", el testimonio escrito de Davillier y las ilustraciones
de Doré buscan una España que estaba a punto de desaparecer
y enfrentaba las modernidades de fines del siglo XIX:
la expansión del ferrocarril, el surgimiento de
una clase obrera,la ausencia de bandoleros, entre otros rasgos.

Bruno Alcaraz Masáts

miércoles, 12 de octubre de 2011

Curiosidades del primer viaje
de Cristóbal Colón en 1492
Cristóbal Colón, en la pintura Virgen de los Navegantes
pintura de Alejo Fernández, entre 1505 y 1536
(Sala de los Almirantes, Reales Alcázares de Sevilla)
Aunque Cristóbal Colón fuese un genial navegante, no se distinguió por la originalidad de sus concepciones geográficas.

El más antiguo de los manuscritos en el que aparece algún territorio del Nuevo Mundo.
 Fue trazado en 1492 y pudiera ser que lo dibujara Colón y
representa la parte noroccidental de La Española.
Los principales argumentos a favor de la proximidad de Asia y España habían sido recopilados y discutidos ya a finales del siglo XIII por Roger Bacon en su “Opus Maius”, tras la difusión de los increíbles viajes de Marco Polo y después de tener conocimiento de los viajes de los franciscanos a Extremo Oriente (fray Pian del Carpino y fray Rubruc) donde se aducía a la fauna parecida de África y la India, como los elefantes, o a la proporción de tierra y agua, según Esdras (seis partes a una).

Paolo dal Pozzo Toscanelli,
Fresco de V. Vasari,
Palazzo Vecchio, Florencia.
Después aceptaron la doctrina de Bacon tanto Pedro d’Ailly (1410) como Jaime Pérez de Valencia (1484) y cuando mediados el siglo XV, Toscanelli propuso a la corte de Portugal alcanzar el Oriente por el Poniente, para lo cual envió un mapa, con el que se hizo Colón durante su estancia en Lisboa, y que llegó a Portugal a nado, tras saltar de un barco en llamas el 13 de Agosto de 1476.

Mapa de Toscanelli para el Rey de Portugal
La medición del grado terrestre (56 millas y 2/3) la tomó Colón del geógrafo árabe Alfragano (siglo IX), pero reduciendo las millas árabes (1.973,50 metros) a millas italianas (1.477,50 metros) y, en verdad, no se pudo dar nunca un cúmulo de errores tan acertado para descubrir América.

El mapa de Vinlandia es presuntamente un mapamundi del siglo XV,
copiado de un original del siglo XIII, donde aparece Groenlandia.
A sueldo de la Corona, participaron en el primer viaje 90 tripulantes, con los salarios de:
2.000 maravedíes al mes los pilotos y los contramaestres.

1.000 maravedíes al mes los marineros.

666 maravedíes al mes los grumetes.

Aunque tres las tripulaciones eran andaluces en su mayor parte (70 eran vecinos de Palos, Moguer y Huelva) también figuraban 10 vascos y 10 gallegos y un reducido número de extranjeros: un portugués, dos genoveses, un calabrés, un veneciano y un negro africano de Guinea.

Pertenecientes a diversas profesiones, contaba la tripulación con marinos profesionales y con 4 presos redimidos, un intérprete que era judío converso, un físico, un boticario, un platero y un sastre, en realidad era una tripulación reunida con prisa y que, como todos los marineros de la época, estaba formada por hombres superticiosos e ignorantes.
En este primer viaje, hay que resaltar tres importantes particularidades históricas:

1ª – No embarcaron a ningún religioso y a ninguna mujer.

2ª – En la tripulación de la Santa María figuraba Luis de Torres,
intérprete, judío converso, el primer judío en América.

3ª – En la tripulación de la Pinta figuraba Alonso de Palos,
criado de Juan Rodríguez, negro y natural de Guinea,
el primer negro en América.

El 23 de mayo de 1,492, los vecinos de la pequeña villa de Palos fueron convocados en la iglesia parroquial de San Jorge, donde en presencia de Colón y de fray Juan Pérez se leyó la orden real.

El pueblo de Palos era requerido para abastecer y armar dos carabelas, a fin de que Colón pudiera salir donde los soberanos le enviaban. La Corona pagaría por anticipado cuatro meses de sueldo a las tripulaciones, en la cuantía normal para la navegación de altura.


Se consiguieron la Pinta (de Gómez Rascón y Cristóbal Quintero) y la Niña (de Juan Niño).

Seguramente fue Juan Pérez quien atrajo a la causa a los hermanos Pinzón, pertenecientes a una antigua familia de marineros y armadores de Palos. Las tripulaciones afluyeron incluso para la tercera unidad, la nao la Gallega (de Juan de la Cosa), fletada por Colón y rebautizada con el nombre de Santa María. Tanto Santángel como Colón pidieron considerables cantidades de dinero a préstamo.

Mapamundi de Juan de la Cosa de 1500.
El Nuevo Mundo aparece en la parte superior (en verde)
el Viejo Mundo en la parte central e inferior (en blanco).
Una circunstancia que contribuyó a retrasar el viaje fue la expulsión de los judíos. En principio se había decidido que todos los judíos no conversos abandonarían el país antes del 30 de junio, pero la imposibilidad de cumplir dicho plazo hizo ampliar la fecha límite hasta el 2 de agosto.

Los judíos más ricos fletaron barcos en todos los puertos españoles y los cargaron de gente y efectos personales. Quizá los armadores de Moguer y Palos pensaron que podían obtener mayores beneficios si los dedicaban al transporte de judíos, y por ello no estuvieron bien dispuestos a fletar sus carabelas a Colón, quien a menudo se quejó de las malas cualidades marineras de la Santa María. Según las versiones la cifra de judíos expulsados en 1.492 oscila entre 160.000 y 800.000.

Grabado de Colón en Elogia, de 1575
Colón aguardó hasta el último momento la fecha de expulsión, y entonces fijó su salida para el 3 de Agosto. Las tripulaciones subieron a bordo la tarde del día 2 y zarparon de Palos media hora antes del amanecer del 3 de Agosto de 1492.

En las tres naves embarcaron noventa hombres, aunque algunos historiadores hablan de ciento veinte tripulantes:
Maqueta de la nave capitana Santa María.
En la nave capitana Santa María acompañaban a Colón, capitán general, el maestre y propietario Juan de la Cosa y el piloto Peralonso Niño.
Maqueta de la nave La Pinta.
En la Pinta iba el capitán Martín Alonso Pinzón, Francisco Martín Pinzón era maestre y Cristóbal García Sarmiento como piloto.
Dibujo de la nave La Niña.
La Niña era mandada por Vicente Yáñez Pinzón, el propietario de la nave Juan Niño iba como maestre y Sancho Ruiz de Gama como piloto.

Carta del primer viaje de Cristobal Colón.
Cristóbal Colón partió del puerto de Palos el 3 de agosto de 1492 con una tripulación integrada por 90 hombres, aunque varían estas cifras según la fuente, con víveres para tres meses y tres carabelas:

"...En este día sobredicho puso tabla el señor Cristóbal Colón,
capitán de Sus Altezas, del Rey e Reina, nuestros Señores,
para dar sueldo a los marineros e grumetes e gente
que en la dicha armada van, los cuales son los que se siguen:

Marineros:

Primeramente a Sancho Ruiz de Gama, piloto Juan de Moguer, marinero, Pérez, marinero, Alvaro, sobrino de Pérez, marinero, Pero Sánches de Montilla, marinero, Pero Arraes, marinero, Juan. Ruiz de la Peña, Juan Arraes, fijo de Pero Arraes, Juan Martínes de Açoque, Juan de la Plaça, García Fernándes, Juan Verde, de Triana, Juan Romero, marinero de Pero Gonsáles Ferrando, Francisco García Vallejos, Bartolomé Bives, Juan de Medina, Cristóbal García Sarmiento, piloto, Juan Quintero, fijo de Argueta Arraes, Juan Reinal, vecino de Huelva, Bartolomé Roldán, vecino de Moguer, marinero de Alonso López, Maldonado, Martín Alonso,
Sancho de Rama, fiólo Martín Alonso Pinçón y Pedro De Aillón.

Grumetes:

Juan Arias, portugués, Alonso de Guinea, criado de Juan Rodrígues, fijo de Francisco Chocero, Juan, criado de Juan Buen Año, Pedro Tegero, Fernando de Triana, Juan Cuadrado, Miguel de Soria, criado de Diego de Lepe, Diego de Lepe, Rodrigo Gallego, criado de Gonzalo Fuego, Bernal, criado de Alonso, marinero de Juan de Mafra, Alonso de Palos, Martín Alonso,
Pinçón, Andrés de Irueñes, Juan Reynal, Francisco Mendes..."

Tripulación de la nave capitana La Santa María:

Cristóbal Colón – Capitán General
Juan de la Cosa – Propietario y Patrón
Diego de Arana – Contramaestre
Bartolomé García – Contramaestre.
Chachu – Contramaestre
Pedro Gutiérrez – Administrador Real
Rodrigo de Escobedo – Notario.
Juan Sánchez – Médico.
Rodrigo Sánchez – Veedor (de Segovia)
Pedro Alonso Niño – Piloto.
Diego de Salcedo – Sirviente de Colón.
Antonio de Cuellar – Carpintero.
Cristóbal Caro – Orfebre.
Domingo Vizcaíno – Tonelero.
Luis de Torres – Intérprete, judío converso,
el primer judío en América.

Tripulación de la nave La Pinta:

Martín A. Pinzón – Capitán.
Francisco M. Pinzón – Patrón.
Cristóbal Quintero – Copropietario.
Gómez Rascón – Copropietario.
García Hernández – Administrador.
Maestre Diego – Cirujano.
Cristóbal García Xarmiento – Piloto.
Alonso de Palos, criado de Juan Rodríquez,
negro de Guinea – Primer negro en América.

Tripulación de la nave La Niña:

Vicente Yánez Pinzón – Capitán.
Juan Niño – Propietario y Patrón.
Bartolomé García – Contramaestre.
Sancho Ruiz de Gama – Piloto.
Bartolomé Roldán – Aprendiz de Piloto.
Juan Arias – Grumete.
Alonso Morales – Carpintero.
Maestre Alonso – Médico.
Miguel de Soria – Sirviente.
Virgen de los Navegantes por Alejo Fernández entre 1505 y 1536
(Sala de los Almirantes, Reales Alcázares de Sevilla).
Bruno Alcaraz Masáts

sábado, 24 de septiembre de 2011

La Sala de los Secretos de la Alhambra

Fotografía de la Sala de los Secretos en la Alhambra
La Sala de Dos Hermanas, en cuyos sótanos se encuentra la Sala de los Secretos, fue construida por Muhammad V durante la primera parte de su reinado (entre 1354 y 1358) y tenía la función de nuevo Mexuar del Sultán, cuyo trono quedaría emplazado en el mirador de Daraxa o Lindaraja.

Este nuevo Mexuar en la Sala de Dos Hermanas tenía una doble función: representativa y de aparato, ya que este segundo Mexuar tenía funciones administrativas y se hallaba anexo, aunque ha desaparecido.

Cuando en 1362 se inicia la construcción  de esta Sala, no se había construido el resto de salas del palacio de Leones, y aun no existía el patio de los Leones, que debieron edificarse a partir de 1363.

La sala de Dos Hermanas es cuadrada, con techos de lazo y alcobas que comunican con las Habitaciones de Carlos V y, a través de un balcón, con los Jardines del Partal.

La entrada a la sala se realiza a través de un arco semicircular festoneado, que conserva las puertas de madera originales. A través de un pasadizo podemos llegar a los aposentos altos, con techos labrados en el siglo XVI.

Palacio de los Leones - Sección de la Sala de Dos Hermanas - (E 1 200)
donde se observan a la izquierda las bóvedas de los baños árabes y
en el sótano de la Sala de Dos Hermanas, los diversos pasadizos
y en el centro está la bóveda baída de la Sala de los Secretos.
A la cámara del mirador se accede a través de tres pequeños arcos, con mocárabes en los arcos laterales y albanegas labradas en el central y desde sus ventanas podemos tener una vista del Patio de los Leones.

Fotografía antigua, en torno a 1950, del patio de Lindaraja.
La Sala de las Dos Hermanas presenta un espacio central de planta cuadrada, con función de Mexuar o sala del consejo de visires, cubierto con cúpula de mocárabes sobre tambor octogonal, flanqueado por tres salas laterales, y al fondo se abre el mirador de Lindaraja, como sala del trono, desde la que se veía los jardines con su fuente que se hallaban abiertos sobre Granada antes de las reformas del emperador Carlos V y así el sultán podía contemplar la capital del sultanato.
El jardín de Lindaraja desde la Sala de los Secretos
Conocida habitualmente como la Sala de los Secretos, la descripción de esta Sala de los Secretos, curiosamente no se recoge en casi ninguna guía, es la de una estancia dodecagonal,  situada en los sótanos de la Sala de Dos Hermanas y donde los visitantes de la Alhambra se colocaban en los dos extremos de uno de sus doce arcos y pueden mantener una conversación en susurros y nadie, dentro de la Sala de los Secretos, puede escucharla y se accede a ella desde el Patio de Lindaraja.

Plano del jardín de Lindaraja y de la Sala de Dos Hermanas,
y el patio de la Reja en la parte inferior derecha.
El jardín de Daraxa o de Lindaraja, llamado también patio de los Naranjos o de los Mármoles, se levantó entre 1526 y 1538, al tiempo que se construían las habitaciones de Carlos V, en los jardines que ya existían entre el alcázar y la muralla fue remozado en el siglo XVI, que mejor responde a la idea de jardín cerrado como lugar de encantos y delicias, cuenta con cipreses, acacias, naranjos y arbustos de boj, rodeando la gran fuente central de mármol, decorada en su borde con una poesía, al igual que la fuente del Patio de los Leones, y que se colocó en 1626 aprovechando la gran taza que se encontraba en el Patio del Cuarto Dorado. 
Alzada del Palacio de los Leones - Alhambra - Girault de Prangey - Paris, 1837
En arquitectura, una bóveda baída es aquella que está formada por un hemisferio cortado por cuatro planos verticales y paralelos entre sí dos a dos y baída es una palabra de origen árabe, que significa capacete, que según recogió el diccionario de Autoridades de la RAE, de 1729, era un casco de armadura que se adaptaba a la cabeza, para cubrirla de los golpes y cuchilladas, y la Sala de los Secretos tiene esa forma de casco, ya que es una sala cubierta por una cúpula muy oscura de piedra con doce arcos inscritos, con ventanas pequeñas, donde se situa un conjunto de habitaciones con una parte central que es la Sala de los Secretos.

El diseño arquitectónico de su planta es un dodecaedro y su bóveda es de tipo baja, una bóveda baída, dando a la estancia un aspecto de que no tiene mucha altura. Su  bóveda permite transmitir de uno a otro de sus ángulos el sonido, se le supone un uso como sala para la música en época nazarí, y quizá sea éste el laberinto de Creta mencionado en algunos documentos de la Alhambra:

“Y enfrente deste [postigo adentro de la cuadra principal de los Baños] para entrar en el laberinto de Creta hay un postigo nuevo con tableros de nogal y... poco más adelante hay una puerta... que mira al jardín de Daraja”.

En la Alhambra el laberinto de Creta no era un jardín de los palacios nazaríes sino uno de los recintos interiores bajo la Sala de Dos Hermanas.


Sección 4 de los palacios nazaries: Palacio de los Leones.
Sala de Abencerrajes, Patio de los Leones, y Sala de Dos Hermanas
y en los sótanos la Sala de los Secretos y diversos pasadizos - (E 1 200)
El fenómeno de la transmisión es consecuencia casual de la geometría de la construcción o del lugar, como puede ser la Sala de los Secretos de la Alhambra o como la Sala de los Secretos de El Escorial, entre otras salas de los Secretos que hay en el mundo.


Entrada de la Sala de los Secretos en el jardín de Lindaraja,
arriba el balcón de Daraxa, en la Sala de Dos Hermanas.
Estas son algunas de las únicas referencias escritas encontradas sobre la Sala de los Secretos:

El pintor sueco Egron Sellif  Lundgren, hacia 1887.
Bajo el título ''Anotaciones de un pintor'', el libro del pintor sueco Egron Sellif Lundgren, publicado en Estocolmo en 1882, por el editor P. A. Norstedt, et Söner, con el título: En Malares Anteckningar. Utdrag ur Dagböcker och Bref . Italien och Spanien. Tredje Upplagan se recogen las impresiones del artista sueco Egron Sellif Lundgren en la Alhambra y con notas sobre Granada o sus alrededores, que de algún modo completan y ambientan la permanencia del pintor en la Alhambra durante dos temporadas sucesivas, en los años 1849 y 1850.

En este libro se recoge esta anotación que escribió en 1849: 
Egron Sellif Lundgren,
conocido en su epoca como ''el pintor de los ojos''.
Alhambra, junio 1849


‘’Las personas reales, es decir, la hermana de la reina doña Luisa Fernanda y el duque de Montpensier, visitaron la Alhambra y luego se quedaron para un pequeño déjeuner champétre todo el día. Habían prohibido el paso al púíblico, pero como Antoñita se consideraba que no pertenecía al público, consiguió de alguna manera abrirse paso y luego me contó todos los secretos de Estado. Desgraciadamente hablaban a veces en francés, de suerte que esta parte del chisme se perdió. 

En cambio obtuve descripciones más extensas de cómo la Sala de los Secretos había sido arreglada con divanes y cojines de seda, espejos y alfombras turcas y cómo la Infanta había estado locá de alegría hasta dignarse bailar «La cachucha» con castañuelas, vestida de rosa con encajes negros.

Los músicos se habían quedado escondidos en el pequeño jardín de Lindaraja entre los setos de mirto, alrededor de la pequeña fuente, tocando tan dulcemente, que resultaba cosa hechicera y las golosinas que traían de la cocina en vajilla de plata y de cristal eran indescriptibles’’.

Egron Sellif Lundgren - Gitana española.
Cuando en 1862 visitaron Granada los viajeros románticos Gustavo Doré y el Barón Charles Davillier, éste describió Granada y la Alhambra en varios fascículos publicados en 1864 en París en la revista “Le Tour de Monde”, propiedad de la editorial Hachette, y nos dejó escrita esta breve descripción de la Sala de los Secretos, con la curiosidad de que Davillier cambió la ubicación de la misma, situándola en los sótanos del palacio de Carlos V.

Portada del fascículo de "Le Tour du Monde", publicado en 1864,
que contiene esta breve descripción de la Sala de los Secretos.

“Al abandonar el Jardín de Lindaraja, cruzamos la Sala de Secretos, construida bajo el palacio de Carlos V, que fue así llamada por el efecto de sonido producido por la conformación de la bóveda, efecto ya conocido desde la época romana, y que no es raro encontrar en otros edificios de diferentes épocas: uno sólo tiene que susurrar unas palabras en una esquina, y en bajo esa voz se escuchó claramente por la persona que aplica la oreja en el ángulo opuesto”.

En 1878 se publicaría el libro Estudio descriptivo de los monumentos árabes de Granada, Sevilla y Córdoba, del arquitecto conservador de la Alhambra Rafael Contreras, que incluía esta referencia:



‘’…debajo de la de las Dos Hermanas. En la del centro se observa el efecto acústico del sonido que se transmite por el embocinado de las curvas y se repite en los cruceros de las bóvedas, lo cual hizo que esta sala se llamara de los Secretos, único interés que ofrece para ser visitada. En suma, los cenadores no existían en tiempos árabes, y en su lugar había un dilatado jardín, en donde tal vez se hallara el estanque y fuente, con arreglo a las inscripciones de la taza citada’’.

En 1885 se publicó el libro España, sus monumentos y artes – Su naturaleza e Historia (Granada, Jaén, Málaga y Almería) de Francesc Pi i Margall, que escribió esta referencia:

Portada del libro de Francesc Pi i Margall,
publicado en 1885.
’Subsisten aun en la parte inferior del monumento el patio de la Reja, la Sala de las Ninfas y la de los Secretos (1) y el celebrado jardín de Lindaraja…

…la de los Secretos está enteramente renovada, y apenas guarda sino la disposición acústica de sus bajas y misteriosas bóvedas’’.

 (1) Tiene esta sala en cada ángulo un tubo, al cual si se aplica el oído, se oye perfectamente lo que se dice en el ángulo opuesto, por baja que sea la voz con que se pronuncien las palabras. A esto debe el ser llamada Sala de los Secretos''.

En 1892, Don Manuel Gómez Moreno, escribió en su Guía de Granada esta breve referencia:

Plano de los subterráneos de la Casa Real,
según estarían antes de la Reconquista.
(Plano de la Guia de Granada, de Don Manuel Gómez Moreno)
‘’Por aquí se entra en los subterráneos de la Sala de las Dos Hermanas, que son varias galería abovedadas y en medio la Sala de los Secretos, llamada así por el fenómeno acústico que produce la bóveda baída’’.

Guía de Granada de Don Manuel Gómez Moreno (1892)
y  Guía de Granada de Antonio Gallego y Burín (1946)
En 1946, Antonio Gallego y Burín, recogió en Granada, Guía artística e histórica de la ciudad, esta reseña:

‘’Por el lado S. del jardín se penetra en los sótanos de la Sala de Dos Hermanas, grupo de galerías abovedadas en torno a un aposento central llamada Sala de los Secretos porque su bóveda baída permite transmitir de uno a otro de sus ángulos el sonido.

A la derecha de este mismo lado, una puerta comunica con las piezas de servicio de los Baños y, a la izquierda, otra, con arco de herradura paso a unas habitaciones modernas.

La galería E. tiene ventana con vistas a los jardines del Partal, y la N. conduce, por un pasadizo, a la muralla donde se alza la Torre de Abu al-Hayyay’’.

La última referencia escrita aparece en un libro de reciente publicación, en el libro Alhambra, del arabista y escritor Robert Irwing, publicado en Inglaterra en 2004 y editado en castellano por la Editorial Almed en 2010:

‘’Viene después la Sala de los Secretos, una auténtica fábrica de intrigas”.


Para Robert Irwin, escritor y arabista,
uno de los mayores expertos en arte islámico, regresar a Granada 

“es como volver al paraíso”.
''Para un árabe, las paredes de la Alhambra son un libro de piedra”  

LIBRO RECOMENDADO:


Título: La Alhambra
Autor: Robert Irwing
Editorial: AlmED
ISBN: 978-84-15063-03-2

Aunque este libro no sea un estudio sobre la Sala de los Secretos, si es un libro que hay que leer para conocer mejor las claves de la construcción de la Alhambra, el único castillo hispano-musulmán que se conserva en Occidente.

Bruno Alcaraz Masáts