domingo, 31 de mayo de 2015

RECREACIÓN VIRTUAL DEL CASTILLO DE CASTRIL DE LA PEÑA (GRANADA)

Castillo de Castril de la Peña: VIsta del recinto superior.
Introducción del Patronato Provincial de Turismo:
Desde antiguo, Castril ha tenido un gran valor estratégico, sobre todo en el período Nazarí, ya que controlaba el pasillo del Guadiana Menor. 
Esta vía ponía en comunicación las importantes ciudades de Baza y Guadix con la alta Andalucía, sirviendo de vía de penetración y confrontación entre los ejércitos castellanos del norte del Guadalquivir y las tropas Nazaríes.
A mediados del siglo XIII, tras la conquista cristiana de Murcia, se fija la frontera con el reino nazarí de Granada quedando protegida por los musulmanes mediante una sucesión de fortificaciones para control de la región. El Castillo de Castril fue una parte fundamental de esta línea de defensa.
El Castillo de Castril, de origen Almohade, pronto se constituye en el mejor bastión defensivo posible ya que su majestuosa presencia encaramado en la Peña junto a lo abrupto del entorno y el infranqueable cañón del río Castril, disuadían de inmediato al posible invasor. 
El Castillo de Castril es un magnífico exponente de la arquitectura militar del periodo islámico en la Península Ibérica, su control motivó continuas luchas entre árabes y cristianos. En 1488 paso definitivamente a manos de éstos tras la rendición a los Reyes Católicos del último alcaide moro.
Los recintos que componen la fortificación están adaptados a la topografía y definidos por muros y bastiones de los que actualmente quedan pocos restos. A finales de los años sesenta se incorporaron algunos añadidos y fue objeto de restauraciones que no respetaron la traza original y desvirtuaron la imagen de la fortificación. 
La adaptación de las estructuras defensivas a la roca o promontorio en la que se asientan es habitual en las construcciones militares. En Castril esta ‘simbiosis’ alcanza uno de sus mayores exponentes: Peña y Castillo de Castril son un todo perfectamente entrelazado.
La fortaleza está constituida por dos niveles diferentes. El superior estuvo dedicado al ámbito militar en el cual se distingue la parte destinada a la nobleza y la parte destinada al ejército, y el inferior fue para la población civil. 
Distintas torres servían de protección y de puesto de vigilancia ante posibles ataques. 
La restauración finalizada en 2013 sacó a luz los diferentes elementos que constituían la fortaleza: aljibes, la mezquita, torres, murallas, canalizaciones, empedrado, adarve, escaleras, estancias, etc.

Castillo de Castril: Alberca en primer término y acceso a la mezquita al fondo.
Envío para su difusión que me remite Jose D. Lentisco.

http://www.facebook.com/l.php?u=http%3A%2F%2Fcubicacreative.com%2Fportfolio%2Fcastillo-de-castril%2F&h=qAQHAqoXy

En esta ocasión acometimos un trabajo de recreación virtual de un valioso conjunto arqueológico al norte de la provincia de Granada, nos referimos al castillo de Castril de la Peña. Para la ocasión, y ajustándonos a los requerimientos del promotor, nos centramos en la época nazarí del asentamiento (siglos XIII-XV), fase de máxima construcción al interior de las murallas.
El proyecto ha sido dirigido y coordinado por el arquitecto Miguel Valdivia, experto en tecnologías 3D y CGI, quién además se ha encargado de la postproducción. 
Trabajos de guión, textos, documentación y cameraman llevados a cabo por José D. Lentisco. El diseño sonoro ha sido cosa de David Touboul, tanto los temas musicales como las ambientaciones espaciales.
También ha sido indispensable en este proyecto audiovisual la participación del encargado de la última gran intervención arqueológica en el castillo de Castril, Rubén Sánchez Gallego en calidad de asesor científico. Igualmente queremos agradecer la colaboración de su padre Domingo Sánchez García, que nos prestó su rostro y su huerta. 
La narración se la debemos al poeta y actor almeriense Julio Béjar, que dispuso todo su afán en la interpretación de su papel.
También merece una especial mención el equipo del trabajo aéreo llevado a cabo por Klais Visual Tecnologies con uno de sus drones, quienes se encargaron del la fotogrametría y de que fuese posible el levantamiento topográfico del cerro en el que se asienta el castillo de Castril.
En definitiva, se ha concebido un proyecto integral llevado a cabo por un conjunto de profesionales que ha puesto todo su empeño en la consecución de un resultado de gran calidad, fácil difusión, entretenido y didáctico.
No sin finalizar, queremos agradecer desde aquí la confianza depositada en nosotros por el Ayto. de Catril de la Peña, quién nos dejó rienda suelta a nuestra imaginación en muchos aspectos y que nos facilitó todos los medios a su alcance para producción de este shortfilm virtual sobre el Castillo de Castril.

Castillo de Castril. Escena de la vida cotidiana.
Bruno Alcaraz Masáts.

domingo, 15 de marzo de 2015

Voltaire y su Diccionario filosófico:
Los Últimos Moriscos de "El Alpujarra"




François Marie Arouet, más conocido como Voltaire
París21 de noviembre de 1694 –París, 30 de mayo de 1778)


En el Diccionario filosófico, Voltaire define a la historia como «el relato de los hechos que se consideran verdaderos» y la fábula como «el relato de los hechos que se consideran falsos».

Bajo el tema "Gobierno", el filósofo francés Voltaire recogió en su Diccionnaire Philosophique (volumen 19 - páginas 297 y 298) como, durante el reinado de Felipe II, fue descubierto un valle escondido "entre Pitres y Pórtugos, en El Alpujarra", donde el único acceso posible se hacía a través de unas cuevas retiradas de los senderos de paso común de la ruta de la seda granadina, que recorría estas zonas de montaña y la capital del Reino de Granada.

Allí, según indica Voltaire, habitaba una comunidad de nativos, felices, pequeña en número, pobres y humildes. Tenían un idioma raro, que asegura, según la información oral que recibió, era derivado del cartaginés.

Desde tiempos remotos era adoradores de un ídolo de Hércules, al que ofrecían miel, leche y frutas, pero desconocían la existencia de la religión cristiana del Nuevo Evangelio de Hispania y de la judía del Antiguo Testamento de Sefarad, así como de la musulmana de El Corán en al-Ándalus, las tres religiones denominadas "Del Libro", con presencias milenarias en todo el territorio peninsular.

Les descubrió una persona que era familiar de un miembro de Tribunal de la Inquisición de Granada y fue el Gran Inquisidor, al tener conocimiento de ello, quien ordenó que se les quemara sin más indagación que la referente a los nombres, lo cual , según consta en el legajo SPG-1.4253-RG de la Universidad de La Sorbona, se hizo 19 días después, cuando allí llegó una misión inquisitorial compuesta por 3 dominicos, escoltados por tropa armada, y unos hermanos legos cuya habilidad mayor era la capacidad de organizar varias "hogueras de Nuestro Señor, en el tiempo de 7 oraciones".

Comenta Voltaire que la causa de ello no era otra que el simple hecho de que nunca habían pagado impuestos al Estado y que "desconocían la ley del dinero y la palabra del Evangelio".


Texto escrito por Voltaire sobre "El Alpujarra"
en su
Diccionario Filosófico:


GOBIERNO. Algunos de mis lectores sabrán que en España, cerca de las costas de Málaga, descubrieron en la época de Felipe II una reducida población, hasta entonces desconocida, escondida en la fragosidad de las montañas de El Alpujarra. Esta cordillera inaccesible está entrecortada por valles deliciosos, y lo que quizás ignoran mis lectores es que, en la actualidad, todavía cultivan esos valles los descendientes de los moros que obligaron a la fuerza a ser cristianos o aparentar que lo eran.

La referida población habitaba un valle al que sólo se podía llegar atravesando cavernas, y que estaba situado entre Pitres y Pórtugos, en El Alpujarra. Sus habitantes eran casi desconocidos por los moros y hablaban una lengua que no era española ni árabe, que creyeron derivada del antiguo cartaginés. Esa población apenas se multiplicaba. Hay quienes dicen que eso era debido a que los árabes de su vecindad, y antes que éstos los africanos, raptaban las jóvenes de ese poblado.

Ese pueblo miserable, pero feliz, nunca oyó hablar de la religión cristiana ni de la hebrea; conocía algo de la de Mahoma, pero no hacía ningún caso de ello. Desde tiempo inmemorial venía ofreciendo leche y frutas a una estatua de Hércules: en esto consistía toda su religión. Esos hombres desconocidos no eran muy laboriosos y vivían en estado de inocencia, pero llegó un día en que los descubrió un familiar de la Inquisición. 


El gran inquisidor ordenó que los quemaran a todos en las hogueras y éste fue el único suceso de su historia. Las razones poderosas que tuvo el gran inquisidor para dictar tan inhumana sentencia fueron que esos infelices no habían pagado nunca el impuesto, que por otra parte nadie les había pedido que pagaran, y además desconocían la moneda, ninguno tenía la Biblia y nadie los había bautizado. Declarados brujos y herejes, sufrieron el castigo que a éstos se imponía. Este es el peor modo de gobernar a los hombres. 


Diccionaire philosophique
Volumen XIX – Páginas 297 y 298
Voltaire

(Capileira, en el barranco del Poqueira y Sierra Nevada al fondo)

En su artículo titulado "La invención de La Alpujarra", recoge Roland Baumann que lo irónico de Voltaire es que ubicaba su narración durante la época en que las tropas de Felipe II perseguían en la zona a los últimos moriscos, exterminándolos masivamente en su último refugio: las cuevas.

Voltaire en 1718, pintado por Nicolas de Largillière

Aún así, recoge Voltaire que la agricultura de la seda de "El Alpujarra", como la denomina, era un cultivo propio de los descendientes de musulmanes conversos por causa de la fuerza y no de la libre voluntad de elección, pero no recoge la expulsión de los moriscos en el siglo XVII, dato éste que si se consigna en el legajo de La Sorbona.

Bruno Alcaraz Masáts
Publicado en el boletín nº 2 - Abril 1998- de la Asociación Cultural Medina Andalusí.

viernes, 6 de marzo de 2015

El Voto de Tinieblas en la Edad Media:
El Emparedamiento en
las Comunidades De Monjas.



El monasterio de Santa Isabel la Real, en Granada, fue fundado por la reina Isabel la Católica por la Real Cédula de 15 de Septiembre de 1501 para establecerse en la Alhambra, pero la reina Isabel ordenaría su traslado al palacio de los Reyes Moros, que había sido cedido por ella y su esposo a su Secretario D. Hernando de Zafra, al que compensaron con otros edificios en la Carrera de Darro.

Situado en la otra margen del río Darro, en la parte alta del barrio de El Albayzín, el palacio de Dar al-horra o Casa de la Reina, fue la última vivienda de Fátima o Aixa, la madre de Boabdil, el rey Chico, era la reina repudiada por el rey Muley Hacen.

En 1057 era el palacio del rey Badis, y en su interior fue asesinado por las turbas su visir judío Ibn Nagrela. De la belleza del palacio quedan las palabras de Ibn al-Jatib, quien lo describió como "algo sin semejante en tierras de musulmanes ni de infieles".

El llamado voto de tinieblas o emparedamiento en vida era un castigo medieval que permaneció como tradición aplicable en España hasta el siglo XVII y no fue privativo de una zona concreta, dado que era una práctica medieval muy extendida en toda Europa y que se daba en Madrid, en Barcelona, en Sevilla, en Valencia y en Granada, entre otras ciudades españolas, así como en Lisboa, en Rennes, en Lyón, en París, en Génova, en Florencia y en los muros de Roma; si bien, como atestigua Escolano, a partir del Sínodo del obispo Ayala, en 1693, se prohibió tal práctica, que desaparecería definitivamente 74 años mas tarde.

Existieron dos tipos de emparedamiento:

Uno era aquel que, con carácter de castigo, se impuso a determinadas mujeres por sus faltas y delitos cometidos, nada nuevo en la historia si recordamos el caso de las sacerdotisas vestales que en la Antigüedad eran encerradas al haber perdido su virginidad.

El otro tipo se daba en el caso de las mujeres que voluntariamente, con autorización de sus familiares y superiores, decidían adoptar este tipo de vida penitente. Éstas, se retiraban en limitados recintos, a veces en la parte exterior de las Iglesias Parroquiales, dedicadas a la oración y vida contemplativa, manteniéndose con una parca comida que se les suministraba a través de una rejilla. Eran las mujeres beguinas o místicas.

La catedrática de Historia Medieval, Milagros Rivera Garretas, las define así:

"Es una forma de vida inventada por mujeres para mujeres."
"Quisieron ser espirituales pero no religiosas.
Quisieron vivir entre mujeres pero no ser monjas.
Quisieron rezar y trabajar, pero no en un monasterio.
Quisieron ser fieles a sí mismas pero sin votos.
Quisieron ser cristianas pero ni en la Iglesia constituida
ni, tampoco, en la herejía.
Quisieron experimentar en su corporeidad pero
sin ser canonizadas ni demonizadas"

En Granada hay constancia de que hubo emparedadas en las parroquias de San Gil y de Santa María Magdalena, llamada de "los asturianos", ambas hoy demolidas, así como en las iglesias parroquiales del Perpetuo Socorro (sor Ana Bueso), de San Antón (sor Carmen Gaitán), del Salvador (sor Clara Montalbán), situada en el Albayzín, así como en la antigua ermita de San Antón, demolida hoy, situada en la avenida de Cervantes, donde estuvo sor María Toledano, que permaneció emparedada en oración 27 años, como atestiguan las doblas y aniversarios fundados en cada parroquia para mantener a las emparedadas de Granada; en Guadix fue célebre sor Beatriz, que se recluyó en una cueva 32 años y tenía fama de santa y milagrera.

El acuerdo del Consell de la Ciudad de Valencia del 11 de agosto de 1531 por el que se concede a Quiteria de Mora, emparedada, facultad para tomar un palmo y medio de terreno de la calle, junto a la iglesia de San Andrés. También en los muros de San Esteban, estuvo recluida sor Angela Genzana de Palomino, de la tercera orden de San Francisco, durante más de 30 años, hasta que la ruina amenazaba aquella parte del templo donde ella estaba y tuvo que abandonar su voluntaria reclusión.

El padre Rodríguez, en su Biblioteca Valentina, nos habla de los tres emparedamientos de la iglesia de Santa Catalina. Asimismo, hay noticia de su existencia en la desaparecida iglesia parroquial de Santa Cruz, en el barrio del Carmen, antes de que ésta fuera derruida y trasladada al vecino convento del Carmen, carmelitas calzados, en 1842.

A finales del siglo XVI hay testimonio testamentario de cómo sor Magdalena Calabuig, sor Martina Frauca y sor Esperanza Aparisi, vivían emparedadas en la Iglesia Parroquial de San Lorenzo, a quienes iba a confesar el controvertido Venerable Francisco Jerónimo Simó, beneficiado de la parroquial iglesia de San Andrés, lo que indica cómo varió el antiguo sistema de emparedamiento hacía una vida de reclusión en comunidad ya que entre las mujeres emparedadas se elegía a una con el título de Ministra para que hiciera de Superiora.

Así, el uso del término emparedamiento implicaba una reclusión punitiva entre cuatro paredes, como un calabozo o enterramiento en vida; mientras que el término emparedarse hay que entenderlo como reclusión en una celda de penitencia y mortificación de la que tantos ejemplos hay a lo largo de la historia.

El deán de la Catedral de Valencia y rector de la Universidad literaria, José Cardona, escribió en 1693 su Apología por las mugeres que llamaron emparedadas de la ciudad de Valencia,
“provando que estas mugeres que vivian en lo antiguo en reclusiones ó emparedamientos á la parte exterior de las Iglesias Parroquiales de esta çiudad”
que entraban en reclusión no por pena, ni castigo, sino libre y voluntariamente con aprobación de sus parientes y directores espirituales.

Podemos citar casos de Santas Mujeres, como es el de la venerable sor Inés de Moncada que se recluyó en los montes de Portaceli, o el de santa Oria que, recluida, era cantada por Berceo:

“Emparedada era,
yacia entre paredes,
havia vida lazerada…
porque angosta era la emparedación,
teníala por muy larga el su buen corazón…”

Y, además de estos casos de reclusión individual, con el tiempo las reclusiones en comunidad, formando una especie de beaterio, fueron apareciendo en nuestras tierras.

En tiempos del burrianense Martín de Viciana, en un monte de Bocairente, había siete emparedadas con hábito de la tercera orden de san Francisco:

“Hay en un monte alto cerca de la villa un emparedamiento con siete honestas, y venerables mugeres emparedadas. La primera que se emparedo fue Sor Cecilia Ferre: la qual vino del emparedamiento de Santa Cruz de Valencia. Esta casa fue comenzada año 1537. Y en el año 1554 se encerro la primera emparedada en esta Iglesia como título del Monte Calvario”.

También Viciana nos recuerda el emparedamiento de la villa de Onda:

“En la Iglesia hay un emparedamiento donde estan encerradas seis honestisimas mugeres beatas con el habito y regla de San Francisco que son habidas por un dechado de virtud y santidad de vida: y siempre suele haver en este emparedamiento algunas mugeres muy ejemplares, y provechosas para las honradas mugeres de Onda; para rogar al Señor por el bien y conservación de la tierra”.

Quizá el abuso fue la causa de que en el Sínodo del arzobispo Ayala de 1693 se prohibiera en adelante estos emparedamientos; sin embargo, las comunidades admitidas hasta entonces siguieron vigentes y sujetas a visitadores nombrados por el Ordinario, disponiendo que en adelante no se celebrasen misas en sus celdas y encierros, ni aún in artículo mortis. Hoy no queda más recuerdo en el paisaje urbano de tales emparedamientos que los viejos muros de las antiguas parroquias citadas, testigos de un tipo de penitentes que con el tiempo evolucionó hacia beaterios y reclusiones en comunidad de doncellas y viudas.

Acceso al torno del monasterio de Santa Isabel la Real
y cruces que las monjas procesionan en Semana Santa
en actos religiosos que hacen en el claustro de clausura


En los Anales de Granada, que fueron escritos por D. Francisco Henriquez de Jonquera, se narra un suceso de empaderamiento ocurrido en Septiembre de 1615, y dice:

“Hicieron justicia en esta çibdad de Granada de un hombre llamado Gaspar Dávila, torcedor de seda, por haber rompido la cerca de la huerta del monasterio de monjas de Santa Ysabel la Real para sacar a una monja del dicho monasterio o tener que ver con ella, por lo qual fue ahorcado en la plaça llamada Nueba por sentencia de los señores alcaldes de corte de esta Real Chancilleria; y la dicha monja, que por ser de calidad no la nombro, fue mandada emparedar viva en el dicho monasterio, amén otros rigurosos castigos que le mandó dar su religión”.

"por lo qual fue ahorcado en la Plaça llamada Nueba..."


En el Archivo de la Curia de Granada hay un documento sin portada y con el epígrafe "Usos y costumbres viejas", fechado en 1715, y del que se desconoce a que parroquia, iglesia o monasterio perteneció, que recoge en el folio IV-aB:

“Tened en cuenta que es costumbre vieja en las comunidades de monjas emparedar y dejar morir de hambre y asfixia a la profesa que viola o rompe las reglas, especialmente el voto de castidad.
¿Has olvidado el cementerio infantil que hay un poco más allá?”.

También queda recogida en los Anales de Granada otra arte de matar, llamada encubamiento, que se le practicaba a los habitantes de la ciudad:

“En Noviembre de 1611, cuando se demostró que una muxer havía envenenado a su marido con arsénico para casar con otro hombre, se la encubó con un gato y un perro y se la echó al río para cumplir con la ley; después, la sacaron, se le dio garrote vil junto a la fuente del río Genil, en el lugar que llaman del Humilladero, y la sepultaron en el cementerio de la iglesia parroquial
de Nuestra Señora de las Angustias”.

Artículo publicado el 13 de Octubre de 2006 en la edición internacional de la revista "El Correo de la UNESCO".

Bruno Alcaraz Masáts

domingo, 22 de febrero de 2015

RESTAURACIÓN DE LOS BAÑOS REALES
DEL PALACIO DE COMARES.

La Alhambra descubre técnicas medievales en las cubiertas de los Baños Reales.

La intervención en el hammam, el único conjunto de estas características que se conserva íntegro en Occidente, tiene un plazo de ejecución de 26 meses y un presupuesto de 1.257.304,47 €.

La intervención en las bóvedas de los Baños Reales del Palacio de Comares de la Alhambra,
los únicos de estas características que se conservan íntegros en Occidente.
La Alhambra sigue sorprendiendo. Ahora, con la intervención en los Baños Reales del Palacio de Comares, en el mismo ‘corazón’ del Monumento, donde ha comenzado la restauración de sus cubiertas abovedadas. 



Esta mañana, la directora general del Patronato de la Alhambra y Generalife, María del Mar Villafranca, ha realizado una visita de obra para supervisar el estado en el que se encuentran las bóvedas que cubren este hammam o Baño Real construido por el sultán Ismail I (1314-1325) en el siglo XIV y continuado por Yusuf I (1333-1354), y el único que se conserva íntegro en Occidente.

La intervención en las cubiertas abovedadas ha sacado a la luz detalles decorativos y técnicas artesanales originales:


“la Alhambra sigue desvelándonos nuevos secretos. Hemos encontrado el recubrimiento
original de una de las bóvedas que cubrían estos baños. Es muy interesante este registro
por la maestría con la que se hizo el acabado de las cubiertas, con detalles decorativos
originales, que demuestran el gran oficio con el que los artesanos nazaríes
trabajaron en estas piezas. Este hallazgo nos va a permitir seguir investigando 
sobre las técnicas de construcción que se utilizaron en este periodo”, 
ha asegurado Villafranca.

Por su parte, el director técnico de la restauración, el arquitecto granadino Pedro Salmerón, ha detallado que la intervención pretende solucionar los problemas de conservación de las bóvedas, motivados fundamentalmente por la infiltración de aguas pluviales:



“el proyecto se va a centrar en el sistema de cobertura y el revestimiento interior de las
bóvedas hasta llegar al nivel del zócalo, cuyo tratamiento se reserva para
una restauración posterior a cargo de los talleres del Patronato de la Alhambra 
y Generalife. Destaca, especialmente, la intervención que se va a realizar en las lucernas,
tanto para mejorar su funcionamiento y protección como para favorecer 
la ventilación controlada del baño”.



Asimismo, para completar el trabajo, se está llevando a cabo 

“un minucioso proceso de documentación sobre la materialidad del baño, que incluye 
el análisis de intervenciones de restauración, así como de los materiales y productos 
de alteración que se utilizaron en épocas anteriores. 

Además, el análisis en laboratorio permitirá conocer la idoneidad o no de los materiales 
utilizados y la época de su aplicación, a través de la comparación y el conocimiento 
de otros recintos del Conjunto Monumental y los criterios restauradores de cada periodo”, 
ha explicado Salmerón.



La intervención tendrá un plazo de ejecución de 26 meses y un presupuesto de 1.257.304,47 €. El Servicio de Conservación y Restauración del Conjunto Monumental va a ejecutar esta obra, junto a un equipo técnico multidisciplinar , en el que además de Pedro Salmerón, participan una veintena de técnicos, entre los que se encuentran el también arquitecto Diego Garzón Osuna; la arquitecta técnica María Cullel; la historiadora del Arte Rosa María Pérez de la Torre; la arqueóloga Ana Palanco; la jefa de Restauración del Patronato de la Alhambra y Generalife, Elena Correa, el conservador del Patrimonio Arqueológico del Monumento, Jesús Bermúdez, y la empresa Construcciones Dávila.



La responsable del Conjunto Monumental, además, ha destacado que dado que el baño es un espacio con un conjunto de tonalidades “muy complejo, pero equilibrado”, este equipo va a realizar un estudio cromático de los revestimientos interiores con el fin de facilitar la reposición de estos acabados:

“Para ello, se han colocado numerosas muestras de color, realizadas in situ con acuarela, teniendo muy en cuenta los factores de iluminación y horario que van ofreciendo cambios 
muy marcados a lo largo del día. Este estudio nos dará información de mapeo
de los diferentes morteros que cubren las bóvedas”.



Las cubiertas de los Baños de Comares están formadas con bóvedas de fábrica de ladrillo, revestidas interiormente con un mortero coloreado (originalmente de cal), intervenido a lo largo del tiempo. 

Estas bóvedas tienen

“unas lucernas cerámicas cerradas por óculos de vidrio de ejecución reciente y distinta 
factura, debido a reparaciones o reposiciones sucesivas”

según apunta el arquitecto conservador de la Alhambra, Francisco Lamolda.

Durante la visita de obra, la responsable del Monumento nazarí ha confesado que ha sido:

“emocionante sentir el peso de la historia en este Baño Real, que es el único que se ha
conservado prácticamente íntegro en Occidente, tomado por la cultura islámica
de las antiguas termas romanas y que pronto se convirtió en un elemento
fundamental en el mundo musulmán”.


En lo que respecta a su cronología, las cámaras abovedadas se atribuyen al periodo correspondiente a Ismail I (1314-1325), mientras que la Sala de Reposo, también conocida como de las Camas, se enmarca en el reinado de Yusuf I (1333-1354). 

Al Baño, se accedía por el Patio de Arrayanes atravesando la puerta que aún se conserva, mientras que la entrada a la caldera se realizaba de forma independiente.

El Baño Real de Comares es uno de los conjuntos más completos y antiguos de la Alhambra. 

Además, constituye un ejemplo excepcional, debido a su carácter privado y su vinculación a un palacio.



Dedicado a la higiene y el placer, su organización es heredera de los balnea o balneum romanos, solo que en este caso se prescinde del frigidarium y su piscina por ser ajenos a la costumbre musulmana.

Esencialmente, se trata de un baño de vapor compuesto por las siguientes estancias: 
  • Sala de vestuario y masajes o bayt al maslaj (Sala de las Camas)
  • Estancia previa a la zona central del baño o bayt al-barid, provista de una pila de agua fría. 
  • Sala templada o bayt al-wastani (Tepidarium) 
  • Sala de calor o bayt al-sajún (Caldarium)




A lo largo de su historia, las cubiertas de los Baños Reales han sido intervenidas en múltiples ocasiones. En la primera mitad del siglo XVI, destaca la ejecución de vidrieras blancas y de colores por Arnao de Vergara en 1538, maestro que también trabajaba en la Catedral de Granada.

Durante este periodo también se documentan otras intervenciones para dar respuesta a la delicada situación de las cubiertas. Sin duda, la más llamativa es la ocasionada con motivo de la onda expansiva originada por la explosión del taller de un polvorista situado cerca de la Iglesia de San Pedro, en el Valle del Darro, en 1590.




En los siglos posteriores, la presencia de filtraciones, estancamientos y humedades determina el mal estado de conservación de las cubiertas del Baño.

El “padre” de la Alhambra moderna, el arquitecto Leopoldo Torres Balbás, centra su intervención en la alcoba, retrete y escalera de bajada a la Sala de las Camas en 1926, así como en las cubiertas. 

A finales del siglo XX, se limpian las cubiertas y se realizan trabajos de mantenimiento y reparación, y en el siglo XXI se interviene en las lucernas.



Así, en 2003, los trabajos se centran en la sustitución de buen número de soportes metálicos para la sujeción de los vidrios de las lucernas.

Recientemente, los talleres de restauración de la Alhambra han intervenido en la cerámica de la Sala de las Camas.


Publicado en diario IDEAL de Granada - 20-febrero-2015.

Reportaje fotográfico de Ramón L. Pérez.

Bruno Alcaraz Masáts.

jueves, 19 de febrero de 2015

Nuevo Atrio de la Alhambra
Puerta Nueva


FICHA TÉCNICA PREVIA:

  •  Arquitectos: Alvaro Siza, Juan Domingo Santos
  • Ubicación: 1066 Granada, 18009 Granada, España
  • Ingeniería: GOP Engenharia
  • Ingeniería Industrial: Abacus Engineers
  • Arquitectos Técnicos: Jose Navarro Navarro
  • Agrónomo E Ingeniero Forestal: Rafael Navarro M., Enrique Deckler
  • Renders: LT Studios
  • Área: 5700.0 m2
  • Fotografías: Alvaro Siza Vieira + Juan Domingo Santos; Rendering by LT Studios, António Choupina
  • Cita: Rosenfield, Karissa. "Álvaro Siza + Juan Domingo Santos diseñarán “Nuevo Atrio de la Alhambra”" [Álvaro Siza + Juan Domingo Santos Design “New Gate of Alhambra”]
04 Jun 2014. Plataforma Arquitectura. (Trad. Valeria Vega) Accedido el 19 Feb 2015.

ATRIO DE RECEPCIÓN PARA VISITANTES


La estructura arquitectónica de la Alhambra es el resultado de superponer una geometría regular sobre un territorio con topografía. En el inicio la de los Palacios Árabes, ortogonal y doméstica, configurada por una secuencia de patios cerrados comunicados entre si, y más tarde la del palacio de Carlos V, una maravillosa construcción en torno a un patio rotondo dispuesto sobre la estructura urbana islámica. Tanto una arquitectura como otra representan la ocupación de un territorio mediante la implantación de una geometría de llenos y vacíos.

Al iniciar una intervención junto a la Alhambra el proyectista se siente dividido entre la fascinación por su arquitectura, y como evolucionó con el tiempo, y el deseo de desinhibición presente en el proyecto de Machuca para el Palacio de Carlos V.

Mas ésta es una intervención diseñada en un contexto de radical transformación, símbolo de un profundo cambio de Poder.

Se pretende ahora y sobre todo ordenar accesos y servicios complementarios de calidad, abiertos a un gran número de visitantes para los que la Alhambra es un mito y el deseo de visitarla universal.
La Nueva Puerta de la Alhambra deberá encuadrarse en un delicado equilibrio entre Naturaleza y Arquitectura que el Tiempo no ha comprometido aún.

El Palacio de Carlos V constituye una evidente y radical expresión del nuevo Poder. La maestría del arquitecto permitió que un cuerpo aparentemente extraño a lo que era la Alhambra, de expresión autónoma y de tan diferente escala, aumentara sus cualidades –transformando pero no rompiendo o disolviendo, sino recreando el carácter de un complejo arquitectónico no fragmentable. Y lo hizo por la articulación entre dos expresiones, basándose en continuidades internas y externas, o discontinuidades, y en itinerarios y espacios abiertos de diferente escala.

Es ese principio de continuidad deshinibida, aunque en un contexto histórico diferente, el que conduce el desarrollo del proyecto, y un proceso de impregnación-liberación basado en el “espíritu del lugar” y en la actual exigencia del programa.

(Fragmento extraído de la memoria del proyecto)

Álvaro Siza Vieira - Juan Domingo Santos.

La localización estratégica del futuro Atrio de la Alhambra, entre los aparcamientos y el acceso al conjunto monumental por el Paseo de los Cipreses, forma parte de un soporte topográfico y paisajístico muy marcado por las sucesivas culturas históricas a lo largo de varios siglos desde su fundación nazarí.

En la convergencia de las dos líneas de agua que, a Norte y a Sur, delimitan el magnífico promontorio amurallado de la Alhambra. En este lugar confluyen todos los visitantes, en su mayoría, llegados en vehículos que se ordenan en las vastas plataformas de estacionamiento público del futuro Atrio.


Todo el sistema topográfico al Este de la colina de la Sabika, sobre la que se asienta la Alhambra, se distingue por un tipo de ocupación en plataformas escalonadas de las cuales las extensas áreas de aparcamiento son las más recientes.

Estos cerros con sus pendientes acentuadas son originalmente construidos con todo el sistema vital de abastecimiento hidráulico a la Alhambra que se traducen en geometrías de plataformas excavadas y construidas entre depósitos y acequias subterráneas o a cielo abierto, albercas, aljibes o simplemente plataformas de cultura agrícola o de jardines y edificios de El Generalife.

Los nuevos contornos construidos interfieren con el soporte geográfico natural, geometrizando curvas de nivel, creando nuevas plataformas y volúmenes, introduciendo otros materiales y texturas entre planos de agua, cubiertas inertes o verdes.


Este paisaje construido a lo largo del tiempo caracteriza el Cerro del Sol y sus laderas.

Es, de alguna manera, distinto del paisaje intramuros de la Alhambra, bastante más denso de jardines, palacios, fortificaciones, medinas, es decir, de una arquitectura y de un paisajismo fuertemente sensorial pero también más urbano y cosmopolita.

Hay una relación histórica vital entre estos dos paisajes que contemporáneamente se retoma.
Así como del Cerro del Sol y sus laderas llegaba entre otros el vital abastecimiento de agua de la Acequia del Generalife, hoy en este mismo particular paisaje convergen los flujos, igualmente vitales, de los nuevos nómadas del turismo cultural.

Para quien llega y se detiene dispuesto a iniciar la deseada visita es sugerente poder intuir o descubrir, a partir de su tiempo actual, ese paisaje específico en todo su espesor temporal e histórico.


El objetivo es trasformar la secuencia de llegada, la acogida y la iniciación de la visita en un dispositivo topográfico, paisajístico y arquitectónico: el Atrio. Bajando de las paratas de aparcamiento el descubrimiento de una plataforma topográfica, de una excepción geometrizada en la pendiente natural, es una singular textura en el paisaje, apropiable y practicable.

La intervención es topográfica no un edificio que llena el paisaje una lectura, en primer lugar, de una topografía, como fue la elección del posicionamiento de la propia Alhambra.

Jugando con zonas aterrazadas (grandes jardines, plataformas) se crea un mundo-entrada a un espacio habitado, sin consecuencias exteriores. Se interviene sin imponer una nueva presencia donde la historia con su peso ya inscribió su larga existencia. La amplia rampa que lateraliza el nuevo Atrio y la estrecha grieta en el terreno, revelan progresivamente una tectónica potente que construye paisaje a medida que va anunciando una apelativa interioridad.

Dos muros ciclópeos penetrables convergen en una residual e improbable bóveda. Como robustas raíces de un jardín suspendido, se intuye una espacialidad habitable que nace de ese suelo específico en demanda de un cielo.


En el límite de la memoria, se excava el espacio y la luz y, con ella, la espesura del tiempo. Se proyecta con libertad a partir de espacios de centralidad, diseñando un espacio preciso, que en la historia corresponde a una indiferencia en el resultado volumétrico que aquí se mantiene con la libertad de la sustracción sin una matriz exterior. 

Una amplia plaza (75×30m) porticada en su perímetro, reconocible desde el primer instante, caminando sobre una textura de pavimentos recortados por finas juntas de agua subterránea, se articula en uno de los lados con un hipogeo girado y cuadrado también accesible desde el exterior por una grieta vertical, ahora abierta al cielo. 

A la matriz espacial claramente horizontal del atrio central, se contrapone una retícula variable de registro vertical constituida por un sistema de cúpulas que van a crear ámbitos autónomos e identificables de conjuntos programáticos que serán predispuestos con gran flexibilidad en el pavimento central como un cielo construido.


El uso del sistema de cubierta modulado, nos referencia claramente al mundo de los techos y cubiertas de la Alhambra, eligiéndose éste como uno de los aspectos más relevantes de la visita del monumento. Prácticamente muda en el exterior, espectacularmente rica en el interior, el análisis de la espacialidad de la Alhambra como conjunto se concentra en su interior. 


La sucesión de diferentes espacios, caracterizados por sus artesonados y abovedados produce esa sensación de independencia espacial y riqueza arquitectónica que envuelve al visitante en todo el conjunto, concentrando principalmente el protagonismo en sus techos. El hecho de percibir la Alhambra como una sucesión espectacular de cielos exteriores y “cielos interiores”, estimula el empleo de un sistema basado en elementos de cubierta, que confieren un lenguaje altamente plástico hacia el interior.


Un único elemento como la cubierta, con la fuerza plástica de cada módulo que la conforma, es capaz de generar una secuencia espacial que recuerda la sucesión característica de la Alhambra de espacios independientes. El interior del Atrio se constituye en un espacio continuo de gran profundidad donde, sutilmente, se puede percibir cómo los elementos de cubierta determinan las diferentes partes del programa. Mediante el uso de celosías y mobiliario se insertan las diferentes partes públicas del programa. 


La secuencia de espacios es capaz de conducir al visitante por un recorrido de diferentes escalas y, por tanto, de diferentes sensaciones y sonoridades. La vivencia de este rico interior se completa en el modo en que el mismo se relaciona con el cielo o, en otras palabras, cómo el cielo se derrama en su interior. Una dispersión de patios de distintas dimensiones ocupando los mayores extremos del Atrio convive con un extenso cribado de agujeros luminosos que introducen una luminosidad más extensiva y vibrátil entre columnas de luz y reflejos en las cúpulas y pavimentos. 


El propio movimiento sobre la plataforma practicable proyectando sombras movedizas puede provocar un efecto luminoso centelleante. En esta conexión vertical perforada con el cielo, su luz es vital en la vivencia temporal de estos espacios. El sonido del ajetreo de los visitantes amortiguado en las cúpulas completará la experiencia emocional de la visita al Atrio de la Alhambra.


Como movimientos de este nuevo nomadismo, las personas, individual y colectivamente, demandan la experiencia de la Alhambra por diversas razones y motivaciones. De los más apresurados y distraídos, apenas movidos por la atemporalidad del entretenimiento, a los más atentos y sensibles, quién sabe si buscando experiencias creativas y trasformadoras, todos transitarán por el futuro Atrio.

¿Qué tipo de vida habitará estos espacios?



El proyecto propuesto pretende crear las condiciones posibles más estimulantes. 

La especialidad sensorial, la atmósfera vibrante y arquitectónica de la propuesta, pueden invocar la espesura de un tiempo de inmersión en la experiencia fascinante de vivir más intensamente el viaje al monumento de la Alhambra, o a su “momentum” en toda su plenitud.

Mi agradecimiento especial para Blanca Fernández Rooney, arquitecta, por su inestimable ayuda.

Bruno Alcaraz Masáts