sábado, 8 de febrero de 2014

El Aljibe de San Miguel Bajo

Iglesia de San Miguel, con las dos portadas de entrada,
el campanario como eje central
y, a la izquierda, el aljibe de San Miguel bajo.

Los Reyes Católicos obtuvieron del Papa Inocencio VIII, el derecho de patronato sobre las iglesias que edificasen en tierras ganadas a los musulmanes y así se instituyeron las iglesias parroquiales de Granada, donde la mayoría de la iglesias parroquiales de barrios de El Albayzín y El Realejo se fundarían en virtud de esa Bula del Papa Inocencio VIII, fechada en Roma el 15 de Octubre de 1501.

Estando entre ellas la Iglesia de San Miguel, situada en la Plaza de San Miguel bajo, junto al Monasterio de Santa Isabel la Real o Dar-al-Horra, el antiguo palacio de los sultanes ziries, ésta se erigió sobre una antigua mezquita, cuyo nombre se desconoce, que tenía un aljibe que se conserva anejo a la iglesia y que pertenecía a la mezquita demolida.

Fotografía de 1949 de la Plaza de San Miguel bajo.
Asistida en sus principios por los Hermanos Trinitarios y tendría una importancia e influencia relevantes en el barrio del Albaicín, al ser ésta la zona más poblada, dada la proximidad de la antigua Audiencia.

Fue edificada en el solar que hasta entonces ocupaba una mezquita y su construcción se ejecutó en dos fases, identificables por las distintas soluciones con las que cierra su cubierta aunque sin perder su unidad espacial.

Grabado de la plaza de san Miguel bajo, de Juan B. Olalla Rodriguez.
La primera, entre los años 1528-1539, en pleno auge del renacimiento, comprendería la capilla mayor y los dos primeros tramos, siendo realizada por el maestro mayor Antonio Fernández y el maestro carpintero Gil Martín.

La segunda parte, la de los pies, se ejecutaría entre los años 1551 a 1556, siendo sus artífices el maestro albañil Alonso de Villanueva y al maestro carpintero Gabriel Martínez.

La portada, un diseño atribuido a Diego de Siloe, sería tallada por los canteros Juan de Alcántara y Pedro de Asteasu.

Plaza de San Miguel, donde los niños cambiaban tebeos de Hazañas Bélicas
y del Capitán Trueno y las niñas, al fondo, jugando junto al aljibe
Fotografía de M. Cascales hacia 1955.
La iglesia de San Miguel quedó recogida en documentos sobre el estudio y desarrollo de la nueva Granada cristiana que surgió a partir de 1492, donde figura en dos de ellos:

Gozo al Arcángel San Miguel, que se imprimió a dos cuartos y
que se vendía a toda España desde la Librería de la Viuda e Hijos
de R. Mariana y Mompié, esquina a la Lonja, 2, antes 6.
  • Civitates Orbis Terrarum fue un proyecto editorial concebido como un complemento al atlas del mundo de Abraham Ortelius, Theatrum Orbis Terrarum (1570)
Civitates Orbis Terrarum

1 – San Cristóbal 
2 – San Andrés 
3 – Los Theatinos
19 – Iglesia Mayor

  •  Historia eclesiastica, principios y progressos de la ciudad, y religion catolica de Granada, Granada, 1637.
Historia eclesiástica

San Miguel III 5: Parroquia 15

  • La Plataforma de Vico, también denominada Plataforma de Granada, es un plano de Granada trazado y dibujado por Ambrosio de Vico en la última década del siglo XVI y grabado por Francisco Heylan hacia 1613 y por Félix Prieto en 1795. Documento éste donde se enumeran muchas más Partidas: 242 en total.
Plataforma de Vico 

G – Iglesia de San Miguel

Portada del aljibe de arco de herradura del aljibe de
San Miguel Bajo, situada en el lateral Oeste.
Junto a la portada lateral, en su fachada Oeste, abierta en el muro del Evangelio realizada por Pedro Asteasu, se encuentra uno de los 26 aljibes del Albayzín andalusí y 1 en el antiguo barrio judío de El Realejo y 1 entre la Capilla Real y la Lonja. 

Con obra del siglo XIII, el aljibe de san Miguel bajo posee portada de arco de herradura muy apuntado sobre fustes de columnas romanas, perteneciente a una antigua mezquita de nombre desconocido.

Postal en color de una perspectiva de la plaza donde se ve, en primer plano,
al Cristo de las Azucenas, conocido como el Cristo de las Grapas,
y la fachada Oeste de la iglesia de San Miguel.
Postal fechada en 1950.
El aljibe (del árabe hispano algúbb, y éste del árabe clásico gubb), es un depósito destinado a guardar agua potable, procedente una acequia de las acogidas, habitualmente, que se conduce mediante canalizaciones o de la lluvia recogida de los tejados de las casas y que normalmente es subterráneo, total o parcialmente, y que no  debe ser confundido con tinaja: depósito destinado a transportar líquidos.

Suelen estar construidos con ladrillo unido con argamasa, donde las paredes internas suelen estar recubiertas de una mezcla de cal, arena, óxido de hierro, arcilla roja y resina de lentisco, para impedir filtraciones y la putrefacción del agua que contienen.

Durante siglos era la única fuente de agua potable para El Albayzín y en la Granada andalusí se convertiría en la única forma de abastecer un barrio entero, que en el caso de El Albayzín constituía su núcleo de población más importante, como sucedió en la época musulmana en el histórico barrio del Albayzín de Granada; construcciones que hasta hace unos años aún seguían en uso.


Fuente de Aynadamar, donde arrancaba el agua de la acequia de Aynadamar,
que aportaba el agua a los 26 aljibes del barrio de El Albayzín,
a 11 kilómetros, desde el pueblo de Alfacar.
La acequia de Aynadamar (término que viene del árabe عين الدمعة "Saqiyat ayn ad-dama'a" y está compuesta por عين ʿayn ("ojo" y, por extensión, "manantial" o "fuente") y دمعة "damaʿa" ("lágrimas") aportaba el agua a los 26 aljibes de El Albayzín.

El aljibe de San Miguel recibía el agua del aporte de agua al aljibe del Rey, de donde surgían dos ramales de la acequia de Aynadamar:

El primer ramal aportaba sus aguas en el aljibe de San Miguel Bajo y en el aljibe de Oidores.

El segundo ramal pasaba por el aljibe del Zenete, el aljibe de San José y terminaba en la Placeta de Pomar.

Este aljibe de san Miguel bajo se describe de manera breve en el Plano Guía del Albayzín Andalusí, publicado en 1995 por El Legado Andalusí y escrito por Antonio Almagro, Antonio Orihuela y Carlos Sánchez, con esta descripción:

Fotografía del estado actual de la plaza de San Miguel bajo,
donde la cruz del Cristo está ubicado en el extremo opuesto
que antes ocupaba, con la fachada oeste de iglesia
de San Miguel y el aljibe a su izquierda.
Como la mayoría de los aljibes del Albayzín recibía el suministro de la Acequia de Aynadamar (Saqiyat `Ayn al-Dama`), que conducía el agua desde la Fuente Grande, situada en Alfacar a unos 10 km. de Granada.

Este aljibe debió pertenecer a una antigua mezquita que fue derribada en 1528 para construir la Iglesia de San Miguel Bajo.

Tiene una capacidad de 90 m3 y consta de una especie de callejón de directriz quebrada cubierto con bóveda de medio cañón y una amplia sala con pilar central, que se cubre mediante cuatro bóvedas de medio cañón.

La portada exterior tiene arco apuntado de herradura enmarcado por alfiz que se sustenta en dos columnas romanas reutilizadas.

Su construcción ha sido atribuida al siglo XIII.

 
Alzados de la planta exterior e interior del aljibe de san Miguel bajo.
El aljibe de la antigua mezquita de san Miguel bajo, dispone de una cisterna con capacidad para almacenar 90 metros cúbicos de agua, data del siglo XIII, al comienzo de la dinastía nazarí, posee una portada de ladrillo visto y un arco de herradura muy apuntado que descansa sobre columnas de piedra reutilizadas de origen romano.

Un arco rodea y corona la portada con la finalidad de evitar que el peso de la fachada de la iglesia caiga sobre el mismo. Su composición arquitectónica, que incluye dos pilastras romanas, lo convierte en uno de los aljibes mejor estudiados. 

Seccion B del aljibe de san Miguel bajo.
El interior del aljibe, está cubierto su suelo con baldosas de barro cocido de tres tipos, presenta dos zonas distintas con unas medidas de 4,84 y 5,53 metros, siendo su altura de la cisterna y pasadizo de 2,99 metros:



Secciones A y C del aljibe de San Miguel bajo.


Fotografía del primer tramo de la bóveda del aljibe de San Miguel bajo.
1 -  Una zona forma un callejón de directriz quebrada de 4,84 metros de longitud cubierto por tres bóvedas (una de medio cañón, la segunda de cuarto de cañón, y la tercera esquifada en uno de sus testeros) de ladrillos que aún conservan el enlucimiento y que en uno de los trechos de la cubierta cuenta con un agujero redondo para sacar agua desde el interior de la iglesia.

Fotografía del segundo tramo de la bóveda del aljibe de San Miguel bajo.
2 - La otra zona es una sala casi rectangular (5,53 metros de lado) que cuenta en el centro con un pilar rectangular, y esta zona está cubierta por cuatro bóvedas de medio cañón que se cortan entre sí en las diagonales, también de ladrillo enlucido y solerías de barro cocido, y cuya boca lo forma un arco escarzado.

Columna central de la cisterna del aljibe de San Miguel bajo.
En el interior del templo, bajo la segunda capilla del lado izquierdo, que antiguamente estaba dedicada al Cristo de la Paciencia, y en la actualidad lo está al Cristo de la Veracruz, donde hay un Cristo nazareno con el que la Hermandad realizaba sus Vía Crucis cuaresmales hace años, es más elevada al alzarse sobre el antiguo aljibe y, en esta capilla, se evidencia la parte superior de una bóveda del aljibe de San Miguel.

La bóveda del Aljibe de San Miguel Bajo que penetra
dentro de la Iglesia en una de sus capillas laterales.
Bruno Alcaraz Masáts.

sábado, 1 de febrero de 2014

El Guardián de San Francisco
(Tradición granadina)

Convento de Santa Cruz, iglesia Santo Domingo o de Santa Escolástica.
En la sacristía del convento de Santa Cruz de Granada, hoy parroquial de Santa Escolástica, veíase hace algunos años (no sé si existirá a esta fecha) un lienzo ya bastante oscuro y deteriorado, pero que a pesar de todo dejaba adivinar la destreza del pincel que lo creó, encerrado en una de esas molduras doradas y sobrecargadas de adornos de pésimo gusto que tanto abundan en el interior de los templos.

Aquel cuadro, como otros muchos de los que pasan desapercibidos ante los ojos del viajero que visita los monumentos granadinos, tiene su historia particular. Representa un anciano religioso de la orden de San Francisco, de ojos hundidos, pómulos salientes, nariz aguileña y demacrado semblante.

Es pura y simplemente un retrato; pero hay tal dulzura en sus labios descoloridos, tal humildad en sus ojos y tal misticismo en todo su conjunto, que muchos han creído ver en él una efigie del santo fundador de aquella orden, a quien el artista, por uno de tantos caprichos, hubiese suprimido las manchas  sangrientas en el costado y en las manos que sirven de distintivo a San Francisco de Asís. Sin embargo, no es su imagen la que está representada en aquel lienzo; es la de uno de sus prosélitos, digno émulo de su maestro.

Imagen de Santa Escolástica.
He aquí su historia.

En la estrecha y desigual plazuela que media entre la llamada del Realejo y las tapias que rodeaban el compas del convento de Santa Cruz, había por los años 1708 a 1710 una casa de gran apariencia, perteneciente a don Guillen de Acuña, anciano caballero que había ocupado uno de los mejores puestos en la corte del rey don Carlos II; pero a la muerte de aquel débil monarca, no quiso mostrarse partidario del duque de Anjou, y unido esto a encontrarse cansado de las intrigas palaciegas, retirose a Granada, su patria, para dedicarse por completo a la educación de su hijo único, y por lo tanto heredero de su ilustre nombre y su pingüe fortuna.

Pero al cabo de algunos años pudo convencerse el bueno de don Guillen de que había perdido lastimosamente el tiempo; pues en la época a que nos referimos, el joven don Andrés de Acuña, que era ya un apuesto mancebo, bien por efecto de su natural carácter, bien porque la misma educación recibida hubiese halagado su vanidad y amor propio, era uno de los jóvenes mas desenfrenados de la ciudad, habiendo ya creado fama con sus continuas pendencias y locuras.


Débil el padre para contenerle, satisfacía todos los caprichos del hijo sin atreverse a sostener con él una polémica seria; contentándose con gruñir (o este cuadro, según se nos ha informado, se hallaba en la iglesia del convento de San Francisco, pasando al lugar que hemos indicado, al ser demolido aquel templo de Santa Escolástica) entre dientes cada vez que pagaba una nueva deuda contraída por aquel o que llegaba a sus oídos la noticia de otra hazaña; en tales términos, que raro era el día que no tenía don Guillen algún entuerto que enderezar ó algún agravio que desfacer.

Mientras tanto don Andrés continuaba su vida de disipación y crápula, gastando el oro a manos llenas en orgías y bacanales con otros jóvenes tan libertinos y procaces como él, sacando la tizona a cada momento por un quítame allá esas pajas, y teniendo, como quien dice, en un puño a todo bicho viviente.

Pero como al fin y a la postre no hay persona que no dé con la horma de su zapato, he aquí que también nuestro héroe dio con la suya cuando menos se figuraba.

En la calle de Elvira, muy cerca del pilar del Toro, habitaba una joven viuda de hermoso rostro y gallarda presencia, y hubo de prendarse de ella don Andrés y pasear su calle, sin considerar que aquella dama tenía un amante a quien no había de gustar ver moros en la costa. Resultó, pues, lo que era consiguiente; riñeron ambos rivales delante de la casa de la bella, y con tan negra fortuna aquella vez para nuestro joven, que cayó al suelo mortalmente herido y fue conducido a su casa sin esperanzas de vida.


Don Guillen rabió, se mesó los cabellos, puso en juego cuantos medios le sugirió su mente para castigar al agresor; pero todo fue inútil. El rival de don Andrés, que se llamaba don Juan de Maldonado, estaba agarrado a buenas aldabas, como que era nada menos que primo del alcalde de casa y corte; y como además de esto, nadie sentía el percance ocurrido porque no había quien no tuviese motivos para profesar a nuestro galán odio y mala voluntad, se echó tierra sobre el asunto y todo el mundo quedó tranquilo, esperando que aquella herida sirviese a don Andrés de pasaporte para el otro barrio.

Pero contra todas las esperanzas, el joven no murió de aquella hecha; y aunque lenta y penosa su curación, pudo al fin ponerse de pie y prepararse para nuevas aventuras.

Entonces empezaron de nuevo los temores, y todos compadecieron a Maldonado, porque recelaban que tarde ó temprano sabría don Andrés cobrarse en la misma moneda. Pero aquel no echó el aviso en saco roto, y se preparó para el caso de un nuevo ataque, haciéndose guardar las espaldas cuando iba a ver a su dama.


Por su parte don Andrés no olvidaba el agravio, y esperaba con ansia el momento de vengarse; pero unas veces las prescripciones del médico, otras los ruegos de su padre, le retuvieron encerrado en la casa más tiempo del que el fogoso doncel podía soportar.

Por fin, una noche, encontrándose bastante firme y ardiendo en vengativos deseos, sobornó a un criado para que le entregara la llave de la puerta, y armándose de su tizona se lanzó a la calle, cerca de la una de la madrugada.

Atravesó con paso ligero la plaza del Realejo y la calle de Santa Escolástica; pero al pasar frente al convento de San Francisco, vio destacarse con paso lento y silencioso una sombra del pórtico de la iglesia y dirigirse al centro de la calle, como cortándole el camino. Ya hemos dicho que nuestro joven no era cobarde; así es que echó mano al puño de su espada para abrirse paso; pero la sombra siguió impertérrita, y entonces el aterrado mancebo observó que era un fraile franciscano, cuyos ojos despedían en la oscuridad un brillo vago y fosforescente.

Sintióse acometido de un terror hasta entonces desconocido, y haciendo la señal de la cruz emprendió la fuga lleno de pavor, sin atreverse a mirar atrás, y no paró hasta verse dentro de su casa y encerrado en su cuarto.


Pero una vez allí y recobrada la calma, entró de nuevo en él la reflexión. ¿No podría ser aquello un ardid para probar su valor? ¿Qué se diría al día siguiente, cuando se supiera que don Andrés de Acuña había huido de una sola persona? Pensó además en la dama de la calle de Elvira, que estaría a aquellas horas conversando con su amante; pensó en el grave peligro que había corrido por culpa de éste y no pensó más. Bajó precipitadamente la escalera, cruzó el patio y el portal, y abrió Don Andrés sintió erizársele el cabello y helársele la sangre en las venas. En la plazuela y a muy corta distancia, vio al mismo fraile de paso lento y ojos fulgurantes que avanzaba, avanzaba sin cesar hacia él.

Cerró la puerta lleno de espanto, y subiendo como un loco a su cuarto, se dejó caer en un sillón.

¿Quién podía ser aquel fatídico monje que le perseguía? ¿Qué quería de él? Otra vez entró la reflexión en su ánimo. ¿Aquello debía ser un disfraz: tal vez era algún conocido, algún amigo que se burlaría de él al día siguiente y cómo escucharía aquellas burlas sin correrse de vergüenza?

Era preciso saber quién era el fraile; era preciso salir de nuevo a la callé.


Don Andrés se levantó, abrió la puerta de su cuarto y dio unos cuantos pasos. Pero al mirar a1 fondo del corredor, vio bellísima sombra, callada, tétrica, silenciosa, que avanzaba sin hacer el menor ruido, sin mover un solo pliegue de su habito.

El joven no pudo soportar aquella tercera visión; dio un grito agudo y cayó sin sentido en el pavimento.

Cuando tornó en si cuerdo, era completamente decidido. Se hallaba en su lecho y rodeado de varios amigos.

    Bien te lo indicamos ayer. le dijo uno; todavía no estás bastante firme para salir a la calle; así que a la mitad del corredor te faltaron las fuerzas y caíste desmayado.

    Y ha sido un caso providencial, añadió otro; no sé cómo se enteró Maldonado de que anoche pensabas ir en su busca, y te tenia dispuesta una celada. ¡¡¡Cuatro hombres te esperaban en la plaza Nueva para asesinarte a traición!!!


Don Andrés escuchaba todo esto atónito y sin pronunciar una sola palabra.

Sus amigos le creyeron como todavía preso de la fiebre; pero muy pronto vieron que sus ojos se  cerraban, sus labios se llovían como murmujeando una plegaria y de sus parpados corrían lagrimas abundantes.

También pudieron entonces observar un fenómeno muy extraño: en su frente, antes tersa y juvenil, se señalaban algunas arrugas prematuras, y en su cabellera negra y lustrosa, blanqueaban algunas hebras de plata.

Un mes después de aquella noche terrible, tomaba don Andrés de Acuña el hábito en el convento de San Francisco; y fue tan ejemplar su vida, que pasó a ser guardián, falleciendo en la mejor opinión a mediados del siglo.

Este es el personaje que representa el retrato que hemos mencionado. En cuanto al suceso que motiva esta historia, no respondemos de su veracidad. ¿Seria efectivamente un aviso del cielo que evitó a don Andrés de Acuña ser asesinado, abriéndole al mismo tiempo el camino de su salvación, o tal vez que todo fue resultado de un acceso febril?


Sea como fuera, yo me limito a contarlo tal como lo refiere la tradición.

Leyenda recogida en 1901 por Salvador Pérez Montoto.

Bruno Alcaraz Masáts

sábado, 18 de enero de 2014

El Voluntariado Cultural 
del Museo de la Alhambra


José Domingo Lentisco Navarro, de Arqueología, patrimonio y producción audiovisual, me envía para su difusión un video que se  ha realizado sobre la Asociación Cultural de Voluntarios del Museo de la Alhambra y su trabajo de divulgación cultural en el Museo de la Alhambra.

El video se titula ''Cuestión de perseverancia' y está promocionado por el Patronato de la Alhambra y el Generalife.

En él aparecen exponiendo su labor de explicación de las diferentes salas que lo componen 14 Voluntarios del Museo de la Alhambra, de los 22 que lo forman y Purificación Marinetto Sánchez, jefa del Departamento de Conservación y Museos del Patronato de la Alhambra e impulsora de esta idea en 1988.

Los Voluntarios que aparecen en el video son:

-          José González Vílchez.
-          Esperanza Álvarez Coucher
-          Lourdes Ruiz López.
-          Alejandro Hurtado Álvarez
-          Clemente Franco Rubio
-          Matilde Cortés Romera.
-          Dolores Álvarez Almogera.
-          Mercedes Arenas Rosa.
-          Concepción Fernández Durán.
-          Ricardo Altamirano Tapia.
-          Margarita Martín Villanueva.
-          Eugenia Salobreña Torres.
-          Josefina López Lucena.
-          Manuel Zafra Jiménez.
El equipo de producción ha estado a cargo de:

José Domingo Lentisco, Carmen Romero, Samuel Salazar,
     Malva Rodríguez y Jesús Martín.
Enlace del video que describe el trabajo de los 
Voluntarios del Museo de la Alhambra:


Breve historia de un palacio cristiano en la Alhambra.

Vista aérea de la Alhambra, donde se observan las dos edificaciones cristianas:
La iglesia de Santa María de la Alhambra y el palacio de Carlos V.
En 1526, cuando el Emperador Carlos V contrajo matrimonio con Dª Isabel de Portugal, trasladó su corte a las palacios reales de los nazarís en la Alhambra para pasar sus vacaciones en Granada.

El Emperador se instaló en una serie de habitaciones que, desde un año antes de su llegada, se habían habilitado en una zona externa de los palacios nazaríes bajo la supervisión del Marqués de Mondéjar, y la Emperatriz, no considerándolo éste un alojamiento adecuado, se instalaría en el Monasterio de San Jerónimo, quedando la Corte distribuida entre la ciudad y la Alhambra.

Una de las salas del Museo de la Alhambra.
Durante esta visita regia, Carlos V expresó su propósito de hacer de la Alhambra uno sus lugares de residencia en un nuevo palacio que proyectó construir y los moriscos de Granada, a partir de las nuevas ordenanzas aprobadas, aceptaron a cambio de obtener determinadas concesiones, sufragar con 80.000 ducados en un solo pago y 10.000 ducados anuales con destino a la construcción del nuevo palacio a erigir en la Alhambra.

La obra se encargaría al arquitecto y pintor toledano Pedro Machuca, que estudió en Italia con Miguel Ángel.

Incensario - El quemador de perfumes, de forma ovoide,
procede del convento de las Mercedarias de Madrid.
Desde los primeros momentos en el que los palacios de la Alhambra fueron habitados por los Reyes Católicos, el ajuar que queda fue protegido, reutilizado y disfrutado en la nueva Corte. A lo largo de los siglos, los objetos y restos arquitectónicos conservados se disponían decorando las estancias y también se almacenaban en diferentes espacios del recinto. Posteriormente se fueron  reuniendo por conservación aquellos hallazgos procedentes de las excavaciones realizadas en la Alhambra.

El número y calidad de los Fondos del Museo de la Alhambra hace que sea la mejor colección existente de Arte hispanomusulmán y en especial Arte Nazarí.  

Comenzó a tener un aspecto de ''Museo'' a mediados del siglo XIX, catalogado y reunido en diversos sectores de la Alhambra y hacia 1870 se empezaron a catalogar los fondos, instalándose algunos en las habitaciones del Emperador y alrededor de los palacios de Leones y Comares.

Pila de Almanzor - Esta pila, procedente del palacio de Almanzor, en Córdoba,
fue reutilizada en la Alcazaba de la Alhambra.
Ya en los primeros años del siglo XX la Comisión de Monumentos, encargada de dirigir la restauración de la Alhambra, encomienda al arquitecto Ricardo Velázquez Bosco la terminación del palacio, trabajo que continuó en 1923 Leopoldo Torres Valvas procediendo, entre otras reformas estructurales, a techar parte del edificio. Transcurrida la guerra civil las obras se reanudaron bajo la dirección del arquitecto Francisco Prieto.

El Museo de la Alhambra ocupa el ala Sur de la planta baja, distribuyéndose en siete salas temáticas.

Una de las salas del Museo de la Alhambra.
Creado en 1870, en 1862 pasó a denominarse Museo Nacional de Arte Hispano-Musulmán. En 1994 se modificó su denominación, trasladándose a su ubicación actual.

El espacio y la instalación expositiva fue diseño del arquitecto Juan Pablo Rodríguez Frade.

El Museo Arqueológico de la Alhambra se crea en 1940, en 1962 pasó a denominarse Museo Nacional de Arte Hispanomusulmán y desde 1994 quedó adscrito al Patronato de la Alhambra y el Generalife, con el nombre Museo de la Alhambra.

Historia de unos voluntarios en la Alhambra

Los Voluntarios del Museo de la Alhambra.
El Programa de Voluntariado Cultural, creado en 1998 por Purificación Marinetto Sánchez, Jefa del Departamento de Conservación y Museos de la Alhambra, acoge a un número de 22 miembros que cubren su servicio todos los días en el que el Museo está abierto desde las 10 de la mañana hasta las 13’30.

Se está ofreciendo un servicio diario en el que se explica la Exposición Permanente a cualquier  persona, grupo o escolares que lo deseen  en español, y también en francés e inglés.

Lo que en un primer momento surge como una primera experiencia de divulgación de los fondos expuestos, poco a poco ha supuesto un servicio estable que ya es solicitado por visitantes a los que se lo han recomendado amigos y  profesores  que han conocido la actividad y repiten la experiencia años sucesivos.


El horario de su actividad se da todos los días de 10 h. a 13 h. para cualquier visitante que lo solicite en pequeños grupos y con reserva prioritaria a grupos de escolares o adultos, previa solicitud.

El programa de ''Guías voluntarios en el Museo de la Alhambra'' se considera una actividad consolidada en el Museo desde 1998, habiéndose creado la Asociación de Voluntarios Culturales de la Alhambra.

Una asociación de Voluntarios Culturales en la Alhambra.

Fotografía de un encuentro en Granada de los Voluntarios Culturales de Museos.
La  Asociación  de Voluntarios Culturales del Museo de la Alhambra acoge a un número de 20 miembros.

En 2012  se instituye  la Asociación con los miembros del ''Programa de Voluntarios del Museo de la Alhambra'' que se inicia en 1998, como miembros de la ''CEATE'' en su programa ''Voluntarios Culturales Mayores para enseñar los Museos de España''.

Como reconocimiento de la labor que realizan, han tenido el reconocimiento público con el ''Premio Extraordinario del Imserso 1998'' y posteriormente el ''Premio Júbilo 2000''.

La actividad diaria de los voluntarios se desarrolla mediante visitas guiadas:

Reserva prioritaria a grupos previamente concertados y por orden de solicitud.

Dos domingos al mes, los dos centrales, existen una serie de conferencias temáticas sobre la Alhambra y el mundo musulmán.



Fuentes:

Consejería de Educación, Cultura y Deporte.
El Patronato de la Alhambra y el Generalife
José Domingo Lentisco Navarro, arqueólogo.
Granada, guía histórica e histórica de la ciudad, de Antonio Gallego Burín.
Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

Bruno Alcaraz Masáts. ©

miércoles, 1 de enero de 2014

Leyenda de 1792 sobre el Parador de San Francisco,
situado en la Alhambra de Granada,
y que tal vez se cumpla en 2092.
Convento de San Francisco de la Alhambra en ruinas, dibujo de Garrido del Castillo,
en la obra Granada gráfica, publicado en julio de 1924.
Los castillos, palacios y conventos que hoy están destinados a albergar los Paradores de España suelen tener tras de sí múltiples historias como consecuencia de lo mucho vivido y sucedido entre sus muros a lo largo de su historia, como casi el 70 % de los Paradores están ubicados en alguno de estos edificios, las leyendas que les rodean son incontables.

¿Qué ocurre en la habitación 712 del Parador Duques de Cardona? ¿Descansa allí un fantasma? ¿O a juzgar por los testimonios son dos?

Así comienza uno de los 93 relatos recogidos en el libro '' Leyendas de Paradores'', escrito por el periodista Felipe Alonso, que se presentó en el Hostal de San Marcos de León.

No sólo los castillos escoceses están habitados por fantasmas. 

En los Paradores de Turismo, habitualmente instalados en edificios históricos,  también es posible encontrar el rastro de espíritus, duendes y brujas y poner en valor esa circunstancia es un activo de estos Paradores de Turismo a la hora de atraer clientes.


Portada del libro ''Leyendas de Paradores''
del periodista de la Agencia EFE Julio Alonso.

El periodista de la Agencia EFE Felipe Alonso, especializado en Turismo, ha buceado en el pasado de esos edificios históricos y en la tradición oral de los pueblos, villas y ciudades en los que están enclavados.

El resultado de este trabajo es su libro ''Leyendas de Paradores'', que recopila 93 historias ligadas a lugares ocupados hoy por esos establecimientos hoteleros.

Editado por Reino de Cordelia, esta obra rescata cuentos ligados a cada uno de los establecimientos de la Red de Paradores, protagonizados algunos de ellos por fantasmas, duendes, trasgos, brujas y dragones que en algún momento de la historia rondaron por estos edificios hoy reconvertidos en Parador.

Este libro de Felipe alonso recoge las historias más curiosas  de los 93 leyendas de esta Red de Paradores de España y está destinado a los clientes que se hospeden en algún Parador y que podrán encontrar en sus habitaciones al llegar.

Leyenda del Parador de San Francisco,
situado en la Alhambra de Granada.

Plataforma de Granada, trazada por Ambrosio de Vico.
Plano del Convento de San Francisco, en el año 1611.

Decir Granada es sinónimo de decir leyenda, y mencionar la palabra leyenda es sinónimo de Granada. Puede que no haya en el mundo otra ciudad donde sea más real la afirmación que acabamos de hacer. Y si además hablamos de un Parador que se encuentra en plena Alhambra, poco más se puede añadir. Tan sólo recordar aquella frase de un poeta mexicano, Fernando A. de Icaza, ante una de las puertas de este templo árabe, donde un pobre ciego que pedía limosna:

“Dale limosna, mujer, que no hay en la vida pena,
como la de ser ciego en Granada”.

No obstante y aunque en el recorrido que se puede hacer por todas las salas de la Alhambra, incluso por la zona cristiana mandada edificar por Carlos I, por los impresionantes jardines del Generalife o por su tradicional barrio de El Albaicín, las leyendas acompañen en todos y cada uno de sus rincones, mencionaremos una que une tradición con esperanza, añoranza con realidad, y que implica a unos geniecillos, a unos duendes.

Fotografía del convento de San Francisco en 1933.
"Cuentan que cuando los árabes abandonaron la ciudad en 1492, parte de su esencia quedó cautiva entre los muros de la ciudad y que, siglo tras siglo, cuando éste marca el día 2 de enero de un año 92, los genios de sus tribus regresan en secreto a Granada para comprobar si ha llegado la hora de regresar.

Fotografía del conventode San Francisco (Alhambra)
Parte posterior después de la restauración, primer tercio siglo XX
Foto Torres Molina
Estos son siete ''duendes blancos'' que recorren la población hasta penetrar en la Alhambra a través de la Puerta del Parador de San Francisco (Granada) hasta la Puerta de la Justicia o Judiciaria, y allí aguardan toda la noche con la esperanza de que se muestre la clave esperada:

"Que la mano y la llave se acerquen".

Pero una y otra vez deben abandonar el lugar con el alba sin conseguir que su poder venza al cristiano que desde finales del siglo XV gobierna el lugar.

Fotografía del convento de San Francisco de la Alhambra, hacia 1930.
El hecho es que en el año 1792, diversos habitantes de Granada afirmaron haber visto a siete figuras llegar hasta la Puerta del Parador, penetrar a través de ella tomando una forma blanca luminosa, que se dirigieron al Alcázar, donde permanecieron toda la noche frente a la Puerta de la Justicia o Judiciaria, para abandonar el lugar llorando desconsoladamente, lamentos que poblaron la construcción durante el alba.

Partieron de nuevo a sus lugares de origen comprendiendo que no había llegado el momento, pero no por ello perdieron la esperanza, y siglo tras siglo regresan, o al menos así lo atestiguan algunas personas que afirmaron haber escuchado sus lamentos en 1892, y lo mismo en 1992, sin que el Sol al salir les permita quedarse tras los muros.
Dibujo antiguo en perspectiva aérea, donde se observan
las distintas construcciones del convento de San Francisco.
No obstante, ellos volverán en el año 2092 confiando en que esta vez, si Allah quiere, podrán permanecer en este extraordinario palacio que una vez fue símbolo de su poder en la Península Ibérica.

Y es que, como apunta otra tradición, la Alhambra fue construida por un mago, o por un rey que vendió su alma al demonio para poderla construir gracias a un encantamiento".

Leyenda recogida por Felipe Alonso en 2009.

LIBRO RECOMENDADO:


''Leyendas de Paradores''
Escrito por Julio Alonso.
Editorial Reino de Cordelia.

Dado que este libro no está a la venta
y no figura en la web de Reinode Cordelia,
se puede conseguir el libro completo, gratis,
en el buscador de Google, buscando como:
pdf leyendas de paradores
Bruno Alcaraz Masáts ©