domingo, 17 de junio de 2012

La primera imprenta de Granada en 1496


Johannes Gensfleisch zur Laden zum Gutenberg,
también conocido como Johann Gutenberg.

Cuando Johann Parix, impresor de Heidelberg, atravesó los Pirineos en 1472, traía con él la primera imprenta de tipos móviles que entraba en España y que se instalaría en un pueblo de Segovia llamado Aguilafuente, donde imprimiría el primer libro impreso en España: "El Sinodal de Aguilafuente", un libro litúrgico que lo imprimió en tipos romanos.




El historiador Diego Colmenares, en su obra "Historia de la insigne ciudad de Segovia", escrita en 1637, al referirse al Sínodo convocado por el Obispo de Segovia, Juan Arias Dávila, celebrado en la villa de Aguilafuente en 1472, afirma:

"Concluyóse el Sínodo en diez del mismo mes de junio de 1472, y luego
se imprimió, siendo sin duda de las primeras cosas que se imprimieron
en España; pues por los años 1450 había inventado el modo
de imprimir Gutenberg en Alemania".




Cuando se edita en 1930 el "Catálogo de incunables y Libros Raros de la Catedral de Segovia", elaborado por el canónigo archivero Cristino Valverde del Barrio, se describe con detalle "El Sinodal de Aguilafuerte" y se comenta su importancia histórica como el primer texto tipográfico que fue impreso en España. En la actualidad, se conserva un sólo ejemplar en la Catedral de Segovia, donde también está el manuscrito que sirvió de original de imprenta, denominado "Codex canórum".

Primera representacion conocida de un taller de imprenta.
Xilografia de la Grand danse macabre des hommes et des femmes.
Impresa por M. Husz en Lyon en 1499.

Johann Parix era uno de los 107 tipógrafos ambulantes que surgieron en Europa a partir de 1462, cuando el arzobispo Adolfo II tomó a sangre y fuego la ciudad de Maguncia y los artesanos de la imprenta tuvieron que abandonar la ciudad, al incendiarse el taller de Fust y Schoffer y así, en apenas 10 años, estos artesanos de la tipografía llevarían la imprenta por toda Europa, dando a conocer el invento de Gutenberg que, durante 20 años, era el secreto mejor guardado por los artesanos maguntinos: los tipos de letra móviles, fundidos en plomo.

En 1440 Johann Gensfleisch, que era el verdadero apellido de Gutenberg, tuvo conocimiento por Lauren Coster de la existencia de un proceso de impresión mediante letras móviles que se utilizaba en Asia; se tenía conocimiento de que en el año 960, durante la dinastía Song (960-1271) ya se usaron tipos móviles de madera y con ellos se imprimió un canon budista fechado en 972.


Mesa giratoria ideada por Pi Shen para clasificar los tipos moviles,
distribuidos en 24 cajetines, 8 en el centro y 16 en la periferia.

El artesano Pi Sheng está considerado el verdadero inventor de la imprenta china, ya que fabricó tipos en arcilla sometida a fuego, utilizando moldes de metal y posteriormente, Fong In-Wan, en el 932, aplicaría el empleo de tipos de letras en metal.

En Corea también se fundieron tipos de letra móviles y en 1403 sería el rey Tai Tiong el que ordenaría grabar en cobre los caracteres del alfabeto coreano.

En Europa ya se tenía conocimiento de esta manera de imprimir textos mediante tipos móviles desde 1247, según se recoge en el documento "Stipuli da Venezia" donde se reseñaban aquellos hechos, sucesos y leyendas que narraban los comerciantes de la seda y las especias así como los viajeros del siglo XIII, aunque hasta 1440 no se diseñarían y fundirían los primeros tipos de letra móviles y a Gutenberg se debe el invento de la primera imprenta europea, ya que la invención de la imprenta no es europea, sino china.


Grabado de época sobre el taller de Johannes Gutenberg en Maguncia.

Gutenberg desarrolló su invento en Europa Central y en una época, en los inicios del Renacimiento, y se dieron así las condiciones adecuadas para que, en el mundo cultural europeo, se hiciera posible la aparición de la imprenta, aunque Ulrich Zell, contemporáneo de Gutenberg, escribió: 

“un tal Lauren Coster de Haarlem, en los Países Bajos, inventó los tipos móviles en 1440, y que Gutenberg le pirateó los tipos y los usó en 1442. Otros dos, Pamfilo Castaldi, de Italia, y Procopius Waldfoghel, de Francia, fueron unos de los primeros impresores de tipos móviles. Coster utilizó la imprenta casi 20 años antes que Gutenberg, pero éste convirtió Maguncia en un taller de impresión y creó la primera escuela de impresores de Occidente”.


Johann Gutenberg imprimió con ellos "El Misal de Constanza", en 1450, siendo éste el primer libro tipográfico que viera la luz en Europa y en 1457 editaría "El Salterio de Maguncia", del que se conservan 18 ejemplares, que contenía la primera errata de la historia de la imprenta y en 1452 editaría la "Biblia mazarina", por haberse descubierto un ejemplar de ella en la biblioteca del Cardenal Mazarino, aunque también se la cita como la "Biblia de 42 líneas", "Biblia latina" o "Biblia de Gutenberg".


La Biblia de Gutenberg, es conocida como la Biblia de 42 líneas,
por tener 42 líneas por columna.

En este libro conocido también como "El Salterio Latino", aparece la primera errata de la historia del libro en el Colofón, ya que la segunda palabra de la primera línea está escrita como Spalmorum, en lugar de Psalmorum, y que se corregiría en las dos ediciones posteriores.

Cabe reseñar que la primera fe de erratas aparecería en 1478, en la "Satiras" de Juvenal, impresas por Gabriel Pierre, en dos folios aparte, pero como anécdota relevante quedaría para la historia del libro antiguo la fe de erratas de la "Summa" de San Agustín, impresa en 1578 por orden del dominico F. Caccia, que llevaría una fe de erratas de 111 páginas.


Tipografia holandesa - Grabado de Abraham von Werdt (1677)

Y en este estado de cosas, así sería como dos de esos 107 tipógrafos ambulantes que surgieron en Europa a partir de 1462, trajeron la primera imprenta que llegaría a Granada en 1496, transportada a lomos de unas mulas desde sus talleres de Sevilla, cuatro años después de la Toma de Granada por los Reyes Católicos.

 Portada de la encuadernacion de Vita Christi, de Francesch Eximeniç, 
primer libro editado en Granada el 3 de Abril de 1496.
Ejemplar de la Biblioteca Nacional de España.
El primer arzobispo de Granada, fray Hernando de Talavera, fue quien envió recado a dos impresores alemanes de dos talleres radicados en Sevilla, Meinard Ungut y Johan Pegnitzer, impresores procedentes de Núremberg, para que instalasen su imprenta de tipos móviles en Granada.

Jerónimo Münzer, el primer viajero que entró en Granada tras la Toma de la ciudad en 1492, dejaría escrito que, a su llegada a la ciudad en 1494, visitó a 4 impresores alemanes que se encontraban en la ciudad componiendo un libro que les había encargado fray Hernando de Talavera, entonces confesor de la reina Isabel, que posteriormente estos dos impresores instalados en Sevilla imprimirían en Granada en 1496.

 
Primera página del libro Vita Christi, 
de fray Francisco Ximenes
corregido y añadido por el arzobispo de Granada;
hizole imprimir porque es muy provechoso.
Contiene quasi todos los evangelios de todo el año.

Permanecieron en la ciudad tan sólo 4 meses, tiempo que dedicaron a imprimir el primer libro imprimido en Granada: Vita Christi, obra del escritor franciscano catalán fray Francesch Eximeniç, que firmara como Francisco Eiximenis o Ximenez, según el ejemplar que hay en la Biblioteca Nacional, con fecha de edición de 3 de Abril de 1496 y que se imprimió en 47 cuadernos en pliegos, salvo el Quiterno, que es un pliego, formando un total de 378 hojas de folio holandés.


Pre-texto en latin con la justificacion de la impresión.

Sería un libro cuidadosamente impreso, con tintas de dos colores, rojo y negro, y donde los caracteres fueron expresamente fundidos para este trabajo de imprenta en Granada, aunque Pegnitzer trajo de su taller de Sevilla los caracteres más grandes, que solo serían utilizados para resaltar la primera letra del comienzo de cada capítulo o para los accesorios de la tabla, que era como se denominaba por entonces al índice.


Prólogo de Vita Christi, en el pliego 1.
El Libro de la vida de nuestro Señor Ihesuchristo: compuesto por
fray Francisco Ximenez, patriarca de Jerusalem, remendado
y añadido en algunas partes y hecho imprimir por
don Fernando de Talavera; primero Arzobispo de la
santa iglesia de Granada;
conociendo que a todo fin el christiano es
muy provechoso e hizole este prólogo.


Tabla de los capítulos del libro:
Comienza el libro primero que declara como el advenimiento
del salvador aca por diversas maneras ha sido revelado.


Son aqui notadas faltas de algunas palabras que ayo en algunos capitulos;
porque despues de escritos no se pudieron enmendar en sus propios
lugares sin grandisimo trabajo; poner en ellos ligeramente
cada uno en su libro si quisiese.


Ultima pagina del libro Vita Christi.
Tabla o registro de los quadernos y hojas contenidos en este primer volumen.
Todos los quadernos. E al comieço es el prologo y la tabla de todos los capitulos.
tiene siete pliegos señalados por cuento.

En el mismo año de 1496, esta primera imprenta radicada en Granada por tan sólo cuatro meses, Meinard Ungut y Johan Pegnitzer imprimieron ocho Tratados del arzobispo Fray Hernando de Talavera, con el título:
“breve e muy provexhosa doctrina de lo que deve saver
todo christiano, con otros tractados muy provechosos’’
Pasados estos 4 meses, con la partida de Ungut y Pegnitzer se extinguió la primera imprenta en Granada, ya que Ungut y Pegnitzer regresarían a su taller tipográfico de Sevilla, sin apenas crear escuela o tradición alguna, ya que en Granada no existían impresores y a su muerte se extinguiría la primera imprenta productiva que hubo en Sevilla, ya que poseían los mejores tipos móviles de letras y los caracteres más grandes que se trajese Pegnitzer desde su antiguo taller en Núremberg.

Grabado de una imprenta europea del siglo XVI.
Más tarde, llegarían a Granada nuevos impresores, quienes, con sus imprentas cargadas también a lomos de mulas, se instalarían en la ciudad e imprimirían nuevos libros como Juan Valera de Salamanca (1504-1508) que compraría prensas y tipos a unos tipógrafos alemanes, al aceptar el encargo del arzobispo para imprimir la primera "Gramática y Vocabulario árabe", de Fr. Pedro de Alcalá.
Andrés de Burgos (1518- 1529) que provenía de Sevilla y que tuvo una trayectoria irregular, imprimió entre 1518 – 1519, aunque se cree que regreso en 1529.
La primera gran imprenta del Reino de Granada llegaría con la llegada de los impresores Sancho de Nebrija y Sebastián de Nebrija, hijos del gramático Antonio de Nebrija, y estuvo en funcionamiento entre 1534 y 1555 y dos años después, llegaría Elio Antonio de Nebrija, nieto del gramático Antonio de Nebrija, y que estuvo como impresor entre 1557 y 1589 en el taller de los hermanos Nebrija.

Los franceses Hugo de Mena, impresor, y su socio René Rabut, aprendiz, llegaron a Granada y trabajaron en el taller de los Nebrija entre 1558 – 1589, aunque René Rabut no abandonaría el taller hasta 1593, teniendo ahora como socio a Hugo de Mena, siendo este el periodo más estable de las primeras imprentas de Granada.


La prensa de imprimir Albion Press, de George Baxter,
fabricada en 1835 y la más extendida de su tiempo.
Hoy es la preferida de los grabadores de láminas.

Después irían llegando toda una serie de nuevos impresores, como Fernando de Aguilar (1582), Nicolás Morpin (1586), Pedro Francés (1594), Sebastián de Mena (1593-1608), Juan René (1594-1598), Sebastián Muñoz (1597-1617), Francisco González de la Prida (1601), Fernando Díaz de Montoya (1602-1604), Viuda de Sebastián de Mena (1608-1611), Bartolomé de Lorenzana y Ureña (1608-1633), hijo de impresor y gran productor, imprimió hojas sueltas y folletos y  estuvo asociado con A. René de Lazcano, imprimiendo la Vida de San Ignacio; después se abrirían las imprentas de Miguel Pérez (1606), Juan de la Cuesta (1609), Martín Fernández Zambrano (1612-1634), Juan Muñoz (1615-1626), Antonio René de Lezcano (1615-1645)

Francisco Heylan, grabador e impresor, llegaría a Granada en 1619 y permanecería en la ciudad hasta 1630 y aportaría sus grabados para la “Historia Eclesiástica de Granada” de Justino Antolínez de Burgos, que nunca sería publicada.



Gonzalo de Berceo escribiendo los Milagros de Nuestra Señora,
según el grabado de Jean Meliot,
impreso en una Albion Press.

En 1625 se abriría la imprenta de la Real Chancillería, que cerraría en 1627 y ya, en 1637, comenzaría su actividad la imprenta de la Compañía de Jesús y en 1638 comenzó a imprimir la llamada Imprenta Real, que mantuvo su actividad hasta 1814.
Según recoge el doctor en medicina y escritor granadino Jose Luis Gastón Morata en su libro “Curiosidades médicas granadinas’’, la Universidad Literaria de Granada, creada por Real Cédula del emperador Carlos V, de 27 de Diciembre de 1526 y que el Papa Clemente VII, a solicitud del Emperador, aprobó su fundación por Bula Pontificia el 14 de Julio de 1531, la Facultad de Medicina de Granada, que tuvo un carácter secundario con relación a las demás facultades, ya que sólo impartía Cánones, Teología y Leyes, siendo más “un centro consumidor que productor” de ciencia, tan sólo publicó dos libros de medicina desde su fundación en el siglo XVI hasta bien entrado el siglo XVII.

Las 7 fotografías del primer libro editado en Granada en 1496, que se insertan
en este post, proceden de los archivos del Ministerio de Cultura, la Biblioteca Nacional de España y las bibliotecas de Guadalajara y Segovia;
agradezco a estos bibliotecarios y documentalista del
servicios de documentación histórica el envío
de estas 7 fotografías, así como el detalle
de eliminar la marca de agua que suele consignarse
en estos documentos para su protección en difusiones no autorizadas.

Bruno Alcaraz Masáts

lunes, 5 de marzo de 2012

Historia del símbolo de la Media Luna
Ubicación de Turquía y su bandera en el mundo mediterráneo.
Turquía fue el primer país que usó la Media Luna como emblema y tiene su origen en la lucha sostenida en el 340 a. C., por los bizantinos y los macedonios, cuando Filipo, rey de Macedonia, en su pretensión de obtener la hegemonía de las polis griegas, asedió la ciudad de Bizancio.

Durante este asedio surgió la fábula de una intercesión de la diosa lunar Hécate, que agitó las antorchas en medio de la noche y descubrió el avance de las tropas de Filipo, rey de Macedonia.

Despertados por los ladridos de los perros de la ciudad, que reaccionaron ante el prodigio, los soldados de Bizancio se defendieron de manera victoriosa contra el ataque nocturno de los macedonios.

Medallón de la diosa lunar Hécate
En recuerdo de este hecho, se erigió un monumento que sería el símbolo de la ciudad desde aquella época y fue la Media Luna, que aparecía en sus monedas y que en el siglo XV fue adoptado como emblema por los otomanos, tal vez en recuerdo de dicho acontecimiento.

Para pagar la ayuda de Atenas, los habitantes de Bizancio y de Perinto, concedieron a los atenienses el privilegio de precedencia en los juegos y en las ceremonias (excluidas las religiosas) y se erigieron estatuas con la Media Luna.

El origen de la leyenda de la Media Luna como estandarte de protección
Filipo, rey de Macedonia, en plena expansión, dirigió sus fuerzas hacia la ciudad de Bizancio, sometiéndola a sitio y sus generales le aseguraron que durante la noche y la oscuridad que facilitaban las nubes, podrían tomar al asalto la ciudad de Bizancio sin ser descubiertos.
El factor sorpresa sería el que convenciera a Filipo, ya que pensaban que así el enemigo turco no se defendería ni obtendría ventajas, dado que la vigilancia nocturna de las murallas que rodeaban Bizancio era menor.

Se acordó permanecer en silencio y atacar durante la noche, dirigiendo el grueso del ejército contra las murallas, escalando sus muros y torres, pero las nubes se abrieron en el cielo y la luz de una media luna descubrió la estratagema.
Moneda de Trajano acuñada en Bizancio con el emblema
de la Media Luna y la estrella.
Así, la Media Luna evitó la toma de Bizancio y los bizantinos agradecieron el gesto a la diosa lunar Hécate, cuyo símbolo, la media luna y la estrella, pasaron a ser el símbolo de la ciudad, siendo adoptada como el emblema de la ciudad y todo en ella, desde la ornamentación y arte, pasando por las joyas y armas, portaba la figura de esa Media Luna como distintivo de la ciudad  de Bizancio.
Serían los turcos otomanos, al descubrir la decoración y el uso de la Media Luna y la estrella en la ciudad, los que quedarían fascinados al incorporarlas a sus banderas, dotándola de toda una serie de mitologías sobre sus poderes mágicos y de fuerza moral.

Estela del rey Ur-Nammu, en 2110 a. C.,
considerado el primer constructor der zigurats.
Los arqueólogos sostienen que es un símbolo anterior a los otomanos, ya que en la III dinastía de Urik destacará el rey Ur-Nammu, en 2110 a. C., considerado el primer constructor de zigurats y creador de uno de los primeros códigos de leyes, en la conmemoración de sus construcciones, relacionado con la divinidad que está representada, ya figuraban la media luna (Inanna) y la estrella, siendo las celebraciones en su honor antes del comienzo de la primavera, en la última media luna creciente anterior a la primavera.

El uso de la Media Luna en el mundo musulmán
Estandartes de los mamelucos, en un manuscrito francés del siglo XIV, donde figuran
la Media Luna y la Estrella, símbolos de la diosa lunar Hécate.
951 años después, el símbolo turco de la Media Luna pasaría desde el pueblo el turco a los ejércitos árabes y a todo el mundo musulmán, para ser el primer símbolo del Yihad, la mal llamada Guerra Santa.
Diversas sectas islamo-musulmanas y numerosos mahometanos consideraron que la Media Luna poseía un poder para absorber la energía que desprendía al reflejarse en el agua.

Grabado donde un ejército cristiano se enfrenta a un ejército hispano-musulmán,
que porta un escudo con la Media Luna y que empuñan las cimitarras o espadas árabes.

Existe una antigua creencia musulmana de que si en un recipiente de plata, lleno de agua, aquella persona que quiera sentirse bañada y beneficiada de la luz de la Media Luna y de su fuerza interior, miraba el reflejo de la Media Luna en el agua durante un tiempo y después cerraba los ojos y se bebía esa agua, se imbuía de una fuerza interior de protección antes de iniciar una batalla.

Esta antigua creencia aun se usa en Arabia y se utilizó en los Califatos, y se decía que este ritual era bueno o beneficioso para los enfermos nerviosos o para los que tenían dolencias en el corazón.

El croissant no es una Media Luna
Los panaderos de Viena elaboraron dos panes:
uno llevaría el nombre de "Emperador" y otro sería el "Halbmond", en alemán:
"la media luna musulmana tendrá otro significado desde este instante en Europa".
La costumbre de elaborar un tipo de bollería con forma de medialuna curva se remonta a una tradición árabe milenaria, que perdura hoy en día en los bollos dulces como el tchareke de Argelia o el kaab el ghzal de Marruecos.
La medialuna es también un emblema recurrente desde el Magreb hasta Turquía, el antiguo Imperio otomano.

Pero el origen del croissant provendría de una adaptación vienesa de ese símbolo, pero los acontecimientos que dieron lugar al nacimiento del Croissant tienen más de leyenda que con una realidad histórica comprobada. Los autores sólo coinciden en que apareció en Viena.

Croissant, en francés, quiere decir creciente, en el sentido de "cuarto creciente lunar" (fase creciente) y se refiere a la forma del bollo, no al hecho de que la masa crezca al fermentar.

La leyenda cuenta que el Croissant nace como uno de los actos festivos al salvarse Viena del sitio otomano a finales del siglo XVII.

En 1683, los soldados otomanos al mando del gran visir Kara Mustafá, después de conquistar la mayoría de las regiones a orillas del Danubio, sitian Viena, que después de Constantinopla habría sido la primera conquista importante en Europa, y deciden realizar durante la noche túneles para atravesar las murallas y así conquistar la ciudad con las tropas del visir Kara Mustafá.

Los panaderos, que trabajaban a esas horas, se dieron cuenta de esta amenaza y dieron la alarma, de tal manera que al final fueron los defensores los que tomaron por sorpresa a las tropas musulmanas obligándoles a retroceder.

Se dice que el emperador decidió condecorar a los panaderos vieneses por la valiosa ayuda ofrecida. Estos, como agradecimiento, elaboraron dos panes: uno con el nombre de "Emperador" y otro sería el "Halbmond", en alemán: "media luna", antepasado del actual croissant, como mofa a la media luna de la bandera otomana. 

La Virgen de la media luna, grabado de Durero, inspirado en una obra anterior de Martin Schongauer.
Bruno Alcaraz Masáts.

domingo, 4 de diciembre de 2011

El mal de la Podagra en el Emperador Carlos V
'Carlos V a caballo en Mühlberg', de Tiziano (Museo Nacional del Prado)
Durante la Edad Media existía en Europa una medicina de carácter eclesiástico, armonizada con una medicina paralela, no oficial sino con un gran carácter supersticioso, que ejercían  curanderos, santiguadores, algebristas y ensalmadores.

La medicina medieval no pudo, en general, desprenderse de esa etapa mágica y por ello fue, en parte, empírica y muy poco racional.

En 1348 se establecieron en una serie de prescripciones las cualidades, obligaciones y derechos médicos y no será hasta la creación del Tribunal de Protomédicos, el Protomedicato, de Papa Juan II, cuando realmente se moralice y dignifique el ejercicio de la profesión médica.

En España, durante la primera parte de la Edad Media la medicina estuvo en manos de reputados médicos hispano-musulmanes de al-Ándalus y judíos y también existía toda una corte algebristas, santiguadores, ensalmadores, aojadores y charlatanes errantes.

El Real Tribunal del Protomedicato fue creado en España en el siglo XV, según la Real Cédula emitida por los Reyes Católicos del 30 de marzo de 1477, para vigilar el ejercicio de las profesiones sanitarias, ejercer una función docente y atender a la formación de estos profesionales.

Un refrán de la época venía a resumir la farmacopea y el tratamiento médico de la época medieval:
"sangrías, lavativas, purgas y ventosas, y siempre las mismas cosas".
Cirujanos cortan debajo de la lengua por la podagra (superior izquierda);
y efectuan una evacuación de heces por hemorroides (inferior derecha).
Londres, Biblioteca Británica,
Harl. 1585,  folio 9r - Epistola ad Antiochum Regem
Anterior a este estado de cosas, llegaría a España la palabra podagra, que surgió en la gramática antigua griega, aunque ya identificada en Egipto en el año 2640 a.C. y definida desde Hipócrates (469 – 337 a.C.), Aristófanes y Asclepides, que se formó de una palabra mucho más antigua, puesto que aparece en escritos del siglo V a.C., en que surgió a partir de la unión de dos palabras, como numerosas palabras procedentes de la Grecia Clásica, donde podágrā, procedía de ποδάγρα (‘pod o podo’ de πο-ῦς/-δός gr. de ‘pie’ y de ágrā ἄγρα), y en Grecia era ‘’cepo de caza' creando ‘podagrea’ por la utilización de una metáfora tomada del significado propio, ‘’cepo de caza que coge el pie’’, pasó al latín del siglo I a.C. como podagra; a través del latín al francés y de aquí al castellano, siendo su antónimo la palabra antípoda.

En la mitología griega existen dos versiones sobre el origen de la enfermedad.

Según la primera, la podagra nació del triste Cocito, concebida en las entrañas del demonio Meguera en las cuevas del Tártaro y en sus labios Alecto vertió su leche amarga.

La segunda versión, más popular, señala que se origina en la seducción de Afrodita (Venus) por Dionisio (Baco); implicaba pues, la intervención de un poder sobrenatural y representaba un sacrificio en el altar de la intemperancia y la sensualidad.

En un cuento de Luciano, la diosa del Amor dice: ‘’Me llaman podagra porque soy un cepo…’’ y los cazadores de aquella época describían este mal desconocido para ellos como ‘’me ha cogido el cepo por la pierna’’.

Grabado inglés del siglo XIX sobre la Podagra et Aranea
El concepto de la intervención sobrenatural perduró mucho tiempo, aún en la era cristiana y por esto encontramos tantas descripciones y numerosas curaciones milagrosas.

Después de la muerte de San Ricardo, ocurrida en 1253, su confesor describió, entre otros milagros del Santo, el ocurrido al intendente de baile de la Orden, que padecía un fuerte ataque de gota y cuentan que el Santo le envió sus zapatos y que, al ponérselos, le cortaron de inmediato el acceso y nunca más lo volvió a presentar.

Podagra sería incorporada a la medicina medieval para designar un estado concreto de la enfermedad llamada ‘’gota’’, en los casos en que ésta ataca los pies, puesto que el paciente quedaba inmovilizado como si hubiera sido agarrado por la antigua trampa usada por los griegos.

La palabra podagra aparece escrita, por primera vez en el castellano, en el poema 592 de ‘La vida de Santo Domingo de Silos’ de Gonzalo de Berceo, hacia 1209:
Poema 592
Mas avié de tres annos     e non quatro complidos,
que avié de podagra     los piedes confondidos;
udió del buen confésor     andar estos roídos,
como fazié miraclos     grandes e conoscidos.

En el Diccionario de Autoridades de 1737, el primer diccionario de la Real Academia Española, aparece la palabra podagra con esta inscripción:


En esa Europa de la nobleza que transitaba tumultuosamente durante la Edad Media, la gota era una enfermedad que incapacitaba físicamente a muchos personajes relevantes de la época, y la padecieron desde el humanista Erasmo de Rótterdam (1446-1536) al emperador Carlos V de Alemania y I de España (1516-1556) quien, según se dice, “comía con insaciable apetito” y, un siglo más tarde, Thomas Sydenham (1624-1689), el médico inglés autor de un clásico, escribió el ‘’Tratado sobre la Gota’’, en el que describía con maestría las intensas crisis dolorosas de la podagra en el pie, que estallaba inopinadamente durante el sueño nocturno, ya que él padeció 32 años y recogió y documentó todas las crisis del mal de la podagra que tuvo, siendo médico y paciente.

La gota (“gout”) era, en esa Inglaterra georgiana de los siglos XVIII y XIX, una enfermedad considerada socialmente como “buena”, frente a la locura maníaca (“madness”) como ejemplo de “mala enfermedad”.

Según un estudio presentado por un equipo del Hospital Clínic de Barcelona, publicado en la prestigiosa revista médica 'New England Journal of Medicine', los médicos de la Corte, para su "sorpresa", vieron que el estudio y análisis de las pruebas "confirmaban lo recogido históricamente, padecía de gota o podagra, pero en un grado avanzado" 

Carlos V tenía gota severa, lo que probablemente fue un factor determinante en su decisión de abdicar, e ilustra cómo los estudios paleo-patológicos pueden proporcionar importante información que lleve a una mayor comprensión de la historia, ya era conocido que la gota le causaba gran incapacidad física, que el monarca la padeció desde los 28 años.

Cacería en honor de Carlos V en el castillo de Torgau

El emperador padecía episodios de este tipo con frecuencia, sobre todo hacia el final de su vida. De hecho, un ataque gotoso retrasó el intento de atacar la ciudad de Metz en 1552, durante una de las guerras con Francia.

"Como consecuencia, la llegada del invierno permitió a la ciudad francesa resistir al ejército del emperador. Según algunos historiadores, un sentimiento de culpa de que su enfermedad había llevado a esta derrota hizo a Carlos V abdicar", relata un artículo del ‘New England Journal of Medicine’.

Sus médicos le recomendaban que siguiese una dieta estricta, pero el emperador tenía un apetito voraz, sobre todo para la carne, que ya entonces se sabía que las carnes y mariscos influían en esta enfermedad. También le gustaba beber grandes cantidades de vino y cerveza. De este modo, sus hábitos dietéticos no fueron nada beneficiosos para reducir sus ataques de gota.

En 1556, sólo cuatro años después de esta batalla, Carlos V se retiraba al monasterio de Yuste, dejando la Corona de España a su hijo Felipe II y el imperio alemán a su hermano Fernando.

Grabado que representa a Carlos V coronado como Emperador
Carlos V tenía, en 1558, sólo 58 años cuando falleció de paludismo contraído por la picadura de una hembra del mosquito Anopheles, procedente de las aguas de los estanques que él ordenó construir en el monasterio de Yuste y que desarrolló como si de una clepsidra se tratase el experto en relojes e ingeniero hidrográfico Torriani frente a su ventana, pero Carlos V, ya antes de esta picadura, parecía un hombre viejo y lisiado que apenas podía caminar o utilizar sus manos.

Postal del dibujo de 1870 efectuado por V. Palmarolli
La malaria, del italiano medieval mala aria – mal aire, o paludismo, del latín palus – pantano, es una enfermedad parasitaria, producida por las especies del Plasmodium,  que se transmite por la picadura de la hembra del mosquito Anopheles.

Dibujo de la momia del Emperador Carlos V
En 1868, el cuerpo del Emperador lo exhumaron unos revolucionarios y la leyenda que corrió por el Madrid de entonces decía que el Marqués de Villaverde consiguió, tras sobornar con 20 reales a un guardián de la cripta, una falange del dedo meñique, pero que después se arrepentiría de lo ocurrido y la devolvió al Rey Alfonso XIII, quien lo depositó, cerca de donde reposaba el cuerpo del Emperador en El Escorial, en una urna de cristal.

Fotografía del doctor Julián de Zuluaga
En el siglo XX, el Dr. Julián de Zuluaga, parasitólogo y experto en medicina tropical, vio en un periódico la fotografía de un soldado republicano abrazado a una momia: era el cuerpo momificado de Carlos V, nuevamente exhumado durante un asalto a El Escorial, en la Guerra Civil Española.

Años después, el Dr. de Zuluaga pidió permiso al Rey Juan Carlos I para exhumar de nuevo el cuerpo y analizarlo en busca del paludismo, pero el Rey no lo concedió, pensando que bastantes avatares había sufrido ya la momia como para volverla a manipular.

Dibujo efectuado por el Dr. de Zuluaga
Pero en 2004 un alto cargo del Patrimonio Nacional,  informó a Julián de lo ocurrido en la Gloriosa, del suceso acaecido con el marqués de Villaverde en 1868, y de la decisión de Alfonso XIII, por lo que volvió a solicitar autorización al Rey Don Juan Carlos para analizar únicamente el dedo meñique, permiso que finalmente le fue concedido, y gracias al cual sabemos que el paludismo era la verdadera causa del fallecimiento de Carlos V.
Volviendo a la podagra del Emperador, sobre las recomendaciones alimentarias que le hicieron los médicos de la Corte, Carlos V no observó ninguna de ellas, ya que los presentes que recibía en Yuste de lugares distantes en aquella época, como Valladolid, Zaragoza, Sevilla, Ciudad Real, Toledo o Lisboa, hacían que la gula de Carlos V estuviese exacerbada entre las anguilas de Valladolid, la ternera de Zaragoza, la caza de Ciudad Real, las aceitunas de Extremadura, los mazapanes de Toledo, los frutos del mar de Lisboa y, como peculiaridad o curiosidad histórica, las ostras procedían de Sevilla y en el monasterio de Yuste el ya anciano emperador disfrutó de una especialidad regional desconocida antes por él, como era cierta variedad de perdiz conservada a base de echarle orina en el pico.

Dibujo de la momia del Emperador Carlos V
Carlos V hizo caso omiso a los consejos del médico Luis Quijada: “La gota se cura tapando la boca” y así tenía no solo estos factores de riesgo, sino un carácter pantagruélico en sus hábitos alimentarios y un elevado consumo de cerveza, ya que degustó todas las cervezas, pero especialmente para él era la ‘duplabier’, que contenía una gran cantidad de lúpulo, que era lo que confería a la cerveza su capacidad de producir gota y que se cultivó en Yuste.

Felipe II padeció también de esta enfermedad y el maestro francés de su hijo construyó para él la famosa silla-hamaca, que ahora se puede contemplar en el monasterio del Escorial. Consistía en un artilugio plegable que se convertía en cama, hamaca o sillón, según las necesidades del monarca y que el Rey utilizaba en cada ataque de gota.
Grabado de la época sobre el funeral del Emperador Carlos V
Uno de los médicos da la corte del Emperador, Luis Lobera de Ávila, escribió un libro sobre las que se citaban en esa época como las cuatro enfermedades propias de la nobleza europea y española, y que se publicaría en Toledo en 1544:
 
Lo tituló "Libro de las quatro enfermedades cortesanas (catarro o rheuma, la gota, la calculosis renal y la sífilis o mal de bubas, que era considerado el más cortesano de todos los males)", y en el capítulo dos, dedicado a la gota, escribió:
‘’Por la mayor parte viene la podagra y otros dolores de junturas en los príncipes y otros personas que viven en quietud y comen y beben demasiado’’, indicaba como una suposición este galeno, aunque en realidad escondía una velada acusación hacia el Emperador, ya que decía que la podagra estaba ‘’relacionada con el mucho coito’’.

Grabado del siglo XVI de la nobreza en las exequias del Emperador Carlos V
Bruno Alcaraz Másats