miércoles, 10 de noviembre de 2010

El sorbete en el Reino de Granada

El sorbete está muy extendido y es antecesor del helado, siendo el sorbete una bebida de amplio espectro en la mesa y se suele servir para tomar después de las comidas, dado su carácter digestivo, como refresco entre dos platos en una comida de cierta entidad, o como bebida entrante, con trozos de fruta, sobre todo si contiene una pequeña cantidad de alcohol.

El sorbete siempre se ha distinguido por ser una bebida exquisita, tomada en actos sociales relevantes como bodas y encuentros sociales, donde lo que debe primar son la elegancia y el buen gusto. Dado su atractivo carácter gastronómico y, sobre todo refrescante, el sorbete se convierte en una bebida ideal para el verano.
Orígenes

El sorbete, se cree que fue elaborado por primera vez por los chinos en el siglo XVII a. C., y fueron éstos quienes enseñaron a los persas las técnicas de elaboración y estas llegarían a los árabes, a través de La Ruta de la Seda, siendo los que lo dieron a conocer al mundo cristiano, introduciéndolo en Europa, a partir del siglo VIII.

Dos milenios antes de Cristo
 los chinos preparaban ya comidas en las que intervenía la nieve como ingrediente, y algunos antropólogos así lo afirman. 
El primer artilugio para fabricar helados se lo debemos a los chinos, a quienes Marco Polo vio prepararlos, y en 1241 llevó a Venecia una receta para hacerlos.

En fecha reciente, un equipo de arqueólogos de la provincia noroccidental china de Shaanxi descubrió un primitivo refrigerador de la época imperial Qin, que data de hace más de 2.000 años.


Los arqueólogos desenterraron el objeto a tres metros bajo tierra, en el interior de un pozo, aunque sospechan que la nevera se hallaba originalmente a mayor profundidad, en contacto con las aguas subterráneas de la zona.


Antiguamente, los chinos utilizaban estos recipientes de arcilla -conocidos en mandarín como "ling yin"- para conservar la comida fresca durante los días de intenso calor en verano y, según manuscritos de la época, podían mantenerla así hasta tres días y se utilizaba la nieve para refrescar bebidas con agua, miel y limón.

Existe cierta controversia acerca de su conocimiento en la antigua Europa y Egipto, ya que algunos historiadores mantienen que estos sorbetes ya eran conocidos por los egipcios y los romanos, antes de que Alejandro Magno los trajera de Oriente.

El uso de la nieve para enfriar la bebida ya se conocía en Mesopotamia, según un texto que se conserva en tablillas, donde se narra una fiesta celebrada hacia el año 870, antes de nuestra era, en la ciudad asiria de Kalhu (hoy conocida con el nombre de Nimrud, a 25 kilómetros al sur de Mosul, en Irak) para inaugurar los palacios suntuosamente reconstruidos, que es una descripción antigua que se conoce hoy como ''el banquete más antiguo del mundo''.

El rey Asurbasirpal II (883 – 859 a.C.), en el palacio de Tell Ariri, la antigua Mari, la floreciente metrópoli del Medio Eúfrates, servía en las mesas principescas vino que se bebía enfriado con hielo.



Pozos para guardar la nieve

En el reservado, nakkamtum, se ponía el vino y el hielo justo antes de las comidas. El hielo se recogía en invierno en las montañas del norte, y tal vez se aprovechara también la nieve endurecida en neveros, así como el granizo cuando una tormenta repentina se abatía sobre la región.

Entonces había que reservarlo, vigilarlo, reunir porteadores para recogerlo con urgencia y llevarlo hasta el lugar donde unos shaqû, “coperos”, se hacían cargo de él y lo guardaban en depósitos conocidos como ''Pozos de la nieve''. Todo este trabajo se tenía que hacer con rapidez y sin improvisar. En este ámbito, había especialistas que repartían las tareas, y el material de transporte – vasijas, odres o sacos – era resistente y adecuado.

A lo largo de la historia al sorbete se le han dado varios nombres.

La palabra sorbete viene del árabe (charab o sarap: bebida) y turco (chorbet)y que tienen un origen común en la voz árabe surba o charbat, de donde surgen sirope y sorbete, aunque sirope apareció en el siglo XII de la voz árabe Sirop, que declinó en el latín medieval a sirupus, llegada del árabe charab o sarap. Al pasar la palabra al italiano quedó como sorbetto, y al francés como sorbet. Los persas lo conocían como sharbets y es de ahí de donde se deriva el nombre que aparece en los textos de los siglos IX y X y que en al-Ándalus sería sherbets

En España el sorbete fue introducido por los árabes, especialmente en el Reino de Granada, donde se elaboraba con la nieve recogida en Sierra Nevada, y como antes en Mesopotamia, era transportada a la ciudad en las noches de primavera y verano y que se conservaba luego en cuevas o en huecos especiales llamados neveras. Al sorbete, por su característica de bebida fría, se le daba un alto valor medicinal para la regulación de la temperatura en el cuerpo. 

Granada fue tal vez la primera ciudad española
que utilizó nieve para disfrute gastronómico. Hay testimonios en el siglo XI de la existencia de “neveros”, que durante el verano subían con caballerías a las zonas más altas de la sierra a recoger nieve, que por la noche transportaban y vendían en la ciudad al amanecer para hacer refrescos. 

El oficio tuvo su auge a partir del siglo XVII y desaparecería en la primera mitad del siglo XX, con la instalación de las primeras fábricas de hielo y después con la llegada de los congeladores domésticos. No es un caso aislado, y soluciones semejantes existían en otras regiones próximas a montañas de nieves perpetuas. 


La existencia de “pozos de nieve”, donde esta se acumulaba mezclada con paja durante el invierno para mantenerla el mayor tiempo posible, cuenta con testimonios en la mayor parte de regiones españolas; incluso en Madrid, donde existía una "Puerta de los pozos de la nieve".


En el siglo XVII una arroba de nieve costaba en Granada 35 maravedíes, y se utilizaba tanto para preparar bebidas como para enfriar platos. 

Se usaba la nieve o el hielo picado para enfriar –y aligerar– bebidas como el hipocrás, un antecesor de la sangría realizado en España desde la Edad Media a base de vino añejo, con azúcar o miel, canela, clavo, jengibre y a veces otras especias, como nuez moscada, pimienta, ámbar o almizcle. Aunque se preparaba caliente, se filtraba a conciencia y se tomaba con hielo en verano.

Antonio Gala, en su obra  La Granada de los nazaríes (Editorial Planeta – 1992) escribe este texto:

Las bebidas más corrientes, aparte del vino, eran la leche, el agua aromatizada
con esencia de azahar o de rosa, el jugo de limón o de naranja, los jarabes
de membrillo, de granada o de manzana, el agua de cebada y la
horchata de chufas, que se bebía en las fiestas.

También el té caliente a la menta y el sorbete – sherbert – 
preparado con esencia de violeta, rosa o plátano y hielo
picado que se traía de Sierra Nevada y se conservaba 
en hondos agujeros cavados en la tierra.


El sorbete como precedente del helado

En su origen, el sorbete estaba compuesto de nieve con frutas heladas, miel y sustancias aromáticas y con el tiempo, se comenzó a elaborar con elementos como la leche, huevos, azúcar y aromas, lo que dio como resultado el helado de hoy en día.

En la corte del rey francés Luis XIV, hacia el año 1600, se presentó un helado de leche con esas características en la alta sociedad y ya en esa época se entabló la polémica sobre si el helado era bueno o no para la digestión. 

Alejandro Dumas, en su Dictionnaire de cuisine, cuenta que en la reunión que mantuvieron Francisco I de Francia, el emperador Carlos V y el Papa Pablo III en junio de 1538, para la firma de la tregua en Niza, se sirvió vino enfriado con hielo de las montañas vecinas y la historia refiere que
 Bárbara de Blomberg, la amante de Carlos V y madre de Don Juan de Austria, se deleitaba con truchas sobre una especie de granizada de leche.

La afición a las bebidas heladas corrió paralela en otros lugares de Europa, y se sabe que en Viena se puso de moda el café con hielo a mediados del XVII. 

 
En el
''Nuevo Arte de Cocina'' (1767), Juan Altamiras ya ofrece un capítulo de refrescos que requieren nieve: aguas de limón, de canela, “agua de aurora”, leche de almendras y leche helada.

En principio, el helado fue considerado un artículo de lujo servido en palacios donde sólo la nobleza y la corte podían consumirlo. Después las clases más pudientes tuvieron acceso a él, como un producto que pocos podían permitirse debido a la dificultad para conseguir nieve para su elaboración y posterior conservación.

Con la aparición de métodos más modernos y baratos de enfriamiento: desde la nieve conservada  en hielo en bloques, bajado de las montañas, que era su materia básica a la aplicación de la electricidad para la obtención de barras de hielo, y las primeras máquinas de helados, el helado se ha convertido en el postre más vendido del mundo y el granizado de hielo con aromas en la bebida más popular durante el verano, quedando el sorbete reservado, por su categoría, para determinados actos sociales.

Diferencia con el helado

El sorbete se diferencia del helado en que no contiene ni materia grasa, ni yemas de huevo. Algunos llevan claras de huevo montadas, pero los ingredientes básicos de un sorbete son un zumo o puré de frutas, al que posteriormente se le puede añadir otros ingredientes dependiendo de la imaginación y los deseos de experimentación de los cocineros.

Recetario del sorbete

Sorbete de Granada y Menta

El sorbete, además de ser muy digestivo, es una de las bebidas que se puede preparar con todo, y eso se explica con la gran variedad de recetas que se pueden elaborar con esta bebida como base principal.

La lista de recetas es muy larga, ya que en la cocina no existen normas. Éste se puede mezclar con champán, frambuesas, chocolate, kiwi, fresas, limón, coco, melón, con peras, con tequila, con macedonia, con aceitunas negras, etc., además de las frutas, se empleaban otros ingredientes como la canela, el anís, el hinojo verde y el clavo.

En la Granada nazarí, existía una receta de un sorbete elaborado con agua fría, miel, hierba luisa, menta y azúcar:


Agua fría - 1 litro
Hierba luisa - 1 manojo
Menta - 7 hojas frescas
Miel -
 150 gramos
Se disuelve en el agua el azúcar y se pone al fuego hasta hervir.
Añadir la hierba luisa y las hojas de menta y retirar del fuego.
Tapar, dejándola como infusión 15 minutos.
Pasado este tiempo, colar y verter sobre una jarra de barro con hielo .
Se deja enfriar y cuando se vaya a servir, se tritura el hielo.
Si se congela en un bloque, se puede raspar el hielo sobre copas.
Se sirve frío en copas esbeltas entre el primero y el segundo plato.

En un libro escrito en 1569,
‘’Tractado de la nieve y del uso della’’, se recogen usos de la nieve en Granada y en Sevilla:


Tractado De La Nieve Y Del Uso Della




Dedicatoria del Tractado de la nieve y del uso della

Dirigido al Muy Ilustre Señor don Hernando Enriquez.
Compuesto por Francisco Franco, médico del Serenísimo Rey de Portugal y Catedrático de prima en el Colegio Mayor de Santa María de Jesús y Universidad de Sevilla.

Con Privilegio Real.

Fue impreso en la muy noble y leal ciudad de Sevilla, en casa de Alonso de la Barrera impresor de libros.
Acabóse a catorce dias de Mayo Año de M. D. LXIX



Colofón del Tractado de la nieve y del uso della


FOLIOS IIII a / b

“...//... Grandes cosas son las que ha hecho e innovado el señor don Francisco de Castilla para la mejor gobernación de esta gran máquina de Sevilla y haber dado orden como se traiga nieve se puede contar entre ellas, porque para muchas enfermedades es necesaria la nieve, y para todos los sanos y bien dispuestos para enfriar su bebida ordinaria.

Es cosa extraña ver en Sevilla como se trata entre todas (las) personas de la nieve como cosa tan nueva para esta ciudad: porque los naturales no sólo no han gozado del beneficio de la nieve más ni la han visto.

Porque aquí en Sevilla no nieva aunque según se lee en los anales fue cosa de maravilla aquí en Sevilla, porque el año de mil cuatrocientos seis fue grande la copia de la nieve que cayó. Fue fruta muy nueva para Sevilla porque en semejantes regiones no suele engendrarse como luego diré.

Causa admiración traerse aquí desde Granada, qué sería si viesen nevar! Al fin de este tratado diré qué cosa es la nieve: y cómo se hace, y por qué en algunas regiones y no en otras, prosigamos ahora con las objeciones que se pueden hacer contra la nieve, y el uso de ella, y es que Avicena, en el segundo libro capítulo quinientos veintiocho dice que el agua de la nieve es mala para los viejos, y para aquellos en los cuales se engendran humores fríos, y que dañan a los nervios.

Claramente se ve en este lugar que no vitupera la bebida enfriada con nieve sino el agua de la misma, mas antes no vitupera el uso de ella pues dice que algunas veces quita el dolor de dientes. Y en Alcalá de Henares vi curar un gran dolor de cabeza con poner sobre el dolor un poco de nieve; más fuerza tiene lo que dice el mismo Avicena en la sentencia III del primero en el capítulo en que trata de la orden que se ha de tener con el agua, y con el vino ...//... "

La obra es de Francisco Franco, nacido en Xátiva hacia 1.515 en el seno de una familia judeo-conversa, que se graduó como bachiller en Artes en 1.533 en la Universidad de Valencia.

Cursó estudios de Medicina en la Universidad de Alcalá de Henares y entre 1.539 y 1.555 residió en Portugal ejerciendo como profesor de Botánica Médica en la Universidad de Coimbra y médico de cámara de Juan III.

Tras viajar por algunos años por Europa Central, regresaría antes de 1.560, instalándose en Sevilla, hasta su fallecimiento ocurrido en fechas posteriores a 1.569.

La obra de Francisco Franco es, por lo tanto, la primera publicada en España sobre la cuestión del uso de la nieve en Medicina, siendo además una de las primeras monografías europeas sobre este tema.

En 1.571 se publicaría en Sevilla la Segunda Parte del Libro de las Cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales, que sirven al uso de la Medicina... Llevaba añadido un libro de la nieve del sevillano Nicolás Monardes.

El mismo Nicolás Monardes amplia esta edición en 1.574 con un ‘’Tractado de la Nieve y del Bever frio’’, junto con la edición de otros libros, como:

‘’Primera Y Segunda y Tercera Partes de la Historia Medicinal de las Cosas que se traen de nuestras Indias Occidentales, que sirven en Medicina’’.
‘’Tractado de la Piedra de Bezaar y de la Yerva Escuerçonera’’.
‘’Dialogo de las Grandezas de Hierro, y de sus Virtudes Medicinales’’.

En 1572, el médico Francesc Micó, natural de Vich, publicaría en Barcelona un libro que se titulaba ‘’Alivio de los Sedientos’’. 

Bruno Alcaraz Masáts

lunes, 8 de noviembre de 2010

El Aljibe de la Lluvia


San Cecilio y su aljibe: El Aljibe de la Lluvia.
Es una simpática leyenda recogida en la obra Paseos por Granada o Descripción de sus Monumentos (1764) de Juan Echevarría. En lugar de la clásica división por capítulos prefiere hacerlo por paseos. La estructura interna de cada paseo ofrece la forma de diálogo entre un Forastero y un Granadino.
Pues bien en el Paseo IX se habla del llamado Aljibe de la Lluvia en el Cerro de Sta Elena (llano de la perdiz) . Se destacan sus rojizas aguas rojizas, el haber dado de beber a las tropas de Juan de Austria y su origen patronal:
"Forastero: Qué cosa tan estupenda! ¿Y se sabe la antigüedad de este estanque?
Granadino: Hay tradición, que le construyó nuestro primer Obispo Señor San Cecilio, en lo que entendidos los Moros, decían manaba por virtud de un Santo, que estaba en el Monte frontero sepultado obscureciéndoseles que el Monte Ilipulitano era elevado Mausoleo de nuestro Primer Pastor Granadino, y sus Compañeros, en cuyas cabernas se hallaron en 1595 sus sagrados huesos y cenizas".
Texto prologado por el Padre David Cuerva, Canónigo del Sacromonte y Sacerdote en Viznar.

La primera referencia encontrada sobre el aljibe de la Lluvia aparece en un texto publicado en la gaceta del Liceo Artístico y Literario de Madrid en 1905, en el que se recoge un texto del siglo X:

''Un historiador andalusí, Ibn Asim, de finales del siglo X d. C./IV de la Hégira, y contemporáneo de Almanzor, en cuyo honor escribe al-Ma´atir al-camiriyya (Gestas amiríes), que sólo ha llegado a nosotros a través de referencias, nos dejó escrito un testimonio sobre el uso como zona de descanso que la realeza nazarí daba a esta zona alta del Generalife, y que, al parecer, llegaba hasta el aljibe de la Lluvia:

‘’El final de este paseo conduce a unas fuentes y un aljibe;
en uno de cuyos lados hay una gran plataforma de
moderada altura y de cómodos escalones,
y con el propósito de que sean accesibles’’.


El aljibe de la Lluvia, enclavado en el Parque Periurbano Dehesa del Generalife, donde figuran  otros  espacios arqueológicos, se halla situado al Sudeste del Palacio del Dar al-Arusa, en la Dehesa del Generalife, en el camino que conduce a las dotaciones deportivas se encuentran en el denominado Parque de Invierno o Llano de la Perdiz y que se inicia en las proximidades del Cementerio y el Tanatorio de la ciudad, en el camino rural que conduce al Patio Musulmán de este Cementerio Municipal de San José.

Esta Dehesa del Generalife fue declarada Parque Periurbano en 1995 y tiene una superficie de 450 hectáreas que rodean al Conjunto Monumental de la Alhambra, quedando incluidas en el inventario de espacios naturales protegidos de Andalucía.  

El Parque Periurbano Dehesa del Generalife no sólo cobija un importante y amplio patrimonio natural, sino que además en él residen importantes elementos de la historia granadina de la época nazarí como las ruinas del Palacio de Dar al Arusa, un palacio de recreo llamado Casa de la Esposa o de la Novia y hacia el sur se encuentra el Aljibe de la Lluvia, una cisterna de la época nazarí y se halla otro aljibe llamado el Albercón del Negro.

Planta del aljibe de la Lluvia donde se observan las dos antiguas entradas
de agua, la nueva entrada de agua y el rebosadero y el acceso al interior.


El aljibe de la Lluvia (situado en la cota 930) es de planta cuadrada (7’7 m. de lado) fue construido de ladrillo y argamasa, tiene 3 de 2'20 m. de ancho con bóvedas de cañón apuntado y de rincón de claustro en los ángulos, que enmarcan un espacio central cubierto por una bóveda baída en la que existe un receptáculo central por donde penetraba el agua y tenía dos antiguas entradas de agua en el muro opuesto a una de las dos puertas de entrada de acceso al aljibe, que posteriormente fueron sustituidas por otra entrada cercana, más amplia, que aun conserva y un rebosadero en el muro Noroeste. La segunda puerta que figura en el grabado de Georgius Hoefnagle, desapareció con posterioridad.
Sección A -B
Sección C - D

De sus usos se sabe que "era una de las muchas de las obras de ingeniería hidráulica que llevaban agua a los palacetes nazaríes están en pie", así el Aljibe de las Lluvias recogía las aguas de escorrentía, procedentes de la lluvia y, por su su situación en una cota alta, le permitía enviar sus aguas a otras zonas de demanda, entre ellas el Generalife y la Alhambra.
Amoenissimus castri granatensis, vulgo Alhambre dicti, ab oriente prospectus

Grabado de 1575 de Georgius Hoenfnagle

Su sistema de llenado es del tipo de
''compluvium romano'', que recogía el agua de la lluvia por una apertura en el techo, como se observa en el grabado "Amoenissimus castri granatensis, vulgo Alhambre dicti, ab oriente prospectus" (que inserta una vista de la Alhambra desde el Oeste y tres imágenes pequeñas de la Puerta de Siete Suelos, las Mazmorras del Campo de los Mártires y el Aljibe de la Lluvia, con cartela explicativa)

  

Detalle de la imagen derecha donde se observa el ''Algibe''
y las dos puertas laterales que poseía antiguamente

Es un grabado calcográfico en blanco y negro, en papel de 360 x 470 mm en hoja de 420 x 540 mm, de Effigiabat Georgius Huefnaglius (dibujo de Hoefnagle /Hoefnagel). Pertenece a la obra de Georgius Bruin et Franciscus Hogenbergius: "Civitates Orbis Terrarum", Colonia, 1572-1618.

Este dibujo está en el 5º tomo (1598), con descripción impresa de la ciudad en el reverso.

En la actualidad, el Aljibe de las Lluvias, como también se le llama en Granada, sigue en funcionamiento y su reserva de agua se ha empleado en ocasiones de emergencia (incendios forestales) y es un área de recreo donde se dan cita los senderistas para emprender las diversas rutas que desde allí se pueden iniciar.


Bruno Alcaraz Masáts

martes, 28 de septiembre de 2010

La Cúpula de la Torre de las Damas
del Museo de Pérgamo


La Cúpula de la torre de las Damas, expuesta en el Museo de Pérgamo

 El Museo de Pérgamo o Pergamonmuseum fue construido en Berlín entre 1910 y 1930 bajo la supervisión de Ludwig Hoffmann, de acuerdo a los diseños de Alfred Messel y hoy alberga tres museos diferentes:  

*el Antikensammlung (Colección de Antigüedades), ocupando las salas de la arquitectura y el ala de la escultura.
*el Museo Vorderasiatisches (Museo del Antiguo Oriente Próximo)
*el Museum für Islamische Kunst (Museo de Arte Islámico)

El Museo de Arte Islámico, situado en el ala sur, acoge una exposición permanente dedicada al arte de los pueblos islámicos entre los siglos VIII al XIX, y estas obras de arte vienen de la vasta zona que se extiende desde España hasta la India, siendo su eje principal la colección en torno al Oriente Medio, con predominio de Egipto e Irán.

Las decoraciones arquitectónicas representan uno de los principales lugares de interés, transmitiendo también los conceptos típicos del espacio y de los ambientes en los diversos tipos de construcción y decoración:

* Estucos (los hallazgos arqueológicos de Samarra)
* Paneles de madera pintada (habitaciones de Alepo)
* Cerámica de la pared en varias técnicas (nichos de oración de Kashan y Konya)
* La piedra (la fachada de Mshatta)

Entre las artes aplicadas se incluyen obras en todos los materiales posibles:

Alfombras y tejidos, vasijas de cerámica y orfebrería, tallas en madera y hueso y vasos.

Dentro del área de libros y escritos antiguos, están allí recogidas las obras caligráficas y miniaturas de los álbumes de voces Mogul, que son de particular importancia histórica.

En este Museo de Arte Islámico de Berlín se conserva la llamada Cúpula de la Alhambra (N.º de inventario: I. 5/78) que formaba parte de la torre de las Damas del palacio del Partal, en la Alhambra, hasta 1891.

En 1885, Arthur von Gwinner, su propietario original, adquirió una parcela de tierra en la zona de la Alhambra que incluía edificios, calles y jardines.

En 1891 donó el palacio del Partal a la ciudad de Granada, pero, a cambio, se le permitió desmontar la cúpula de madera de la torre de las Damas y trasladarla a Berlín, donde volvió a montarla en su residencia berlinesa en 1892.

En 1921 donó todas sus propiedades al gobierno español, excepto la cúpula de la torre de las Damas.


Postal del palacio del Partal, posterior a 1924-1925,
cuando se termina la consolidación del pórtico
 por Leopoldo Torres Balbás, según me informó
el profesor y arabista Carlos Vilchez Vilchez.

La Cúpula de la Alhambra es una techumbre de madera que está formada por piezas de maderas de cedro y álamo unidas, donde algunas secciones están pintadas en rojo, azul y verde y cuyas dimensiones son 190 cms de alto, 355 cms de ancho y 355 cms de fondo.

Está datada en el año 719 de la Hégira / 1320 d. C., en el periodo correspondiente a la dinastía nazarí, conocida como la Torre de Isma´il, al referirse diversos historiadores a ella como la torre que Ibn al-Jatib cita como la torre que construyera Muhammad V para su hermano Isma´il.

Esta torre de las Damas fue denominada, con posterioridad, desde el siglo XVIII, como la torre del Principe, por haber habitado en ella Fernando VI siendo Príncipe de Asturias, durante la visita que su padre, Felipe V, realizó a Granada.


La ''Casa de Sánchez'' en el año 1834, según Lewis

Durante el periodo de abandono de la Alhambra, entre los siglos XVIII y XIX, se la denominaría la ‘’Casa de Sánchez’’, siendo tapiada para ser transformada en una vivienda con bajo, un piso interno superior y la torre de las Damas, el único palomar que se conserva en la Alhambra.

En la ficha técnica que describe la historia de la Cúpula de la Alhambra y su adquisición por el Museo de Pérgamo, se indica: 

Descripción:


Cúpula decorada con un elaborado trabajo de estuco, que originalmente formaba parte de la torre de las Damas del palacio del Partal. Desde las ventanas de esta torre se tienen vistas de la ciudad de Granada y del complejo palatino, incluyendo partes desparecidas en la actualidad y construidas por el gobernante nazarí Muhammad III (r. 701–708 / 1302–1308). El lema de los gobernantes nazaríes, “No hay más vencedor que Dios”, tiene un lugar destacado.

La cúpula arranca de un cuadrado que se convierte luego en un octógono y luego en un polígono de 16 lados que sustenta otros tantos paños trapezoidales de la cubierta. Cada ángulo del cuadrado está decorado con un triángulo que tiene una cúpula en miniatura en el centro y lacería complementada con motivos vegetales alrededor. Por su parte, los lados con pequeños arcos que forman el octógono están decorados con inscripciones cúficas simétricas sobre un fondo rojo, en el que también se aprecian piñas, pequeñas conchas y arabescos. 

El lema nazarí se repite, bajo arcos de mocárabes, en cada uno de los 16 lados en que se subdivide el octógono. Finalmente, los 16 paños trapezoidales presentan una característica lacería tallada; pequeños polígonos y estrellas repiten el lema nazarí también aquí. La cúpula está rematada con un tablero horizontal de 16 lados decorado asimismo con lacería tallada.

Lo interesante de la decoración radica en el contraste entre la sobriedad de las secciones con lacería plana y el relieve prominente de otras. Este tipo de techumbres de madera son una particularidad del Occidente islámico, y son incontables los ejemplos no sólo en la Alhambra, sino también en el norte de África y en otros lugares de la Península Ibérica.

Lugar de producción/procedencia/adquisición:

Forma de ingreso en el museo:

Adquirida en 1978 a los descendientes de Arthur von Gwinner.

Esta cúpula procede con toda seguridad del palacio del Partal del complejo de la Alhambra, construido en tiempos de Muhammad III (r. 701–708 / 1302–1308), lo cual proporciona su cronología.

Forma de determinar su lugar de producción/procedencia:

La amplia documentación histórica del expediente Cúpula de la Alhambra, que se puede consultar en el archivo central del Museo de Pérgamo, demuestra que esta cúpula procede del palacio del Partal de la Alhambra, lugar desde el que fue trasladada a Berlín en 1892.

Bruno Alcaraz Masáts

sábado, 4 de septiembre de 2010

La ''Historia de Granada'' empieza cuando Tubal, hijo de Jafet y nieto de Noé...

Monte Ararat, en Turquia, donde la leyenda dice que se posó el Arca de Noé

El origen de la ciudad de Granada parece misterioso. Muchos de sus rincones están envueltos en leyendas y fábulas que la han convertido en una ciudad mágica. Se han elaborado las teorías más increíbles, desde remontar su creación al bíblico Noé y a su nieto Tubal hijo de Jafet, pasando por Hércules y otros personajes mitológicos, hasta distintas civilizaciones mediterráneas de la antigüedad que arribaban a nuestras costas.


Lo más cierto parece ser que los orígenes de Granada se remontan a la tribu ibérica de los túrdulos, una de las más civilizadas entre las primeras pobladoras de la Península. Se dice que esta tribu fundó el primer emplazamiento de lo que sería nuestra ciudad con el nombre de Ihverir.


La Historia de “La tierra y provincia de España” que recoge el padre Juan de Mariana aúna las dos tradiciones que forman nuestra cultura occidental, la judeocristiana y la grecolatina y a través de ellas no pocos elementos más orientales.

Grabado que representa la construcción de la torre de Babel

Así, la historia empieza por Tubal, nieto de Noe, y quinto hijo de Jafet, que en el año 131 después del Diluvio y tras el fracaso en la construcción de la torre de Babel, fue enviado a lo postrero de las tierras donde el sol se pone a repoblarla, y donde gobernaría un imperio con justicia y templanza durante largos años fundando en su avance unas ciudades: Setubal, Tafalla, Tudela, Tarragona o Sagunto y del reino de Iberia, a medida que la dinastía que había fundado Túbal -Idumea, Brigo, Tago, Beto, Turdetano, Deabo, Gerión...- se iba alejando del modelo de rey justo y prudente acuñado por Túbal y su hijo Íbero, de tal manera que, bajo el reinado de Gerión, puede decirse que la tiranía se había instalado en Iberia y los súbditos de aquel rey sufrían sus extorsiones y arbitrariedades.

Tubal o תובל תבל (tu'bal), en aparece en El Génesis 10 ("Tabla de las Naciones"), y era el nombre de un hijo de Jafet, hijo de Noé.

Muchos autores, siguiendo al historiador judío Flavio Josefo (siglo I d.C.), relacionan el nombre de Tubal con Iber, aunque otros lo relacionan con Iber, hijo de Tubal.

En cuanto a la cuestión de la afinidad étnica de la población de Tubal, Josefo escribió:

"Tubal dio lugar a la Thobeles, que ahora se llaman Iberes".



Primera cartografía: El mundo babilónico, talla de 15'5 x 8 cmts

Esta versión fue repetida por el Patriarca Eustaquio de Antioquia, así como por el obispo Teodoreto, y otros. Sin embargo, para san Jerónimo, san Isidoro de Sevilla, y el historiador galés Nennius, dicha nominación procede de otra tradición que indica que fue un ancestro de Tubal, no sólo para los íberos, pero también significaba ‘’ los italianos’' y ‘'españoles', que fueron llamados también Iberos.

Una tradición divergente registrada por Hipólito de Roma indica a los descendientes de Tubal como " Hettali".

Íberos fueron también denominados los habitantes de la zona del Cáucaso, los antepasados de los georgianos.

Algunos historiadores georgianos también afirman ser descendientes de Tubal, Togarma y Mesec; un historiador georgiano, Ivane Javakhishvili, considera que Tabal, Tubal , Jabal y Jubal eran antiguas denominaciones tribales de Georgia.

Tabal fue la post-hitita Luvita, estado en Asia Menor durante el Primero milenio antes de Cristo, y frecuentemente está asociado con Tubal (similar a sus vecinos, los Mushki, tradicionalmente asociados con Mesec).


Cartografia del mundo conocido, anterior al descubrimiento de América


Algunos historiadores asocian Tabal y Tubal con la tribu en la costa del Mar Negro más tarde conocida por los griegos como Tibareni, aunque esta identificación es incierta. El Tibareni y otras tribus relacionadas, la Chalybes (Khalib/Jaldi) y el Mossynoeci (Mossynoikoi en griego), se consideran a veces los fundadores de metalurgia.

De acuerdo con una leyenda catalana, Tubal, hijo de Jafet, se dice que salió de Jaffa con su familia y llegó al río Francolí, en España en 2157 antes de Cristo, donde fundó una ciudad con el nombre de su primer hijo Tarraho, ahora Tarragona.

Luego prosiguió en su avance hasta el río Ebro (que recibiría el nombre de su segundo hijo Iber), donde construyó varios asentamientos más, incluyendo Amposta. El nombre de su tercer hijo se da como Semptofail.

En la tradición histórica de la zona, transmitida oralmente, se decía que Noé los visitó aquí unos 100 años más tarde.

Tubal se dice que reinó durante 155 años, hasta que murió mientras se preparaba para colonizar Mauritania y fue sucedido por Iber.

Otras tradiciones hacen que Tubal, hijo de Jafet, quien a menudo es confundido con Tubal-Caín hijo de Lamec, y que es una figura anterior al Diluvio, llegó a ser el fundador de Ravenna en Italia, Setúbal en Portugal, y Toledo y muchos lugares de España.

La primera fuente de la mayoría de estas leyendas parece haber sido el Pseudo- Beroso, publicado por Annio de Viterbo en 1498, ahora ampliamente considerado como una falsificación.

Intelectuales vascos como Poza (siglo XVI) indicaron a Tubal como el ancestro de los vascos y, por extensión, los Iberos. El autor vasco-francés Augustin Chaho (siglo XIX), publicaba ‘’La leyenda de Aitor’’, afirmando que el patriarca común de los vascos fue Aitor, un descendiente de Tubal.

Sobre los hijos de Tubal se dan diferentes nombres en las fuentes rabínicas.

En Filón (escrito hacia el año 70 d.C.), los nombres de su hijo Phanatonova y Eteva, y se les dio la tierra de " Pheed".

Cuando más tarde, en época medieval, se escriben las ‘’Crónicas de Jerameel’’ daba los nombres de estos hijos "como Fantonya y Atipa, y dice que sometió "Pahat"; en otros lugares estas crónicas incluyen la información derivada de Jerónimo, la identificación de los descendientes de Tubal con Iberia e Hispania .

En un tercer lugar, las ‘’Crónicas de Jerameel’’ reproducían una leyenda más detallada tomada de la anterior Yosippon (c. 950):

los descendientes de Tubal, dice, acamparon en Toscana y construyeron una ciudad que se llamaría "Sabino", mientras que el Kittim construido "Posomanga" en la vecina Campania, con el río Tíber como la frontera entre los dos pueblos.

Sin embargo, pronto se fue a la guerra después de la violación de las Sabinas por el Kittim.

Esta guerra se terminó cuando el Quitim mostraron los descendientes de Tubal su progenie mútuo.

Una versión más breve y confusa de la historia de Yosippon, también se encuentra en el ‘’Último Libro de Jaser’’, perdido en 1625 a.C., donde además de los nombres de Tubal aparecen los de sus hijos como Ariphi, Kesed y Taari.

El diccionario árabe Taj al-Arus, escrito por al- Zubaidi (1790 d.C.) señala que, aunque algunos autores islámicos indican que a los Jázaros como descendientes del hijo de Jafet Khasheh (Mesec), hay otros autores que mantienen que tanto los jázaros como Saqaliba (eslavos) proceden más bien de su hermano, Tubal.


Esta relación de los Reyes Fabulosos de España, con los años de inicio de su reinado (antes de Cristo), según Florián de Ocampo que lo toma de Viterbo:

1º. Tubal. 2163

2º. Íbero, 2006

3º. Idúbeda, 1972

4º. Brigo, 1905

5º. Tago, 1854

6º. Beto Turdetano, 1824

7º. Gerión (Deabo), 1793

8º. Los tres hijos de Gerión (Los Geriones), 1758

9º. Híspalo, 1716

10º. Hispán, 1699

11º. Hércules Egipciano (Orón Libio, hijo de Osiris), 1678

12º. Espero, 1648

13º. Atlante Italo, 1637

14º. Sicoro, 1627

15º. Sicano, 1581

16º. Siceleo, 1549

17º. Luso, 1505

18º. Sículo, 1474

19º. Testa Tritón, 1412

20º. Romo, 1339

21º. Hércules Tebano, 1325

22º. Palatuo, 1306-1280 y 1248-1246

23º. Licinio Caco, 1280-1248

24º. Eritreo, 1246

25º. Gárgoris, 1170

26º. Habis (o Habidis), 1105-1071


Bruno Alcaraz Masáts